El Día que Llovieron Armas en la Selva Colombiana

Gustavo Adolfo Muñoz

Gustavo Muñoz
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Gustavo Muñoz

Las FARC, nunca nos dijeron la verdad sobre la entrega de sus armas.

Hoy en día, vemos como los grupos narco terroristas que estúpidamente, la prensa, la ONU y los Políticos afines a las causas del Comunismo y del Narcotráfico, llaman disidentes, se campean por nuestra geografía luciendo su armamento; armamento que jamás entregaron, armamento que dejaron hábilmente escondido en caletas en diferentes partes de nuestro territorio, mientras se desarrollaba la patraña de los acuerdos de paz, que una vez finalizaron, incluso algunos días antes, ya había varios de los Cabecillas enmontados y armados con su guerrillerada (Como les dicen ellos, a sus hombres).

Solamente en mentes muy estrechas, les cabe la certeza de que las FARC, entregaron sus armas de verdad, las modernas, las que servían; ellos incluso mientras dialogaban en la Habana, compraban o cambiaban por droga, modernos fusiles de asalto; es que Cuba, Venezuela, Irán, La China y Rusia, no iban ni van a perder la joya de la corona Comunista en Latino América que tantos años de lucha y de dinero les ha costado. El plan, jubilar Cabecillas ancianos que ya ni podían caminar en la selva y darle paso a una nueva generación de terroristas; por el otro lado, esos cabecillas decrépitos, llevarlos legalmente con los acuerdos a hacer Política para asi desde la legalidad, torpedear la Democracia, la institucionalidad y el Estado de Derecho.

 

El 28 de Junio de 2.017, las FARC supuestamente se desarman ante el mundo, al entregar 7.132 armas.

No me voy a referir a las más de 2.000 armas robadas en las tomas de la ciudad de Mitú o la toma del cerro Tokio de la Infantería de Marina o la de Patascoy; como tampoco a las 900 caletas que ellos dicen tener y que hasta la fecha hayan entregado, por lo menos nuestras FFMM no lo han anunciado.

Desde un gigantesco avión Ilushin 76 se lanzaron un cargamento de fusiles para las Farc en cajas suspendidas con paracaídas.

Hoy solamente me voy a referir a los 10.000 fusiles que llegaron a manos de las FARC, en las madrugadas de los meses de marzo, julio y agosto de 1999. Esas madrugadas literalmente llovieron de cielo sobre la selva amazónica colombiana, esos 10.000 fusiles; como protagonistas están Vladimir Ilich Montesinos, ex jefe de inteligencia del gobierno del Perú, y colaborador principal de la CIA y el señor Sarkis Soghanalian, funcionario de la CIA.

Según los documentos oficiales que soportan el juicio, el caso de los 10 mil Fusiles Kaláshnikov (AK 47) por los cuales las Farc le pagaron unos 15 millones de dólares, es un episodio absolutamente coherente dentro de los parámetros de las estrategias de guerra:

La historia de estas armas comenzó cuando terminó la guerra entre Perú y Ecuador, ideada por Montesinos para promover la segunda reelección de Fujimori como presidente de la República.

La CIA le había anunciado que en Washington se gestaba algo llamado Plan Colombia y su inmensa ventaja era que él podía trabajar a ambos lados del muro desde cuándo se convirtió en el enlace oficial del Perú con todos los organismos de inteligencia con los cuales tiene relaciones nuestro Estado.

 

El futuro Plan Colombia comenzó a significarle a él un verdadero supermercado, una industria, una lotería. ¿Por qué? Los mejores negocios del mundo se hacen en una nación en guerra. En una Colombia llena de coca, de dólares, de armas, de angustias, de refugiados, sobre todo teniendo una frontera tan amplia y tan clandestina con el Peru como es la selva del Amazonas. Allí fue donde Montesinos ideo el campo para hacer negocios hermosísimos. En nuestra frontera del Río Putumayo pudo negociar misiles, piezas de artillería, combustible, comida, medicamentos.

El Perú de Montesinos estimulo el conflicto.

Alguna vez dijo:

 “QUE ESOS COLOMBIANOS HIJOS DE PUTA SE MATEN ENTRE ELLOS.

NOSOTROS SEREMOS LOS GANADORES”.

 

Durante la guerra con el Perú, porque así lo desea el Fujimori, presidente; Montesinos se había gastado cuatro mil millones de dólares en un arsenal en Singapur, Israel, Cuba, Italia, Rusia, Ucrania, Bielorrusia donde adquirió como si fueran nuevos 25 obsoletos aviones de combate Mig 29 y se hinchó los bolsillos de dinero.

 

Una investigación realizada por el Congreso peruano, sostiene que, Utilizando al Servicio de Inteligencia Nacional, una entidad en la cual parecía el jefe sin ser el jefe, Montesinos comenzó a hacer operaciones de triangulación para adquirir armas en diversos sitios y halló que estando en el poder, ese era un negocio fabuloso. Es tan fácil, decía: Basta con falsificar un certificado de destino final…. Cualquiera puede firmarlo.

 

En aquel momento la desesperación del gobierno de Fujimori era adquirir lo que fuera y donde fuera y Montesinos hizo compras sin licitación ni supervisión de alguien.

 

Como abrebocas del plan, Montesinos logró que el Ejército movilizara dos batallones al río Putumayo, arropado por una gran operación psicosocial en los medios de prensa para vender mejor su proyecto. En su libreto diseñó un plan para invadir a Colombia.

Uno de sus malabares consistió en entregarle varios papeles a su amante, la presentadora de televisión Laura Bozzo, en la cual resumía su propia estrategia.

Ella en su programa morboso de parejas infieles que se parten la cara frente a las cámaras de televisión, se apartó del espectáculo por unos minutos y disparó una exposición de Estado Mayor. En un programa de hombres y mujeres que se azotan y amantes que confiesan sus traiciones, esta mujer hablaba de táctica, de penetración, de grupos de avanzada. Según ella, se trataba de una operación armada muy rápida que eliminaría los puestos de descanso y abastecimiento de la guerrilla colombiana y sellaría para siempre la frontera.

 

Pero la movilización del Ejército fue una operación simplemente política revitalizando a Fujimori para la tercera elección y para presionar a la guerrilla colombiana a que comprara material de guerra: `Es una obligación quedarnos con parte de los 1500 millones de dólares que le deja al año el narcotráfico a esos terroristas, decía Montesinos, agrega el documento del Congreso.

 

Una vez embarcado en la empresa, el argumento de Montesinos fue sencillo: el Perú necesita enriquecer su arsenal, pero no puede comprar armamento: se encuentra en un proceso de pacificación con Ecuador y sobre los dos países pesa un embargo en ese sentido. Por lo tanto, el gran pretexto para enmascarar la operación es hablar de un negocio silencioso entre dos Estados.

 

De acuerdo con la investigación del congreso peruano, para la operación se recurrió al rey Jussein de Jordania, un viejo colaborador de la CIA, descrito en el mismo sentido en Las guerras Secretas de la CIA, Bob Woodward, 1988.

 

El hombre de confianza del Rey en esta clase de negocios era Sarkis Soghanalian. Sarkis fue conectado con Montesinos.

 

Bielorrusia, una republiqueta que se muere de hambre y busca divisas a como dé lugar, se prestó al negocio. Las armas significaban una buena oportunidad en su pobreza y despachó aquellos fusiles, defectuosos como los MIG 29. Pero éstos solo llegaron hasta el aeropuerto de Amman gracias al beneplácito del Estado jordano, con el fin de cumplir con la triangulación de países, regla de oro en el tráfico ilegal.

 

Como comprador actuó Sarkis Soghanalian, quien les planteó inicialmente a los bielorrusos la adquisición de 60 mil fusiles, de los cuales tomaría inicialmente 10 mil. Según lo ha declarado él mismo, Montesinos también quería comprar misiles rusos Strella SAM 7, que presentarían como más poderosos a los insurgentes Colombianos.