El eterno negativo

Fabian Mendoza A.

El eterno negativo

@fabianmendoza

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La pregunta más incómoda que le pueden hacer Gustavo Petro no es si cree que Maduro es un dictador, para Petro la pregunta más difícil de responder es: ¿Por qué no sonríe?

Luego del 17 de junio, fecha en la que Iván Duque logró ganar en segunda vuelta la presidencia de Colombia (habiendo ganado absolutamente todos los procesos consultivos a los que fue sometido en urnas), todos creíamos que sería el fin de una dura campaña como no se había visto en la historia del país.

Los ataques bajos y ruines que protagonizaron la conversación en redes fueron el pan de cada día. Tristemente, lo más deplorable no eran esos ataques provenientes de personajes desconocidos en redes sociales; perfiles que, escudándose en el anonimato, lanzaban los más desesperados y a la vez ofensivos ataques en contra del candidato contrario a sus afectos.

Aún con este ambiente tan denso, lo mínimo que se esperaba de los candidatos era tener la altura de la dignidad a la cual estaban aspirando. Lo mínimo era que, como líderes de una campaña, una ideología o una visión de país, dieran ejemplo de reconciliación y manejaran un discurso que al menos no usara los ataques personales como estrategia para imponerse.

Pero Gustavo Petro era un candidato “especial”. Un candidato que jamás habló de reconciliar el país. Sus publicaciones en redes eran básicamente algo como: «tú eliges si votas por el traqueto del pueblo o votas por mí, que represento las ciudadanías libres».

Eso era lo más cercano que podíamos ver a lo que se podría definir como un trino positivo por parte del candidato. Al parecer representaba un gran esfuerzo para el afortunadamente futuro senador, ver el lado bueno de las cosas y cuando lo hacía no podía dejar de hurgar alguna herida lanzando cualquier tipo pulla.

Esa estrategia fue la culpable de polarizar al país de la forma en la que lo hizo esta campaña presidencial.

Pero como lo hemos dicho, los ataques venían de todos los lados, sin embargo, el único candidato que nunca se detuvo a reflexionar sobre tener un comportamiento mesurado fue Gustavo Petro.

Video montajes, afirmaciones calumniosas, comentarios ponzoñosos, publicaciones excluyentes y estigmatizantes, fueron el diario vivir para Gustavo Petro y su time line en campaña por la presidencia.

La arrogancia fue su soporte y su alimento todo el tiempo, tanto que lo siguiente que atinó a escribir luego de la victoria contundente de Duque, fue “¿Cuál derrota? En una rara exégesis no de Moisés sino de Maturana, básicamente usó el “perder es ganar un poco”, pero le extrajo la humildad, reflexión y aprendizaje que siempre ha llevado esa frase y le llenó los espacios que quedaron solo con el orgullo, que es el único sentimiento, aparte del odio, que suele mover los pensamientos y motivaciones del ahora autoproclamado líder absoluto de la oposición y la izquierda colombiana. Ese odio puede ser un principio de algo más; puede ser un factor de otro mal más incapacitante en el sentido de no permitirle entender mejor su entorno y discernir mejor sus decisiones.

En una rara exégesis no de Moisés sino de Maturana, (Petro) básicamente usó el “perder es ganar un poco”, pero le extrajo la humildad, reflexión y aprendizaje que siempre ha llevado esa frase Clic para tuitear

Realmente el caso de Petro es algo que debería recibir la atención de profesionales en psicología. Sería bueno que algún psiquiatra determinara si el señor Gustavo Petro sufre de Distimia, que palabras más, palabras menos es la hermana menor del trastorno depresivo mayor.

En comparación con este último, los episodios depresivos mayores del trastorno distímico son más espaciados, menos intensos pero más persistentes.

Parte de los síntomas de la distimia pasan por un estado de ánimo con cambios drásticos de humor, baja autoestima, dificultad para concentrarse, tomar decisiones y sentimientos de desesperanza entre otros.

Se cree que su origen es de tipo genético-hereditario y que en su desarrollo influyen factores psicosociales como el desarraigo o la falta de estímulos y premios en la infancia, entre otras causas.

Esto lo que demuestra es que es una condición determinada por las experiencias y no exclusivamente algún fallo en los componentes químicos del cerebro. Alguien con una infancia de tales características sería un candidato ideal para tomar las erradas decisiones que Petro tomó en su adolescencia y juventud y de adulto, profundizar un cuadro similar al que se presenta con la distimia.

Ahora, tal vez el señor Petro no sufra de nada, y simplemente solo sea el típico amargado al que le cuesta si quiera sonreír, así como atinó Eva Rey a cuestionarle en esa entrevista que le hizo para su programa “Sin Evasivas” y a la que básicamente tuvo que rogarle para que le aceptara. Tal vez Petro no tiene nada, pero lo que sí se debería validar es que tanto puede influir una persona que padezca una enfermedad de estas características o simplemente refleje una actitud tan pesimista, con su entorno inmediato, y estando todos como estamos en la era de las redes sociales, que tanto puede influir un líder negativo o de pensamientos tan deprimentes, en los millones que lo siguen.

Aún recuerdo algo que me dejó de alguna forma preocupado en su momento y fue cuando en el plebiscito, un buen número de personas que habían votado por el SÍ ese octubre de 2016, luego del resultado en el que fueron derrotados en urnas, cambiaban las fotos de sus perfiles en redes sociales por un cuadro negro. Vi varios conocidos que lo hicieron, pero fue un fenómeno de cierta forma masivo que se pudo percibir en términos generales en las redes por esos días. Entendiendo “el duelo”, tratando de ser comprensivo con esa actitud, diría que ese cuadro negro no podría o no debería mantenerse más allá de una semana y tendría que ser cambiado, nuevamente por otra imagen de perfil, que invite a mirar el futuro con positivismo o al menos cambiar la imagen por cualquier otra cosa que muestre que se pasa la página de algo que pudo afectar considerablemente y que se espera al menos a título personal un cambio de actitud, una recarga de buena vibra y de ganas de vivir y una intención de cambiar las cosas que están mal, así sea solo tratándose del entorno particular.

Lo que más me sorprende de eso es que aún veo en redes sociales de vez en cuando alguien con ese cuadro negro como su foto de perfil, casi 2 años después. Aún veo personas que conozco en redes conservando ese cuadro negro. Las razones pueden pasar por el simple hecho de olvidarse de cambiarlo, pero personalmente no deja de desconcertarme.

Ese tipo de personalidades parece que pueden ser susceptibles a una manipulación de alguien que ostente una imagen de liderazgo para ellos, más aún si ese liderazgo tiene una tendencia negativa con la que coinciden y lo que hace es estimularles sus miedos y rencores, disfrazándolos o matizándolos con esporádicos visos de esperanza.

Pero parece que Petro no ha entendido que esa actitud fue la que lo derrotó en las urnas, porque si bien logró convencer a 8 millones de incautos, lo derrotó abrumadoramente (las cifras son contundentes e históricas) el discurso de la esperanza y el positivismo. Es claro que hoy en Colombia hay más personas hastiadas del odio y que ese mensaje de rencor está mandado a recoger.

Pero igual, Petro insiste: el pasado 3 de julio, horas antes del partido de nuestra selección en el mundial de Rusia 2018 ante Inglaterra, escribió:

“A ganar. Adelante Colombia sin masacres”

No necesito trascribir el mensaje del presidente electo Iván Duque en referencia al partido, porque para todos es claro que fue algo totalmente distinto, que no mezcló las cosas y que no trasmitió una extraña esperanza mezclada con tragedia, sino que fue totalmente enfático en ponderar un mensaje de ánimo y positivismo. Ese fue el tono de sus trinos en campaña y como sabe que fue parte importante de su éxito, fundamentalmente no lo va a cambiar.

Por supuesto, no faltaron los incoherentes de siempre acusando a Duque de “salar” el partido que lamentablemente perdió nuestra selección, tanto antes, como después de haberse jugado. Pero viendo el tono de los mensajes de Petro y Duque, si se quisiera darle “cuerda” a esa ridícula necedad, ¿quién habría hecho un mensaje más perturbador como para llegar bajarle el ánimo a nuestro equipo y salarlo?

No se trata de desconocer las cosas por las que hemos sufrido por décadas y que incluso en la llamada Paz de Santos no dejamos de padecer, y por las que tampoco dejamos de sentir el mismo dolor de cuando negociaban la “paz” y se hacían los mismos atentados. Se trata de no convertir un motivo de celebración, en una oportunidad para atizar odios y hurgar en las heridas. ¿Qué clase de ser humano creería que eso es bueno?

No se trata de desconocer las cosas por las que hemos sufrido por décadas. Se trata de no convertir un motivo de celebración, en una oportunidad para atizar odios y hurgar en las heridas. Clic para tuitear

Iván Duque solo necesita hacer las cosas bien. Desarrollar su programa de gobierno con los que votamos por él y los que quieren y queremos que tenga éxito. Eso será suficiente para mantener su buena imagen y tener contentos a la mayoría de los colombianos.

Como Gustavo Petro no considera derrota su segundo puesto entre dos competidores, seguirá con su “estrategia ganadora”, confiado en que eso será su tiquete directo para ser elegido en 2022. Pero lo que creo que va a pasar en realidad es que va a quedarse cada vez más solo, regodeándose en sus resentimientos, porque solo un posible distímico puede mantener un discurso tan negativo y desagradable por años; de hecho, esa es una característica de esa enfermedad, un estado de ánimo depresivo persistente por incluso años. Por eso urge que alguien revise la psiquis del señor Petro y ver si es posible determinar al menos por qué le es tan difícil sonreír.

 

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