El Honor Militar

OrlandoAbello Martínez-Aparicio

@orlandoabello 

El Honor Militar Columna de Orlando Abello Martínez-Aparicio Clic para tuitear

Nuestra historia reciente nos reseña vivencias diametralmente opuestas e  igualmente dolorosas para nuestra institución militar, y por ende para todos los colombianos.

Militares que deshonran la institución castrense; y militares que han sido deshonrados por servir a la misma con  ejemplar valor y pulcritud.

Para los primeros -dependiendo de las circunstancias en que presuntamente delinquieron-. la Justicia Penal Militar y/o la Justicia Penal Ordinaria (¡No la JEP!) deben juzgarlos; y si son hallados culpables condenarlos con estricta severidad.

A los segundos, una vez sufrido el tortuoso calvario al que fueron injustamente sometidos, lo mínimo que se les debe restablecer es el honor militar.

“Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios…”. Calderón de la Barca “El Alcalde de Zalamea” (1636)

Militares que deshonran la institución castrense; y militares que han sido deshonrados por servir a la misma con ejemplar valor y pulcritud. Clic para tuitear

La anterior frase, citada por el Coronel Ricardo Silvestre Gonzáles, Ejército de Tierra Español, sirve de introducción a una formidable monografía –cuya lectura recomiendo- titulada “El honor militar: Virtud de ayer, hoy y mañana”.

En la precitada publicación el autor  nos  recrea con admirable erudición sobre el origen y evolución del concepto en el escenario histórico; y nos recuerda cómo en la antigüedad “el concepto honor era algo tan valioso en muchas culturas que cualquier hombre no dudaba en interponerlo incluso a la propia vida”.

Ejemplos de ello: los Samuráis, los Caballeros Cruzados y los Templarios.

El honor militar va mucho más allá del simple honor ciudadano. Así como el juramento hipocrático concebido en la antigua Grecia imponía especiales normas de honor a los médicos; para los militares, junto con la disciplina y la lealtad, el honor es de la esencia misma de su función constitucional.

Es por ello que, las fuerzas militares y de policía se desmoralizan cuando “manzanas podridas” les causan, con su indebida actuación, un daño reputacional irreparable.

Pero igual sucede, cuando miembros intachables de la institución castrense son aporreados mediática y judicialmente con el único y execrable propósito de expropiarles su honor y desprestigiar a las Fuerzas Armadas.

Es por ello que, las fuerzas militares y de policía se desmoralizan cuando “manzanas podridas” les causan, con su indebida actuación, un daño reputacional irreparable. Clic para tuitear

Para ilustrar esto último traigo a colación los nombres del Almirante Gabriel Arango Bacci  y del Coronel Luis Alfonso Plazas Vega. –advirtiendo que  no son los únicos, pero sí los más emblemáticos-, a quienes se les robó lo más preciado de sus vidas: el honor militar.

El Almirante Arango Bacci fue absuelto por la justicia, después de haber sido defenestrado de su brillante carrera militar y encarcelado durante varios años.

Demostró su inocencia y recuperó su libertad, más no su honor. Hubiese bastado con que se le reincorporara a las filas, se le permitiese portar el uniforme por última vez, y pedir la baja voluntariamente, para recuperar el honor perdido.

Pero no; el gobierno que se equivocó, en materia grave, destituyéndolo y judicializándolo, tal vez consideró –en su infinita soberbia- que hacerlo sería considerado un acto de debilidad y no un gesto de justa reparación.

El caso del Coronel Plazas Vega, fue una aberrante distorsión política, histórica y judicial.

Todos los que teníamos uso de razón el miércoles 6 de Noviembre de 1985 (yo fungía como Embajador en Canadá y no daba crédito a lo que veía y escuchaba a través de los medios), asistimos aterrados, en vivo y en directo, a través de la televisión nacional y de los demás medios de comunicación a la cruenta toma del Palacio de Justicia que culminó con el asesinato de magistrados de las altas cortes, civiles y funcionarios, por parte del  sanguinario comando guerrillero.

La acción, sarcásticamente denominada “Operación Antonio Nariño por los derechos del hombre”, fue perpetrada por hombres y mujeres de la compañía Iván Marino Ospina del M-19, financiados por el narcotráfico –a cambio de destruir los expedientes que los tenían ad portas de la extradición-, con la insólita pretensión de hacer un juicio político al entonces presidente Belisario Betancur.

También presenciamos en los medios -poco antes de la retoma del Palacio por parte de  las Fuerzas Institucionales-  un tanque de guerra comandado por el Coronel Plazas Vega, quien en respuesta a la pregunta de algún periodista impertinente que le indagó sobre el porqué de su presencia allí, respondió con la famosa frase: “aquí maestro, defendiendo la democracia”, prosiguiendo de inmediato a cumplir con su deber con reconocida valentía y pundonor.

Por cumplir con su obligación militar, el Coronel Plazas Vega fue enjuiciado y encarcelado años después de sucedidos estos hechos, cuando ya se encontraba en ejercicio de su retiro voluntario  de los cuarteles.

Su inocencia no requería siquiera de una sentencia judicial que la reconociera. Fue un hecho público y notorio que el Coronel Plazas había obrado en estricto cumplimiento de su deber.

Sin  embargo tuvo que esperar varios años privado de la libertad, para que finalmente la Corte Suprema de Justicia, en última instancia concluyera que las pruebas no mostraban la responsabilidad del Coronel Plazas Vega y por eso lo declararon hombre inocente y libre.

¿Y quien le devuelve su honor?

Por cumplir con su obligación militar, el Coronel Plazas Vega fue enjuiciado y encarcelado años después de sucedidos estos hechos, cuando ya se encontraba en ejercicio de su retiro voluntario de los cuarteles. Clic para tuitear

El Coronel Plazas, a diferencia del Almirante Arango, ya se había retirado del servicio activo voluntariamente, cuando se inició su calvario judicial.

Por tanto, no cabría la posibilidad de reintegrarlo a las filas de la institución como un acto simbólico de reparación.

Ambos seguramente serán indemnizados por cuenta del Estado y a cargo del bolsillo de los contribuyentes, mediante sendas acciones de reparación directa sustentadas en su ilegal y larga detención preventiva.

Pero no hay dinero que pueda resarcir los daños morales causados y el sufrimiento infringido a ellos y a sus respectivos entornos familiares.

Para finalizar, no encuentro algo más apropiado, que transcribir un párrafo de la monografía citada al comienzo de esta columna:

“El honor militar es considerado en la totalidad de las instituciones militares como la primera virtud militar y base de todas las demás. Esta afirmación debe estar muy próxima a la verdad absoluta, pues no hay nada más ofensivo y difícil de enfrentar para un buen militar que ver su honor puesto en tela de juicio, pues apenas este es cuestionado se produce un daño irreparable en el alma del soldado, más profundo que cualquier herida sufrida en combate y con escasas o nulas posibilidades cicatrización”

Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 26 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.