OCURRENCIA

El incendio del templo del Sol fue un momento importante de la Conquista de la que luego sería llamada “La Nueva Granada”. Ocurrió en agosto de 1537, cuando Gonzalo Jiménez de Quesada acababa de llegar al altiplano, un año antes de la fundación de Bogotá.

Un indio llamado Baganique, que ya había comentado sobre las riquezas de Hunza (Tunja) a algunos soldados españoles, le contó a Quesada que había mucho más grandes tesoros en otro santuario dedicado al culto del Sol, ubicado en tierras del cacique Suamox.

Los españoles se entusiasmaron, atraídos por la leyenda, pues pensaron que este podría ser “El Dorado” y que se encontraban cerca a la fantasiosa fortuna, No había tiempo que perder.

Cincuenta hombres al mando personal del mismo Quesada, veinte de ellos a caballo, hicieron en un solo día la larga jornada de Tunja a Paipa.

MOVIMIENTO DE TUNJA A SOGAMOSO

Fray Pedro Simón, en la Segunda Noticia Historial, lo relata así:

…Era el año de 1537. El conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada se hallaba en Tunja, donde había puesto en prisión al soberano de aquellas tierras y luego saqueado todo el oro de sus asentamientos…

…Un indio que le servía de guía, al ver la sed inmensa con que los españoles se apoderaban de los objetos dorados, le dijo al conquistador que lo que allí habían encontrado era muy poco en comparación de lo que podrían hallar en la tierra sagrada del SUAMOX o Sogamoso…

 

Don Gonzalo Jiménez de Quesada_

Sigue el cronista Simón:

…Jiménez de Quesada prepara entonces un destacamento con 30 peones y 20 jinetes, dejando a sus restantes hombres en Tunja para custodiar al soberano cautivo y sus ricas posesiones, ya bajo el dominio de su gente…
…Un día de madrugada parten de Tunja y llegan hasta el poblado de Paipa, donde pasan la noche. Al día siguiente parten hacia el asentamiento. del Tundama -o Duitama- donde llegan antes del mediodía…
Había que llegar pronto al valle de Iraca, sitio del gran templo y lugar donde hoy se asienta Sogamoso. Pero el cacique Tundama, rey y señor de las tierras de Duitama, y de cuyo carácter belicoso aún apenas habían oído rumores, se interpuso en su camino, y con vanas promesas de regalos de oro y mantas los convidó a quedarse en sus tierras.

Dice Pedro Simón:

…El soberano indígena Tundama trata de impedir el asalto a sus dominios y envía al conquistador algunos regalos junto con el mensaje de que se detenga un poco mientras él viene a recibido (sic) con 8 cargas de oro que está recogiendo entre sus caciques vasallos. El conquistador cede al halago de esa oferta pacífica y espera un poco, mientras el soberano indígena ordena a todos sus súbditos poner a salvo sus riquezas, sus objetos sagrados, sus mujeres y sus niños…

Los españoles pronto percibieron el engaño. Llovían sobre ellos gritos que necesariamente eran improperios, además de piedras y flechas. Así que viéndose rodeados y entendiendo la demora a que los estaban sometiendo los indígenas, emprendieron de nuevo la marcha, ya entrada la tarde, hacia las tierras de Suamox.

…Hacia las tres de la tarde el Tundama ordena a los suyos enfrentar a los conquistadores. Los indios, con débiles armas, se amotinan y lanzan gritos desafiantes y burlescos al contingente de Quesada, el cual arremete con concentrada violencia contra el poblado, saqueándolo precipitadamente, pues su objetivo es llegar antes de la puesta del sol a los dominios del soberano Suamox (o. Sogamoso) …

Dice la leyenda indígena que:

El término «Sogamoso» proviene del vocablo chibcha «suamox», que significa «morada del sol». El lugar fue elegido por Bochica como sede de los sumos sacerdotes y allí se encontraba «El Templo del Sol», que por su suntuosidad y las riquezas que contenía, era el mayor centro religioso de los muiscas. Desde los Cojines del Zaque, en los altos de San Lázaro, el cacique y los sacerdotes se arrodillaban mirando hacia el lugar.

EL COMBATE CONTRA LOS INDIOS DEL SUGAMUXI

Fray Pedro Simón:

“…Al atardecer de aquel día, Quesada llega can sus hombres al Valle del Suamox. Los indios lo esperaban dispuestos en escuadrones para resistir el asalto, pero la violenta arremetida de los conquistadores los obliga, en pocos momentos, a huir en desbandada, no sin dejar numerosas víctimas en el campo…”

Al tercer día alcanzaron a ver la empalizada que rodeaba al poblado, adornada con platos y láminas de oro. Centenares de indígenas los estaban esperando, armados de lanzas. Pero los nativos jamás habían visto un caballo, y al ver el binomio jinete-caballo, pensaban que era un solo ser espantoso, un monstruo.

Los cronistas de Indias describieron la escena de los veinte caballos, en un grupo compacto, atravesando al galope la multitud, una y otra vez, arrollando a su paso a los sorprendidos indígenas.

Pero la superioridad numérica y el valor de los indígenas impulsados por el Sugamuxi, se terminó imponiendo, y los hombres de Quesada, algunos de ellos malheridos, tuvieron que replegarse hacia el poblado de Iza.

LOS INDÍGENAS SE RETIRAN, HALLAZGO DEL TEMPLO

Fue al cuarto día, seguros de que los indígenas se habían retirado, cuando los españoles entraron al pueblo. Enorme sorpresa se llevaron, al encontrarlo deshabitado, y al ver que el oro, que habían visto antes, ya no estaba. Cautelosos tomaron posiciones, previendo una emboscada.
Buscando dónde podría estar el oro encontraron el gran templo, construido sobre la margen derecha del riachuelo Monquirá. Se trataba, dicen las crónicas, de un enorme bohío de forma circular entechado en paja, con una base circular de unos 36 metros de diámetro. Su piso era de esterilla finamente tejida y no tenía ventanas.
Leamos lo que dicen los cronistas de la época:

Pedro de Aguado:

«…El general llegó a Sogamoso, y no había gente ninguna sino todas las casas yermas y despobladas; y según algunos 129, 130 cuentan, un indio viejo. ya cano, de crecida barba, que fue cosa que hasta entonces no hablan hallado, dentro de un santuario o templo de los que en aquel pueblo había, que según se presumió debla ser Xeque o Mohán de aquel templo, el cual se le preguntó dónde estaba el señor o Cacique de aquel pueblo, y la causa de haberse ausentado con su gente; … Entre los otros templos, había uno de extraña grandeza y ornato, que decían los indios ser dedicado al Dios Remichinchagua, a quien veneraban mucho con sus ciegas supersticiones e idolatrías…”

Fernández de Piedrahita:

…Siendo la oscuridad también el amparo a cuya sombra sacaron los indios mucha parte de las riquezas que teman en sus casas y adoratorios, aunque del templo mayor (que ya, o porque fuese religiosa atención. o por cosa común y lo más cierto porque no fue posible) no pudieron sacar la riqueza que bastara para el remedio de muchos, si pudiera lograrse…”

Fray Pedro Simón:

…Cuando el sol se oculta, aquel hermoso asentamiento indígena, con sus bohíos llenos de adornos dorados y su monumental Templo del Sol lleno de riquezas sagradas, se ofrece, solitario y rendido, a la avaricia insaciable de los hombres de Quesada…”

Don Juan de Castellanos:

«Dentro del edificio suntuoso; / rompiéronle las puertas” … / donde vieron… en una barbacoa bien compuesta/ hombres difuntos secos/ adornados de telas ricas/ y de joyas de oro, con otros ornamentos, que debían de ser cualificados personajes; / y el pavimento del adoratorio/ cubierto de espartillo blando, seco, (según allí se tiene de costumbre,/ y en las demás provincias de este reino/ que participan de terrenos fríos/,… en las paredes,! que estaban esteradas de carrizos/ pulidamente puestos y trabados,!…

Agrega Fray Pedro Simón:

«…Comenzaron a desvolver (sic) el Templo donde lo primero con que se toparon fue con un viejo muy cano. y de una barba larga que fue la primera que hasta allí hablan visto en indios. Lo debieron de tener por Jeque o Mohán, que es tanto como sacerdote entre nosotros, para guarda y servicio de aquel tan famoso Templo y el que hacía las ofrendas y daba al pueblo las respuestas de lo que pedían… por no dejar desamparada la majestad del templo, en quien toda la tierra tenía puesta su confianza…. del despojo, y así comenzaron a hacerlo en unos cuerpos secos que estaban puestos en unas barbacoas, o poyos de caña, que debieron ser de gente calificada: todos revueltos en finas telas de algodón con muchas joyas de oro fino de diversas hechuras y muchas sartas de cuentas…. el suelo del templo estaba cubierto con un espartillo seco y menudo…”

LA IMPORTANCIA DEL TEMPLO

 

El Templo del Sol. Réplica construida bajo la dirección del historiador Silva Celis.

El templo del Sol fue construido por los muiscas en Sogamoso, como un lugar de culto para su dios Sué, que era el Sol, en muisca.

Este lugar llamado Sugamuxi, hacía parte de la Confederación Muisca, y su templo sin duda era el más importante de la religión de esa ancestral cultura.

Era una estructura grande y redonda hecha de palos de guayacán y barro con techo de caña. No tenía ventanas. «Sus columnas, en tres filas concéntricas, eran gigantescos guayacanes traídos desde los llanos del Casanare”, dice el profesor Silva Celis. Los maderos eran traídos por difíciles caminos. Este árbol tenía gran significado cosmológico porque según la leyenda, varios guayacanes sostenían el mundo antes de que Bochica encargara esta tarea al cacique Chibchacum. Por otra parte, «el Templo representaba el cosmos, los guayacanes representaban las bases y el universo el techo representaba al Universo”. Su piso era de esterilla finamente tejida. El templo no tenía ventanas, y sus puertas, selladas con amarres, eran pequeños orificios que hacían necesario entrar a gatas.

No exagera el historiador sogamoseño Gabriel Camargo Pérez cuando llama a su tierra “La Roma de los chibchas”. En estas tierras del cacique Suamox se concentraba la espiritualidad de los muiscas y había, además del gran templo, otros santuarios dispersos con ofrendas de oro y joyas, traídas de los cacicazgos más remotos.
Dice la leyenda que, desde el paso por estas tierras de Bochica, el gran predicador de los chibchas, era aquí en donde se habían instituido las escuelas de formación de los sacerdotes muiscas. Con el curioso nombre de ‘cucas’ se conocieron estos seminarios.

Pero de toda aquella cultura desconocida y esa religión idólatra solo el oro interesaba a los españoles. El templo y sus terrenos contiguos también constituían una necrópolis, porque allí reposaban los restos de sus caciques o sumos sacerdotes: ogques.

Los rituales del Templo del sol fueron creación de los zaques y los caciques de una especie de “confederación muisca” de la época precolombina. Hacían reuniones donde algunos niños (moxas) eran sacrificados. Ellos hicieron de la ciudad de Sugamuxi un lugar sagrado.

El Templo fue pieza central del mundo espiritual Chibcha. En ese lugar sagrado para ellos, depositaron ofrendas, se resguardaron Momias y se enterraron personajes de alta jerarquía.

Placa de homenaje al Sugamuxi, en el Templo del Sol de Sogamoso

EL TEMPLO COMO OBSERVATORIO ASTRONÓMICO

El Templo del Sol, estaba construido con alineaciones astronómicas relacionadas con su construcción. Los cerros del contorno también eran considerados sagrados, al igual que ciertas grandes piedras, bosques, cuevas, quebradas y lagos.

En relación con la función del templo como observatorio astronómico entre los muiscas, sabemos por las crónicas y documentos que a los jeques y caciques principales, era a quienes se les impartía el conocimiento astronómico y su aplicación práctica, aprendido de la observaci6n minuciosa del sol, la luna, y las estrellas. De esos análisis salían determinaciones para la programación de sus actividades económicas, políticas y religiosas.

QUESADA DECIDE ESPERAR

Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada llegó a territorio sogamoseño, ya empezaba a oscurecer. Llegó por la tarde y decidió esperar hasta la mañana siguiente para tomar el cacique Sugamuxi fuera del templo.

Habiendo asegurado el poblado, Quesada dio la orden de esperar la luz del nuevo día para para saquearlo, acceder al templo y extraer con calma los tesoros que allí, seguramente los esperaban. Las órdenes que dio a sus soldados fueron acampar en un lugar prudente, para al otro día hacer la incursión.

LA DESTRUCCIÓN DEL TEMPLO

Fue la indisciplina y la codicia de los soldados españoles la causante de este desastre. En busca de apropiarse de los tesoros en el templo, dos de los soldados de Quesada, de nombres Miguel Sánchez y Juan Rodríguez Parra, fueron sin permiso al templo en la oscura noche del 4 de septiembre, iluminando su camino con antorchas para poder ver. Cuando entraron, en el interior del templo encontraron a un anciano y silencioso sacerdote que luego sería víctima de las llamas.

Encontraron cuerpos momificados seguramente de personas importantes, adornados con ricos ornamentos por todas partes, estaban colocados sobre barbacoas de finas maderas resinosas.

Había tanto oro, esmeraldas y otras piedras, que necesitaban usar ambas manos para recoger esos tesoros, de modo que colocaron en algún lugar las antorchas. Por eso mientras recogían partes de los tesoros del lugar, alguna de ellas se cayó accidentalmente y prendió en fuego la “sagrada” edificación construida completamente con material inflamable. Todo quedó consumido por el fuego.

Fray Pedro Simón:

…Ya entrada la noche, los soldados Miguel Sánchez y Juan Rodríguez Parra, llevando en sus manas hachones encendidos, violan las cerraduras del Templo y penetran en él a través de su puerta que era de poca altura. En su interior se encontraba un sacerdote anciano de larga barba blanca, quien no había querido huir para no dejar desamparado aquel lugar sagrado confiado a su servicio. Los asaltantes no se detienen a interrogarlo, pues su afán de apoderarse de las riquezas del Templo prima sobre cualquier otro objetivo…”

Dice Fernández de Piedrahita:

…Buena parte de la noche habla corrido. cuando convidados de la ocasión se fueron al templo Miguel Sánchez y Juan Rodríguez Parra, y para ver lo que se contenía dentro del suntuoso edificio, le rompieron las puertas, y con luz de pajas encendidas en un hacecillo reconocieron sobrada riqueza en que satisfacer sus deseos, y sobre muchas barbacoas gran cantidad de cuerpos difuntos adornados de ropas y joyas que manifestaban ser de personas calificadas.
El pavimento del templo estaba cubierto de espartillo seco y blando, según la costumbre que se observaba allí y en las demás provincias de aquel Reino, que participaban de región fría: objetos todos que aumentaron la codicia de estos dos soldados para quien sin advertencia de lo que obraban pusiesen en el suelo la luz que se daba en el hachón de paja. mientras ellos se ocupaban de recoger oro…

Don Pedro de Aguado relata:

…Andando dentro ciertos soldados con lumbre encendida a buscar oro, porque era muy lóbrego y oscuro, por defecto de no tener lumbreras por donde la claridad pudiese entrar y dar luz, y ser la puerta tan pequeña y baja que entraban abajados, o como suelen decir a gatas, por descuido de los que con la lumbre andaban dentro, vino a encenderse el fuego de suerte que no se pudo atajar ni remediar; porque como toda la cubierta era muy seca, de paja, hízose más irremediable el fuego, pero no en tan breve tiempo como se pudiera consumir otra cosa de más fuertes materiales; porque como certifican los antiguos que lo vieron y se hallaron presentes que tuvo el fuego en él sin acabarse de consumir más tiempo de un año, y la causa de durar tanto el fuego dicen haber sido la mucha paja que sobre si tenía, que conservaba después de quemada el fuego en los maderos gruesos que debajo de esta ceniza estaban«. .

Dice Fray Pedro Simón:

“…Pero en horas de la noche, los soldados Miguel Sánchez y Juan Rodríguez Parra, ansiosos de conocer las riquezas, alumbrados con teas ingresaron. Encontraron a un anciano y silencioso sacerdote que luego sería víctima de las llamas. Adornados con finos ornamentos, estaban colocados sobre barbacoas de finas maderas resinosas los cuerpos momificados de antepasados ilustres.

Mientras recogían parte del tesoro, incendiaron accidentalmente el lugar, las llamas tomaron tal fuerza, que no pudieron remediarlo, huyendo con lo apoderado. Ocurrió el 4 de septiembre de 1537.

Para dejar sus manos libres, colocan en el piso los hachones encendidos. El piso estaba recubierto de un fino. espartillo seco.
Encuentran primero unos cadáveres embalsamados, probablemente de antiguos soberanos, puestos sobre poyos de caña, cubiertas can telas finas y adornados can objetos de oro y piedras preciosas. Los asaltantes proceden inmediatamente a despojarlos de todas sus joyas.

Cuando. comienzan a descolgar los objetos de oro de las paredes del Templo, se dan cuenta de que sus hachones han encendido el espartillo del piso y que el fuego alcanza ya las paredes del templo, que estaban forradas con tejidos de carrizo.

El rápido avance del fuego los impulsa a descolgar a toda prisa los objetos de oro que encuentran a su alcance, dejando el resto, a su pesar, para ser consumido por el fuego…”

Dice Fernández de Piedrahita

“…La llama fue prendiendo lentamente por los espartillos hasta dar en las paredes entapizadas de carrizos curiosamente puestos y trabados, donde se aumentó con tal fuerza, que cuando los dos compañeros advirtieron el daño que de su descuido había procedido, no les fue posible apagarla; desampararon el templo dejando la restante riqueza expuesta a la furia del incendio, que corriendo hasta la techumbre daba tan crecido resplandor. que alumbraba toda la ciudad y campos…”

Dice Fray Pedro Simón:

“…Los soldados que hacen guardia en la noche y ven el fuego desde lejos, se acercan creyendo que se trata de un ardid de los indios para ahuyentarlos. Cuando llegan al Templo en llamas, Domingo de Aguirre y Pedro Bravo de Rivera reprochan a los asaltantes su descuido, por culpa del cual se habrían sacrificado muchas riquezas. Entonces Miguel Sánchez, para excusarse, culpa al sacerdote del Templo de haberlo incendiado con la intención de que ardieran quienes robaban los objetos sagrados…

Fray Pedro Simón afirma que hay documentos que relatan que el Templo ardió durante cinco años, sin que los fuertes aguaceros de esa región lograran apagarlo. Dice que la humareda pudo durar un año. Reitera, además, que aquel Templo había sido construido con enormes troncos de guayacán, traídos de una lejana tierra que llaman «Los Llanos».

El fuego duró mucho tiempo.

Juan de Castellanos, cuenta:

«El templo estaba construido con grandes maderos de guayacán polvillo, que es muy resistente.»

La historiadora y directora del museo, Margarita Silva, tal vez la persona más autorizada hoy en día sobre este tema del Templo del Sol, señala: “algunos cronistas dicen que el Templo duró ardiendo tres años y otros señalan que fueron cinco años». Parece ser que, debido a la consistencia de la madera de Guayacán, el fuego duró tanto tiempo.

LOS ESPAÑOLES SE RETIRAN A TUNJA

Sigamos con Fray Pedro Simón

…En aquella noche, los soldados de Quesada recogieron más de 600 libras de oro equivalentes a 80.000 ducados, sin contar las esmeraldas, telas finas y otras joyas, pero sus aspiraciones -según el cronista- eran mucho más grandes…

…Temerosos de que los indios preparasen un gran ataque contra ellos y les hiciesen perder aquel apreciable botín, regresaron rápidamente a Tunja, sin haber visto al fugitivo soberano SUAMOX…

LO QUE QUEDÓ DEL TEMPLO DEL SOL Y DE LA CULTURA CHIBCHA

Dice el historiador Germán Arciniegas:

De los chibchas no nos queda ni el paisaje. Su mundo fue un mundo de arcilla, de paja, de barro. El huracán de la Conquista sopló sobre sus templos y bohíos, sobre sus mitos y sus leyes, y todo se lo llevó, todo lo aventó entre las llamas del templo incendiado”.

LA IMPRESIONANTE FORTALEZA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO

Dice don Juan de Castellanos:

…Tanto grosor tenía la cubierta,! gordor y corpulencia de los palos/ sobre que fue la fábrica compuesta,! los cuales se trajeron de los Llanos,! según dicen los indios más antiguos,! con infinito número de gente! que de diversas partes ocurrieron/ a traer de tan lejos la madera/ que parecía ser incorruptible./ porque su templo, fuese tan durable/ …cuando se hincaban los estantes/ poderosísimos, cada cual de ellos/ se plantaba sobre un esclavo vivo, porque fundados sobre humana sangre no serían sujetos a fracturas» (Castellanos 1886: 1: 182·185)…

Afirma Fernández de Piedrahita:

…Las maderas para aquel suntuoso templo llevaron de los Llanos a Sogamoso según la tradición de los más ancianos de aquella provincia, con infinito número de gente que la piedad hizo concurrir de diversas partes para ocuparse en ministerio tan religioso; y no pudiera fabricarse de otra suerte respecto de no haberlas de su porte a menos distancia que la de los Llanos, ni hallarse de calidad tan durable en otro sitio, y como la intención de estas naciones fuese hacer permanente sus templos, es llano que siendo tantas las que habitaban aquel Reino, las condujesen de términos tan dilatados; y aún se infiere por personas curiosas, que al tiempo de fijar en la tierra aquellos corpulentos maderos, los cimentaban sobre esclavos vivos, persuadiéndose a que fundados sobre sangre humana se conservarían ilesos; (Fernández de Piedrahita, 1973. 1: 262-264) …”

Confirma Fray Pedro Simón:

…Una pared que estaba forrada de carrizo seco de arriba a abajo, no obstante que los estantes o maderos sobre que estaban fundados eran muy gruesos y de madera de guayacán. que su fortaleza la hace incorruptible, los cuales hablan traído con inmensos trabajos de las tierras que llaman de los llanos. no cerca de allí y de tierras asperísimas de camino…. que fuera eterno y aún para más fortalecerlo, les habla aconsejado el enemigo del género humano que cuando hincaran los maderos en la tierra, pusieran debajo un indio esclavo, para que, plantado sobre sangre y carne humana, sería su duración perpetua…. ni tres puertas que tenían una sobre otra, ni otros ornatos. en orden a su perpetua duración se la pudo dar» (Simón. 1892. 111: 196-198) …

 

RECONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DEL NUEVO TEMPLO

Por más de cuatrocientos años, las cenizas del Recinto Sagrado de los Muiscas estuvieron sepultadas, hasta el día en que fueron ubicadas por el Arqueólogo e historiador boyacense Eliécer Silva Celis, en 1942, después de una extensa y ardua labor investigativa.

El profesor Silva Celis fue quién dirigió la construcción de la réplica del templo y nos informa que las pequeñas escotaduras por las que se debía entrar a gatas eran cuatro y correspondían a cuatro caminos de acceso al templo que coincidían con los puntos cardinales y que marcaban el paso del sol; estos caminos eran utilizados unos para acceso y otros de salida únicamente.

El profesor Silva Celis también concluyó que el templo de Sogamoso además de sus condiciones religiosas funcionaba como observatorio astronómico. No es claro como operaba, aunque en su orientación había además tres puertas a través de las cuales pudieran penetrar los rayos solares para señalar el comienzo o fin de una estación (solsticios y equinoccios).

Las descubrió en inmediaciones del barrio Mochacá de Sogamoso. Era una necrópolis muisca, con tumbas que después de cerca de 500 años aún conservaban el testimonio de los rituales indígenas para enterrar a sus muertos. Encontró las momias de muiscas de linaje y sobre la base de sus hallazgos arqueológicos, fue capaz de localizar y precisar el sitio original del templo y decidió reconstruirlo. Ese mismo año fundó el Parque Indígena del Sol, hoy Museo Arqueológico Suamox.

Silva Celis reconstruye este significativo Recinto Sagrado entre 1985 y 1997, tratando de utilizar los mismos materiales que tenía el templo original. En la actualidad el Templo del Sol de Sogamoso es un espacio respetado, activo espiritualmente, que acoge autoridades indígenas de todos los rincones del país y en el que se realizan rituales y ceremonias. Tiene algo de turismo. Muy poco en realidad ante la importancia y su significado. Es evidente el poco interés de los gobiernos sobre nuestra más importante cultura precolombina. El idioma muisca lo dejaron acabar.

El templo fue construido igual al original, según las investigaciones de Silva. Una altura de 18 metros (59 pies) de alto. Estableció también que en la cúpula de carrizo tejido los símbolos relatan la historia de la creación de la Tierra por Chiminigagua, el Ser Supremo de los muiscas.

 

Escudo de armas de Sogamoso; Ciudad del Sol

Cada año, el 22 de diciembre, la luz del sol se proyecta sobre el consistente pilote central del templo. Las aberturas de los lados podrían usarse a manera de calendario. Hoy es parte del Museo Arqueológico de Sogamoso, una dependencia adscrita a la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. El Museo Arqueológico de Sogamoso lleva el nombre de su fundador: “Eliécer Silva Celis”.
Un acto protocolario de fundación se realizó en el 2006, lo organizó el Centro de Historia de Sogamoso, con apoyo del Museo Arqueológico, la Academia de Historia, la UPTC, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (Unad) y la Alcaldía de Sogamoso.

Basado en Trabajos de

  • Diego Andrés Rosselli Cock
  • Margarita Silva Montaña, directora del Museo Arqueológico de Sogamoso.
  • Gabriel Camargo Pérez
  • Felipe Álvarez
  • Clara Inés Casilimas Rojas Antropóloga
  • María Imelda López Ávila Antropóloga

Y en crónicas de

  • Fray Pedro Simón
  • Diego Fernández de Piedrahita
  • Pedro de Aguado
  • Juan de Castellanos

BIBLIOGRAFÍA

Aguado, Pedro de, Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales,

Camargo Pérez, Gabriel, La Roma de los Chibchas.

Castellanos, Juan de. Historia del Nuevo Reino de Granada Tomo 1. colección de escritores castellanos-historiadores. Imprenta de A. Pérez D., Madrid. 1886

Fernández de Oviedo, Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano, Ed. Guaranía, Asunción del Paraguay 1944.

Fernández de Piedrahita, Lucas Historia Geográfica de la Conquista del Nuevo Reino de Granada. Biblioteca Popular de Cultura Colombiana 4v. Ed. ABC. Bogotá 1942. 1973.

Jiménez de Quesada. Gonzalo Epítome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada, en Aguado «Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada«, Madrid 1916.

Restrepo Tirado. Ernesto Audiencia de Santafé: Cartas y Oficios de los oidores de 1503 a 1599, en Boletín de Historia y Antigüedades vol. XVII No. 194. Bogotá 1928.

Simón. Pedro. «Noticias historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales» Casa Editorial de Medardo Rivas, Bogotá, 1953

Silva Celis, Eliecer, Monumento Sol Muisca en Villa de Leiva. en Pensamiento y Acción, Tunja 1978

Silva Celis, Eliecer El Museo Arqueológico en Sogamoso. en Boletín de Arqueología. Vol. l. Bogotá 1945

 

Por más de cuatrocientos años, las cenizas del Recinto Sagrado de los Muiscas estuvieron sepultadas, hasta el día en que fueron ubicadas por el Arqueólogo e historiador boyacense Eliécer Silva Celis Clic para tuitear
Luis Alfonso Plazas Vega
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