El invencible capitulo II

Johanna Andrea Rodríguez

Johanna Andrea Rodríguez

Esa mañana mientras María preparaba el almuerzo el invencible se sentía mejor, ya con su cuerpo caliente por el caldo y reanimado por el suero se dio un baño, mientras pasaba la esponja llena de jabón por su cuerpo de 75 años lloró amargamente, ya no era él mismo de tiempo atrás donde tomaba a una mujer hasta dejarla exhausta, ya no era él mismo donde tenía ese tinte de galán para enamorar y respetar, esa magia para cautivar. Ahora lo único que quedaba de él era su basta fortuna donde podía tener mujeres por doquier. Al salir del baño abrió su closet grande donde tenía la mejor ropa, he infinidad de corbatas.

Se puso la más adecuada, la que le gusta a Carmen Julia, así que ya repuesto de su salud física y emocional volvió a su oficina para intentar trabajar un poco, pero la culpa no lo dejaba. Pedro era un abogado exitoso de 75 años, que estuvo en el ámbito político desde la edad de 16 años, graduado y con sus buenas relaciones, empezó con su la firma de abogados en la ciudad apartada de la capital a la edad de 27 años, era un joven prometedor, de futuro resuelto ya que contaba con familia de abolengo, algo así llamado para un mundo tercermundista y más claro un campesino burgués.

A la edad de 32 llevo la firma posicionada a la gran ciudad, con una vida exitosa en el ámbito laboral, las mujeres era su segunda pasión, no tenía que llamarlas pues estas llegaban solas por ratos, una vida así tan independiente era evidente que a nadie le gustaría cambiarla por las ataduras y el falso ritual del amor. O por lo menos así pensaba en su momento de gloria el invencible.

Ese día lo recordaría por siempre, con tan solo treinta años y su futuro se sumirá en la completa desolación, quien iniciaría esto era una llamada de un amigo en problemas.

  • ¡Hola Pedro!, áseme un favor-
  • ¡Hola Iván!, ¿Qué pasó? Decía sentado en su oficina de puertas grandes.
  • Tengo una mujer que nos ayuda con la parte del aseo aquí en la casa, y me la estaba comiendo, la tengo que sacar porque ya me mamé de ella, pero la muy bandida esta que me pone pereque. Decía Iván hablando a escondidas en su amplia casa.
  • ¿Y qué quieres que haga? Preguntaba Pedro dándole un sorbo a su te en leche.
  • Estoy en un lio, me está diciendo que le va a decir a la mujer, ya le di dinero, pero quiere más. ¡ayúdeme hombre ¡decía Iván colocándose la mano sobre la cabeza y pidiendo auxilio. Y continuo: recíbala allá y yo le pago el sueldo, y después de un rato usted la despide.

Al escuchar esto, y comprendiendo como se portan las mujeres ante hombres de poder, decidió ayudar a su amigo que estaba perdido. ¿Acaso no nos enseña la vida que están fundadas en las sagradas escrituras de ayudar al prójimo?  Pues en este caso Iván era el prójimo. Así que le dijo:

  • ¡pues mándala para acá y yo la ubico en algo! Contestaba Pedro
  • ¡Huy! Pedro vos sos un amigazo. Decía Iván sintiendo un alivio al saber que este problema lo tendría otro.

Así que colgando el teléfono volvió la mirada donde estaba esta mujer bajando los frutos de un árbol.  Ahí con sus trenzas largas partidas a la mitad y sus ropas de campesina lo miraba con malicia. Entonces Iván la miraba furtivamente y sin aguantar se le acerco rodeando la piscina, con sus pantalonetas coloridas y la camisa blanca de traje por fuera y sus cotizas le dijo:

  • Hay un amigo que necesita una secretaria de confianza. Vete que tendrás mejores oportunidades. Le decía acercándose muy despacio y mirando con deseo esos pechos grandes que ya habían criado a 4 hijos de diferente padre.

La muy astuta y de mirada febril dejó los frutos en suelo con la sesta, y le dijo:

  • ¡Usted a mí no me saca así de fácil!, decía con la respiración revolcada a la ira.

Así que viendo que llagaba su esposa con las compras. Iván le dijo:

  • Te vas y punto, te voy a dar dinero suficiente además tienes que saber que voy a vender este lugar y la crisis será peor. Nos vamos a seguir viendo te lo juro. Decía casi prudente y dándose la vuelta se fue donde su mujer.

Estaba en la sala grande, detrás del vidrio que dividía la sala de la piscina, esta lo observaba sospechando lo que sucedía, así que al verle como se le acercaba ese hombre de pantalones cortos y   extraños, le dijo:

  • ¿Qué pasa con esa criada? Le decía mientras sostenía sus gafas de sol sobre su pecho, vestida de forma elegante blanca y su cabello recogido con un moño alto.
  • No pasa nada amor, decía Iván mientras se le acercaba y le daba un beso en el cuello.

La mujer completamente quieta era incapaz de devolverle el abrazo ya que estaba con la mirada clavada en la campesina mujer que seguía recogiendo los frutos con su ropa pegada al cuerpo. Haciendo con esta caer a los hombres de bien en la lujuria. Sus estrambóticas caderas salidas de la ficción, se podían ver con esas transparencias hasta su ropa interior.

  • La voy a despedir decía Iván mientras le seguía la vista a su mujer.
  • ¿A si? ¿y Por qué? Decía está poniendo los ojos en su marido.
  • No más mírala amor, es una vulgar, y además no hace bien su trabajo. Y se alejó a servirse un trago.

La mujer de la hacienda no hacía más que seguir frente a ese cristal grande donde podía ver la piscina, ahí parada observado la vulgar trabajadora sospechando lo que había pasado. Así que sintió un leve odio, pero a la vez esa satisfacción de comprender que su marido jamás la cambiaría por una mujer pedestre que baja frutos de un árbol. Así que marchándose para donde estaba su esposo decidió no agrandar un problema ya con solución.

Esa noche y mientras la familia Álzate, de Iván Álzate se iban a la cama cansados por el gran día de asado y bebida. Este fue a ver que su inmaculada mujer que durmiera, y aprovechando, se metió muy suave al cuarto de la trabajadora. Esta yacía en la cama cómoda y sencilla.  Al sentir las manos fuertes, y de dedos largos he inconfundibles del señor de la casa, cedió de la manera más fácil ya que dormía desnuda, era este hombre de contextura media completamente atrapado en las grandes caderas de la sumisa mujer. Esta que no hacía más que buscarles un padre a sus cuatro hijos, un padre que respondiera y se diera a ponerse esa soga al cuello.

Mientras este no hacía más que mover sus caderas de forma rápida sobre ella, está en medio de la agitación no hacía más que pedirle con la voz entre cortada y baja.

  • ¡No me deje de ver.. deme dinero….para poder vivir bien…mientras me visita!

Ahí con el sudor por sus cuerpos y la cama mojada, aun dentro de ella.  Iván hizo la falsa promesa.

  • Esto no me lo pierdo por nada. Decía agitado y al oído de la campesinada mujer.

Cosa que al escuchar dejo de hablar y permitió darle placer hasta dejarlo extasiado, se había convencido que este hombre no la dejaría, había logrado cautivarlo con su cuerpo grande en todos los aspectos, así que sonreía de placer en medio de la oscuridad. La realidad era que Iván le estaba sacando el jugo a esos últimos días de estadía de la campesina mujer. Sabía a cabalidad que apenas cruzara esa puerta grande de la hacienda no haría nada por volverla a ver. Era de esos momentos de la vida donde desocupaba toda esa energía, ya había visto a la hija de una campesina del pueblo más joven y que le había prometido la virginidad de su hija. Y esto era algo que no se quería perder.

Al volver a la cama y revolcado, se metió suavemente bajo la sábana blanca que arropaba a su esposa. Esta con los ojos abiertos y girada mirando hacia la ventana,  decidió no reclamar, pues esta era la vida del campo, donde hombres insaciables tomaban de vez en cuando a una pueblerina para no tocar a sus esposas.

Así que hizo lo que mejor hacía, que era hacerse la dormida para seguir aprovechando la vida de beneficios, todo decorado con la sagrada palabra del matrimonio.

A los dos días siguientes ya estaba la mujer de trenzas largas siendo despedía en la puerta de la hacienda, con sus cosas empacadas en una caja y la cabeza agachada, se llevaba las manos al rostro para secarse las lágrimas frente a su jefe.

  • No llores más, que me vas a hacer llorar decía Iván haciendo que mostraba un poco de interés.

Desde la segunda planta, exactamente desde el cuarto matrimonial rayando de lo blanco. La mujer veía la escena de lejos con unos prismáticos, ahí veía a la mujer hablarle a su marido. Como casi una escena de amor prohibido sacada de una película.

  • Toma esta es la dirección de mi amigo que te espera en esta dirección, él te va a dar trabajo mientras yo impido vender este lugar, cuando eso pasé juro que voy a buscarte. Decía Iván colocándole el papelito con la dirección en las manos.

Así que con el sol quemándole la espalda agilizo la salida de la mujer, y dándose la vuelta con sus botas de montar y su ropa ligera pero elegante, como todo un señor de la hacienda se montó de nuevo a su fino caballo para tomar atención de cosas más importantes. A la mujer no le quedo de más que recibir esa buena retribución económica que le habían dado, y tener fe que volvería por ella, a buscarla en su casa mal construida donde la esperaban los cuatro hijos que medio mantenía con su sueldo.

Al llegar a su casa y con la caja en las manos, la recibió su madre y sus cuatro pequeños, una casa sin acueducto y falta de alimentos, no le quedo demás que pasar a la cocina y contarle a su madre que el patrón estaba en aprietos económicos.

  • ¡Es que es boba hija! – decía la anciana mujer sentada en el comedor viejo y sostenido por palos, donde las sillas era pedazos de cemento que habían abandonado las construcciones del sector.

La mujer vieja he igual de robusta que su hija que estaba sentada, con un trapo al hombro y sus vestidos trasparentes la miraba de forma furiosa.

  • ¿Por qué dice eso? – preguntaba la madre de los cuatro pequeños mientras dejaba la caja sobre la mesa que se sostenía de milagro.
  • Mija, la hija de los vecinos se va a trabajar la otra semana donde don Iván, allá donde usted trabajaba. Es que no la vio que está más joven. Y levantándose fue a mirar los frisoles que se cocían.

Quedo fría al escuchar lo que su madre le había dicho, pues era comprensible que ella ya estaba entrada en años, y con cuatro hijos de distintos progenitores. Así que, cayendo en un ataque de pánico, pero incomprensible para ella no le quedo de más que salir al solar. A ese lugar pequeño donde había dos palos de mangos y uno de ají, donde abundaba el barro en el suelo cuando llovía, así que, sosteniéndose de ese árbol de mango, llorando, miro hacia el tejado y vio como esta casa que la cubría a ella y a sus hijos la estaba consumiendo de a poco.

Al ver ese día ese cielo azul sin ninguna nube, pensó como se podía divisar de ese lugar un pedazo de cielo hermoso, era inconcebible.  Así que se juró ese día y frente a ese palo de mango que el próximo hombre que decidiera disfrutar de su cuerpo se quedaría con ella para siempre, fuera como fuera. Es cierto que estaba vieja, y llena de hijos. Pero era la mujer más resistente a la humillación y a los golpes.

Sus antiguos maridos se habían aprovechado de su ingenuidad, y recordó como en una época más jóvenes fue ofrecida casi como una ofrenda, virgen al patrón de su madre donde esta era la trabajadora. Mirando y trayendo a memoria ese momento decidió que terminaría como ella, cuidándole los nietos a sus hijos, viviendo de la limosna y cociendo frisoles todo el día porque no había más que hacer.

Así que se dio un aire de esperanza diciéndose que aún estaba a tiempo, de que un hombre adinerado se hiciera cargo de ella y sus cuatro pequeños, entonces con el ánimo en la caja donde tenía sus pertenencias se dispuso a volver a la cocina donde estaba su madre, su mentora y le dijo:

  • En dos días tengo una entrevista de trabajo en una oficina de abogados- decía mientras miraba a su madre sentada.

Que con todo optimismo le recordaba:

¿Y usted cómo hija?, si no tiene estudio- decía la sabia anciana recorriendo con la uña del dedo índice la línea dibujada en la mesa de palo, que se había hecho con un cuchillo.

A la edad de 32 llevo la firma posicionada a la gran ciudad, con una vida exitosa en el ámbito laboral, las mujeres era su segunda pasión Clic para tuitear

Johanna Andrea Rodriguez Pico
Acerca de Johanna Andrea Rodriguez Pico 10 Articles
Escritora, emprendedora. Enamorada de Colombia, tengo 35 años, andariega de profesión, también cursando el ámbito jurídico donde se llevó a cabo varias investigaciones de tierras, diseñadora de calzado en crochet, bolsos y trajes de baño. Y trabajando en un nuevo proyecto que muy pronto se les contara. Colombia es de todos: Porque no sólo la corrupción está en las altas esferas como nos han contados. También está en eso pequeño que permites, y se engrandece por la forma en que lo alimentas, está en eso que enseñas a tus hijos el odio por su padre o su madre. En eso cuando engañas, en eso cuando robas. En esas pequeñas zorras que dañan la sociedad.