El Legado del Gran Colombiano

Santiago Pérez Solano

Álvaro Uribe Vélez es y será un ejemplo a seguir. Partió la historia de Colombia en dos: antes y después de él. Su legado siempre estará marcado en las páginas de la historia de este turbulento suelo. Clic para tuitear

 

“Nuestro esfuerzo tuvo una recompensa justa: dimos la bienvenida a cientos de miles de colombianos con el cálido abrazo del Estado”

Álvaro Uribe Vélez

Al momento de escribir estas líneas me encuentro en una de esas tardes frías y grises que solo la capital del país suele obsequiar, dónde la soledad del espíritu y la introspección del alma lo llevan a uno a cavilar profundamente sobre los actuales momentos que vive no solo Colombia, sino el mundo entero.

Atravesamos por tiempos de cambio, con antecedentes traumáticos y dolorosos para millares de familias y cientos de empresarios, para la estabilidad de la economía global y, así mismo, para el progreso y desarrollo de los pueblos.

La pandemia generada por el virus covid-19 alteró de manera ostensible los planes del globo terráqueo. Colombia no fue la excepción.

Desde tiempos remotos, más exactamente desde la independencia, el país no ha logrado superar su trágica historia, ni la conmoción de sus altercados ideológicos producto de la herencia de la conquista y la ilustración; pareciera como si los colombianos, de forma (in)consciente, lleváramos en nuestros genes la turbulencia de la gran revolución europea acaecida el 14 de julio de 1789 en la capital francesa.

Europa vivió tres importantes revoluciones: la francesa, la industrial y la bolchevique. La tragedia ocasionada por Adolfo Hitler en la primera mitad del siglo XIX no podría llamarse “revolución” desde ningún punto de vista, por lo menos en comparación con las causas que dieron origen a que los franceses incendiaran la Bastilla y decapitaran a su rey Luis XVI y a su esposa María Antonieta bajo las premisas de libertad, igualdad y fraternidad.  

Aterrizando un poco en el plano nacional, Colombia ha sido el epicentro donde lo producido por el intelecto de lo griegos, los franceses, los suizos, los ingleses y los alemanes ha originado un sinnúmero de problemas que hasta hoy han sido imposibles de conciliar.

Cuando los autores del Espíritu de las Leyes, el Contrato Social, El Capital, El Príncipe, etc., plasmaron sus ideas en unas páginas, jamás imaginaron el “efecto mariposa” que tales elucubraciones causarían en estas tierras primitivas.

Creo que Europa no se tomó tan en serio lo que sus intelectuales plantearon en su momento, con excepción de Francia y la madre Rusia, pero en cambio, los colombianos, al parecer, probaron, degustaron, masticaron e hicieron digestión con enorme circunspección cada letra y cada palabra de los libros que clandestinamente llegaron del viejo al nuevo mundo. Por algo esta patria fue llamada la Atenas de Suramérica.

Cuenta Gabriel García Márquez en su obra “El General en su Laberinto”, que el Libertador Simón Bolívar le ofreció la presidencia de la república a uno de sus más dignos generales, el gran mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, propuesta que este de forma inmediata rechazó con la excusa de que lo que este país necesitaba no era precisamente un presidente, sino un domador de fieras. Al parecer, cuánta razón tenía el hombre de la guerra.

Lo anterior nos lleva a concluir que, otrora, hemos estado sin tregua alguna en el ápice del violento enfrentamiento ideológico sobre la forma de gobernar estos territorios.

Así las cosas, ¿cómo acercarse a la personalidad de la figura política más importante de la primera mitad del S.XXI?

Centrarse en la figura del expresidente Álvaro Uribe Vélez significa aproximarse a un cúmulo de experiencias que impactan la inteligencia y alteran la imaginación.

Álvaro Uribe es sin duda alguna, el epicentro de dos fracciones contradictorias de la historia patria. Ni siquiera el hombre de las dificultades pudo dividir el trasegar de la historia nacional en antes y después de él, como sí lo hizo el estadista antioqueño.

Mi intención en estas exiguas líneas no es plasmar una tesis doctoral sobre el pensamiento político o económico de uno de los personajes que más controversia ha generado en este país, sino adentrarme un poco y resaltar la importancia, el valor y la fuerza de su legado, sobre todo, en las actuales circunstancias donde la falacia inventada por Karl Marx está causando más estragos que el coronavirus.

Antes del 7 de agosto de 2002, Colombia estaba envilecida, la economía había tocado fondo, los índices de desempleo eran exorbitantes, la inflación descomunal, aún nos rondaba el fantasma de los extintos carteles de la droga, los grupos subversivos habían vencido por completo a nuestra fuerza pública, con el agravante de que traíamos la vergüenza de un país descertificado, un presidente sin visa y otro a quién el jefe de las FARC humilló al dejarlo, como dirían en mi tierra, como las novias de barranca: solo, vestido y alborotado.

El futuro no era nada esperanzador. Los colombianos estábamos aterrorizados. No había un norte seguro. Nos encontrábamos como los hebreos, según cuenta el segundo libro de la toráh judía cuando salieron de Egipto huyendo del faraón, frente a un obstáculo insuperable: el mar rojo. No obstante, por razones de la fe o designios de Dios, todas las naciones tienen un Moisés o una Esther que con liderazgo, carácter y férrea disciplina logran cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Conforme con lo anterior, una vez culminó sus estudios en la Universidad de Oxford en Inglaterra, el expresidente Uribe retornó a Colombia para cambiar el rumbo de las oscuras circunstancias que vivía el país por la ausencia de liderazgo, producto del ostracismo de los partidos políticos frente a sus bases ideológicas, amen de los elevados niveles de corrupción al interior de los mismos.

Haciendo un paréntesis, la primera vez que vi y escuché al Dr. Álvaro Uribe Vélez fue en la Universidad Sergio Arboleda de Santa Marta, donde empecé mis estudios de derecho antes de trasladarme a Bogotá. Era el gobernador de Antioquia. La invitación se la hizo el ex ministro Sergio Díazgranados Guida, para aquella época Diputado del Magdalena, quien hoy cumple una importante misión al interior del BID con sede en Washington D.C.

Tres cosas importantes, si la memoria no me falla de esa conferencia magistral, las cuáles serían los fundamentos de su futuro gobierno: la seguridad democrática, la reducción del estado y las vías idóneas para la resolución de los conflictos. Recuerdo que regaló unas fichas rojas que contenían los parámetros puntuales para la negociación de los altercados internos en los países, basados en las tesis de un profesor de Harvard. Así mismo, un libro sobre la transición del estado burocrático al estado comunitario.

Continuando con los fines propuestos, que como dije, apuntan a resaltar y dar a conocer, quizás, a otro sector de esta Colombia polarizada, los méritos de un hombre con virtudes excepcionales, incluso, reconocidas por sus más acérrimos contradictores, porque el supuesto odio de los integrantes de la zurda radical en América Latina, tanto en lo político como al interior del poder judicial, lleva consigo una admiración frente a quién jamás podrán igualar, ni superar.

Álvaro Uribe Vélez es, sin lugar a dudas, el hombre más importante de Iberoamérica.

Antes del 7 de agosto de 2002, por poner un ejemplo, la ciudad de Santa Marta era un moridero. El Rodadero, símbolo del turismo nacional desde tiempos remotos, por la inseguridad de las carreteras, el permanente acoso de la guerrilla y el desinterés de los gobernantes de turno, era lo más parecido a un pueblo fantasma. Hoteles y comercio quebrados; ni hablar del Parque Tayrona, la Sierra Nevada y el resto de santuarios marinos que ostenta la perla más linda del caribe, a donde ni siquiera se podían ir ante el peligro de un secuestro con final mortal o una extorsión por parte de grupos paramilitares y subversivos.

La ciudad de Bastidas, fundada el 29 de julio de 1525, estaba, prácticamente, como la encontró el adelantado don Rodrigo cuando su barco fondeó en la bahía de la ciudad que lleva el nombre de una de las hermanas de Betania que narran los evangelios: Marta, hoy santa de la Iglesia Católica.  

No obstante, una vez posesionado como presidente de la república, la historia de la capital del magdalena, así como también, del resto del territorio patrio dio un giro de 180º.

El país entraría en un período de prosperidad inigualable. Uribe, como gran jinete con su caballo, cogió las riendas de la patria y puso cada cosa en su sitio.

La economía, antes en caída libre, empezó a reactivarse; el sistema financiero se fortaleció con el fin de que más colombianos tuvieran acceso al crédito; le invirtió a la educación pública, le apostó a la inversión extranjera, le abrió las puertas del país a la aldea global a través de los tratados de libre comercio asestándole un duro golpe a los monopolios y permitiendo la sana competencia con más productos, bienes y servicios provenientes del extranjero, sin afectar a los pequeños y medianos empresarios y protegiendo al sector rural.

Desde el punto de vista económico y financiero, culminó con gran éxito su proceso de saneamiento de la hacienda pública, redujo la deuda, acrecentó el gasto público social, su política de impuestos fue acorde con lo plasmado en su programa de gobierno, no tocó el IVA, comprimió la burocracia del Estado con el fin lograr el máximo ahorro posible, cumpliendo a cabalidad con sus planes de austeridad.

Ahora bien. La seguridad democrática ha sido la más exitosa en toda la historia de Colombia. Incrementó y fortaleció la capacidad militar de la fuerza pública, profesionalizó a los miembros del estamento militar y de policía, mejoró sus salarios, suscribió acuerdos de cooperación en materia militar y policial con el gobierno de los E.U., por primera vez, el Ejército, la Policía, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea tuvieron armamento sofisticado, aviones, helicópteros y naves aptos para la lucha contra el narcotráfico y la subversión, es decir, nuestras fuerzas armadas recuperaron la dignidad de sus tropas.

Varios cabecillas de las FARC, ELN y grupos paramilitares fueron dados de baja.

Así mismo, logró la desmovilización y posterior extradición de los jefes de las autodefensas de Colombia.

Se neutralizaron grupos delincuenciales al interior de las ciudades y departamentos.

Los colombianos, después de lustros de terror, volvimos a sentir esperanza, regresamos a nuestros viajes familiares por las hermosas carreteras de Colombia, los campesinos y los dueños de la tierra retornaron a sus parcelas y propiedades, estuvimos seguros, por la sencilla razón de que un hombre proveniente de las montañas antioqueñas nos devolvió la confianza en el Estado.

Nos sentimos gobernados, recuperamos la dignidad nacional.

En sus relaciones con el resto del país, Álvaro Uribe fue un respetuoso de la descentralización territorial, trabajó en equipo con alcaldes y gobernadores a través de sus consejos comunales, logrando la eficacia en la inversión de los recursos y la solución inmediata de los problemas en las comunidades. Tanto fue el éxito de su manera de relacionarse con los entes territoriales que muchos gobernantes seccionales y locales copiaron sus consejos comunales como política pública para la ejecución de sus programas de gobierno.

Desde el plano personal el país conoció, más que a un presidente, a un hombre leal, fiel a su palabra, incansable trabajador, paisa de pura de cepa y un esposo y padre ejemplar comprometido con los suyos.

A pesar de todas las contrariedades, las vicisitudes y el trágico destino que lleva consigo ser el hombre más importante de Colombia y la persecución de sus más enconados enemigos, nuestro líder continúa preocupado por Colombia y por los colombianos, no descansa, día a día continúa en la batalla, como los más fieles guerreros que jamás se entregan de rodillas al oponente.

Álvaro Uribe Vélez es y será un ejemplo a seguir. Partió la historia de Colombia en dos: antes y después de él. Su legado siempre estará marcado en las páginas de la historia de este turbulento suelo. Mientras viva será muy difícil que alguien, entre sus más cercanos amigos y discípulos, pueda igualarlo o superarlo.

De igual forma, en la izquierda comunista radical, incluso, al interior de las mismas cortes, no existe ni existirá una figura que reúna las calidades y virtudes excelsas del expresidente Álvaro Uribe Vélez, ni siquiera en el plano intelectual.  

Así las cosas, traigo a colación la frase del Libertador Simón Bolívar respecto del naturalista y explorador Alexander Von Humboldt:

“más de uno en América Latina quisiera ser, al menos, una hebra de cabello de Álvaro Uribe Vélez”.

¡Ojo con el 2022!