El Lobo que está matando a Líderes Indígenas

Julio Mario Salazar Restrepo

Julio Mario Salazar
A los líderes indígenas del Cauca los están matando sicarios de las diferentes bandas criminales: específicamente, de la disidencia autodenominada columna móvil Dagoberto Ramos Farc-EP; pero también, de los Pelusos, del EPL, etc. Clic para tuitear
Julio Mario Salazar

El debate sobre la venida de la minga indígena a Bogotá solo se puede dar en un contexto de clarificación de los hechos e información desapasionada. De otra manera, no será más que otra pelea entre dos bandos señalándose con palabras como narcotraficantes, racistas, xenófobos y otros calificativos más fuertes que no llevan a ningún lado. La problemática es clara: Líderes indígenas están siendo asesinados y tenemos que encontrar una solución… ¡Punto!  El tema es que la mayoría de personas que discuten sobre el asunto, no saben a ciencia cierta quien está matando a los líderes sociales. Hay quienes piensan que es el estado: que unos personajes racistas y xenófobos se han infiltrado en el gobierno y en las fuerzas militares, y que en una expresión de fascismo total, están buscando acabar con los indígenas del país para quitarles sus tierras. ¿Qué puedo decir?… con los que piensan eso difícil será tener una conversación inteligente o algún tipo de diálogo serio.

A los líderes indígenas del Cauca los están matando sicarios de las diferentes bandas criminales: específicamente, de la disidencia autodenominada columna móvil Dagoberto Ramos Farc-EP; pero también, de los Pelusos, del EPL y de otras 14 bandas criminales más que defienden su negocio a capa y espada, y que se llevan por delante a cualquiera que afecte sus intereses. “de ahora en adelante vamos a acabar a todos esos guardias lambones… más pendejos haciéndose matar, pero pues toca hacernos respetar… así que todo el que porte el logo de la CRIC o cargue esos palos serán objetivo militar”. Cosas que quedan escritas en panfletos que distribuyen estos criminales en las poblaciones.

Las mismas autoridades indígenas han manifestado que las acciones en contra de ellos son una retaliación por haberle prohibido a la comunidad la siembra de cultivos ilícitos. En entrevista con Semana, representantes de la CRIC explican:

“Los narcotraficantes necesitan de las armas para proteger y promover su negocio ilegal, los dineros del narcotráfico son el combustible para todos los grupos armados”.

La causa del problema es indiscutible: mientras haya narcotráfico, la violencia seguirá siendo protagonista en nuestro país. No nos podemos quedar debatiendo durante meses, días ni horas, que el narcotráfico se va a acabar cuando legalicemos la droga. Eso no lo puede hacer Colombia de manera unilateral en contra de la comunidad internacional. Mientras el mundo logra establecer que la droga es un problema de salud pública que se debe manejar de otra manera, los colombianos tenemos que dejar de cultivar, procesar y transportar droga ¡Punto! No por el resto del mundo; sino por nosotros mismos. ¡No nos podemos seguir disparando en el pie!

Muchos líderes indígenas lo han entendido y por eso se han montado en los programas de sustitución de cultivos que el gobierno de Duque les ha planteado. Pero lo cierto es que siguen habiendo muchísimos indígenas invitando al lobo a su casa cultivando coca en los predios donde, por ser resguardos especiales para ellos, no se puede entrar a destruir los cultivos. Además de esto, como ha habido excesos de algunos soldados, los líderes indígenas tienen el argumento para que no haya presencia del ejército en estas zonas y decidieron que serían ellos mismos los que tendrían el control total de su territorio. Ante esto, las bandas criminales han visto una oportunidad y precisamente por eso se abastecen de su coca en estas zonas donde saben que no hay quien los contenga. Por más que quieran, la guardia indígena no tiene las armas, los métodos, ni el entrenamiento para enfrentarse con estos delincuentes.

La solución no es fácil, pero el camino es evidente: hay que meterle toda la ficha al tema de sustitución de cultivos y unir a la opinión pública respecto a que es un objetivo nacional acabar con el narcotráfico. No más personas ni partidos políticos, que tratando de sacar provecho, justifican a quienes se dedican a cultivar coca con el argumento de que no hay más opciones para salir de la pobreza. Hay que definir como indicador primordial de los planes de gobierno al número de hectáreas de coca que hay en el país, y que cada uno de nosotros los colombianos celebremos la disminución de ese indicador como cuando la selección mete un gol.

Si se pudo hacer en el Vichada donde según el SIMCI se pasó de 9000 hectáreas en 2008 a solo 245 en Diciembre de 2019, se puede hacer en el Cauca, en Norte de Santander, en Putumayo y en el Caquetá. Pero tenemos que estar de acuerdo con el fin, dejar de poner palos en la rueda con demagogia barata y poner el foco donde tiene que estar. La opinión pública debería respaldar estas iniciativas y reconocer que el gobierno de Duque ha demostrado que no solo quiere acabar con los cultivos ilícitos sino que también quiere transformar las condiciones de vida de las familias indígenas y campesinas en las zonas donde hay cultivos.

Dagua Cauca es un buen ejemplo donde se están implementando los programas de participación entre las comunidades, gobierno nacional y las autoridades locales para formular e implementar los planes integrales de sustitución (PISDA). Durante los dos años de gobierno, se han destinado $1.2 billones para apoyar las principales necesidades de las comunidades indígenas, afros y campesinas en el Cauca. A través de los PDET de los que hablé en la columna pasada, se han materializado 900 obras que sirven como proyectos de reactivación económica para entregar vías terciarias, infraestructura en salud, y traspaso de tierras para los grupos priorizados. La cantidad de proyectos productivos que benefician a estas familias los pueden ver en el portal para la paz que presenta el equipo liderado por Emilio Archila. Portal para la paz. Las condiciones están dadas, lo que no está es el respaldo político de la mitad de los colombianos que de forma mezquina lo niegan porque respaldar al gobiernos es ir en contra del discurso que han construido.

Ya son 188 mil familias cubiertas con planes de sustitución y 41 mil hectáreas; así que vamos por las 154 mil que faltan. Tratemos de convencer a los líderes Indígenas y a la CRIC que dejen entrar al ejército nacional para poder protegerlos. Puede ser con una veeduría controlada por ellos mismos para que el resto del país esté al tanto de cualquier exceso por parte de soldados que allá estén en misión. ¡Pero de por Dios! Dejemos de pararle bolas a los populistas que están tratando de pescar en rio revuelto manipulando a la opinión pública haciéndole creer que el gobierno de Duque es el culpable de que narcotraficantes maten a líderes sociales.

Julio Mario Salazar
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Vivir muchas y diversas experiencias con algo de hedonismo, enriquecerse con lecturas de todo tipo. Estimular la mente y compartir… porque la existencia es una aventura totalmente interior e individual, pero el significado de la misma lo encuentras en tu relación con los demás. Ingeniero Industrial de La Universidad de los Andes y MBA del Instituto de Empresa, pero Economista Político por pasión. Desde VP de multinacional grande, cabeza de empresas tecnológicas pequeñas, hasta funcionario público por puro amor al servicio. He vivido en Estados Unidos, España y Alemania solo por experimentar, ¡pero siempre vuelvo queriendo más a Colombia!