El nuevo rumbo político de Colombia

Fernando Orjuela Galeano

Fernando Orjuela

@PoliticaPuntual

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La dinámica de la política en Colombia está tomando unas dimensiones impredecibles. La renovación implícita y el posicionamiento de los nuevos movimientos y partidos sobre todo de izquierda, centro y centro izquierda en Colombia, con el triunfo de sus candidatos en ciudades y municipios de gran importancia a nivel nacional, sin duda es un fenómeno trascendental que empieza a cambiar radicalmente la visión de país. 

Si bien estas nuevas alternativas se enmarcan en el esquema institucional y democrático al que hemos estado acostumbrados los colombianos, es claro que su forma de concebir la política es muy diferente y su concepción ideológica empieza a marcar derroteros que pueden chocar muy fuerte con el engranaje gubernamental existente.

Lo que se percibe en las nuevas tendencias políticas que hoy han adquirido gran poder electoral, es la necesidad expresa de cambiar todo per se, salvo muy contadas excepciones que han expresado el deseo de continuar la buena labor en algunas instituciones. Sin embargo, es pertinente tener en cuenta, que es legítimo pero equivocado que el triunfo en las urnas como deseo de la voluntad popular, es para ejercer el poder y para poder gobernar por su causa y con los amigos independientemente de su capacidad profesional, convirtiéndose en arma de doble filo para los intereses del bien común, tan atropellado y despreciado en nuestro país, como una pésima costumbre que ninguna reforma política ha podido modificar.

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Los conceptos de meritocracia, experiencia, profesionalismo, bagaje, usualmente han sido despreciados históricamente en el ejercicio de la política sobre todo en el orden regional y han tomado alguna importancia en el orden nacional, a donde se ha empezado a respetar el concepto de carrera administrativa, pero en los puestos de libre nombramiento y remoción sigue primando el compadrazgo, el amiguismo, la devolución de favores, las cuotas políticas derivadas del financiamiento de campañas y el afán del enriquecimiento ilícito en el ejercicio del poder, que ha sido común denominador en todos los niveles del poder político en Colombia y en todos los partidos.

Desafortunadamente también la política o mejor la politiquería en Colombia se sigue concibiendo de manera generalizada y por supuesto equivocada, como el ejercicio del poder para el beneficio propio o grupal y esa característica sigue haciendo destrozos en el erario público y en el ejercicio de la función pública. Las promesas de campaña normalmente se difuminan o se incumplen y no hay forma de castigar en los estrados judiciales a los políticos en el ejercicio de sus funciones o después de dejar el poder por sus incumplimientos y el castigo político se torna tenue e impune con el tiempo por la poca capacidad de memoria de los ciudadanos. Sabemos poco o casi nada de política y somos expertos en politiquería.

Preocupa sobre manera que los vicios políticos enquistados en la realidad nacional hayan hecho tránsito y hayan mutado su alcance empoderando a las nuevas tendencias, movimientos o partidos, con un agravante impredecible y muy peligroso que puede traer desagradables sorpresas al país y es que la politiquería y la corrupción se está amalgamando con un gran de resentimiento social sin precedentes en la historia, que puede distorsionar a corto plazo completamente el panorama económico y social del país. 

No han entendido los políticos que la gran clave para ser muy exitosos y perdurar en el tiempo es jugársela por el BIEN COMÚN, ejecutado proyectos con estrategias transparentes de ejecución. Propender siempre por esta causa con resultados plausibles y palpables los haría grandes y bien recordados independientemente de que posición ideológica los cobije.  

Hacer politiquería con resentimiento social en nuestro país se está tornando una costumbre de moda, malsana y muy peligrosa, pero lo es aún más su aceptación en la ciudadanía. Hay que decirlo, ser corrupto y politiquero en este país no pasa de ser un calificativo de baja monta y sólo en un sector pequeño de la población genera rechazo y repudio, pero tampoco esa posición tiene trascendencia. La pasividad y el desamor por el país es latente. Acá está pasando todo lo grave y no pasa nada. 

Resulta repudiable que los políticos corruptos resentidos sociales sean tendencia en las redes y gocen de alta popularidad en las encuestas. Es muy grave que hayan logrado poder político y además admiración en nichos de la población que son el futuro del país. También es muy grave el pisoteo e irrespeto constante a la ética, a los valores, a los principios, a la autoridad constitucional y ahora a la fuerza pública que se puso de moda en las manifestaciones, pero lo que es aún más grave, es que genere rechazo en algún sector minoritario, por lo que se ve y se expresa en las redes sociales que finalmente es un instrumento inane, sin trascendencia real y poco útil como elemento efectivo de protesta.

Resulta repudiable que los políticos corruptos resentidos sociales sean tendencia en las redes y gocen de alta popularidad en las encuestas. Clic para tuitear

Habrá que preguntarse dónde está la #GENTEdeBIEN de COLOMBIA rechazando con contundencia esa podredumbre politiquera que cada día nos cobija más?  ¿Tenemos que preguntarnos a donde están los líderes dando ejemplo de grandeza? ¿Y también nos tenemos que preguntar a donde está la ciudadanía empoderada defendiendo sus derechos, sus deberes, su capital social y sus bienes comunes? 

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Acerca de Fernando Orjuela Galeano 38 Articles
La Política, el arte, las tertulias y escribir son sus grandes pasiones. La tranquilidad del campo cabalgando y apreciando el ganado es tal vez, lo que mas goza y le da satisfacción, sin embargo una buena conversación es lo que mas lo reconforta, pero sin lugar a dudas lo que mas admira es la inteligencia del ser humano.