El pleito por la legalización de la droga y un cuento corto Clic para tuitear

 

Se levantan políticos y jueces de diferentes ideologías, unos buscando la legalización de la droga y otros evitándola. En la mitad esta un pueblo colombiano, algunos que conocen la desgracia de este terrible vicio, muchos que conocen la desgracia de lo que es tener a un familiar en este tipo de problema, porque la droga lo es. Muy pocos que han vuelto entienden de lo que se habla.

Los que conocen el problema de fondo son férreos opositores de la legalización, pero también muchos de los que apenas están militando en estos caminos solo quieren tener la libertad para consumirla delante de quien sea ya que eso es ¡libertad!, y en el fondo no es más que libertinaje.

Me pregunto con frecuencia si el pueblo colombiano no está cansado que muchos líderes políticos tiren muerte a los ciudadanos, a sus hijos, a sus nietos.

Quienes están más interesados con tal legalización son sus productores, aquellos que manejan desde esferas del poder político, sus secuaces para que establezcan dichas leyes que no les impida llenar sus bolsillos de dinero, porque no hay nada más bueno que poner comida en la mesa mediante sangre medianamente inocente.

¿Qué pasa con una vida llena de droga? ¿Qué sucede después del efecto? Sigue el mismo vacío, porque los problemas no se solucionan solos.

Los políticos que dicen preocuparse por el pueblo, pero quieren llevarlo a una destrucción, quiero decirles que ellos no quieren al pueblo simplemente lo quieren usar para su beneficio personal porque si fueran del pueblo así mismo les brindarían las ayudas para solucionar el ánimo del individuo. Y esa ayuda no es precisamente la droga.

Cuando veo políticos con esta única opción analizo con lógica y comprendo el dinero que se mueve de tras, lo que me entristece ver es a un puñado de gente colombiana queriendo muerte para sí, para los suyos. Entonces comprendo que ese es el nivel de amor que se tienen ellos mismo.

ALGO INCONCLUSO

Es uno de los encuentros juveniles de militantes políticos, muchachos que quieren cambiar la nación, las nuevas generaciones donde se levantan líderes dispuestos a cambiar el rumbo de un país.

Yo sentada en el fondo advertí su vestimenta, con su turbante de cabello en la cabeza que le descolgaba hasta en la cara de inmediato entendí.

Es comunista.

Da su charla, en la cual de manera prepotente y mal afincada insiste que la cabeza de nuestro partido de derecha es un asesino.

Algo no está bien.

Pensé para mis adentros, porque mirando de manera lógica quien le pagaría esa conferencia sería el mismo asesino el cual él odia, nuestro líder de partido y asesino para él. Cuando se termina la reunión noté como de manera desesperada metía las manos en las ricas viandas que había preparada el partido fascista, de inmediato me causa inquietud su moral , y entendí que los comunistas suelen no tenerla y son muy similares a los abogados laboralistas donde muchos son sindicalistas, que salen a hablar de moral por la situación laboral de un país , pero cuando entienden que nada recibirán de las buenas obras corren a los patronos a defenderlos y vender a quienes creyeron en ellos, el comunismo deja muchos espacios inconclusos.

Johanna Rodríguez
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