El que no recuerda la historia, está condenado a repetirla

Orlando Abello Martínez-Aparicio

@orlandoabello 

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La  historia suele repetirse, a veces traspalada de lejanas latitudes a nuestro contexto geopolítico, y en otras ocasiones con realidades repetitivas de lecciones no aprendidas, mal recordadas, u olvidadas en nuestro propio entorno histórico.

Por vía de ejemplo,: transcurrido más de un siglo de la promulgación (en 1913) del  destructivo decálogo escrito por Lenin, en el que incitaba a lavar el cerebro de los niños y jóvenes para convertirlos en piezas inamovibles  de una diabólica maquinaria que aupara la lucha de clases; recientemente, -el  pasado13 de Junio-  las redes dieron cuentan de la insólita reunión convocada en la Guajira por el senador comunista Iván Cepeda con adolescentes de esa región, con el pretexto de “resarcir las banderas del Movimiento Juventudes Rebeldes”.

La insólita reunión convocada en la Guajira por el senador comunista Iván Cepeda con adolescentes de esa región, con el pretexto de “resarcir las banderas del Movimiento Juventudes Rebeldes”. Clic para tuitear

Por supuesto, se trataba de un ejercicio proselitista prevalido de su fuero de senador, con el propósito protervo de incitarlos a seguir al pie de la letra el libreto del fracasado experimento del socialismo siglo XXI de Chaves y Maduro, inspirado en el defenestrado modelo marxista-leninista.

Ese mismo día -13 de Junio 2019- nos resultaba inevitable recordar –aunque la mayoría de los medios lo hicieron-, que se cumplía 66 años del golpe de estado propiciado por el General Gustavo Rojas Pinilla contra el presidente legítimo de los colombianos ,Laureano Gómez, en 1953.

Esta irrupción brusca de nuestro orden constitucional perduró hasta el 10 de Mayo de 1957, fecha en que Rojas cesó la usurpación forzado por lo que se denominó un “golpe de opinión”.

Podríamos, por supuesto, intentar hacer un balance de lo que significó para la Patria el gobierno de facto del General Rojas; pero para los efectos de esta reflexión  basta recordar, que el solo hecho de propiciar  la ruptura del orden constitucional a través de un “cuartelazo”, fue grave  per se;  y que las secuelas  no se hicieron esperar.

En efecto, lo que ahora denominan “disidencias  de las FARC” también existieron en 1970 con el nombre de M-19.

Un sanguinario grupo guerrillero fundado con la pretendida justificación de repudiar la elección de Misael Pastrana Borrero por la supuesta ocurrencia de un fraude electoral.

Aunque hay que abonar al General Rojas su aceptación pacífica del fallo de las urnas, tras acudir a una reunión convocada en la sede de la Nunciatura por el Nuncio Apostólico Ángelo Palma y el saliente presidente  Carlos Lleras Restrepo; no sucedió lo mismo con algunos de sus seguidores que optaron por rechazar esta decisión y prefirieron levantarse en armas contra el régimen legítimo.

Entre los muchos crímenes de lesa humanidad cometidos por el M-19, quizá el más horrendo e imperdonable –sin embargo a ellos se les perdonó-,  fue la irrupción a sangre y fuego en el Palacio de Justicia el 6 de Noviembre de 1985, financiados por el narcotráfico, para perpetrar el  execrable holocausto a las Altas Cortes de Justicia.

Entre estos últimos,  el tristemente célebre “Comandante Aureliano”, actual jefe de la oposición en el Senado de la República, en virtud de una norma constitucional que reconoce esta dignidad al candidato vencido en  las elecciones presidenciales precedentes a la instalación del nuevo Congreso.

Pero la historia se repite, y el “ex comandante Aureliano” promueve ahora la desestabilización del gobierno del Presidente Iván Duque combinando todas las formas de lucha, amparado en la legitimidad de unas instituciones generosas y permisivas que le permite traspasar a su antojo la frontera invisible entre el estado de derecho y la subversión.

El ínclito Senador Petro, flamante jefe de la oposición, antiguo “comandante Aureliano” , incita a marchas y paros, que no son propiamente el ejercicio del derecho pacífico de la protesta, sino que devienen en  ataques incendiarios contra la humanidad de nuestros inermes policías y contra los bienes de la gente trabajadora y laboriosa que crea riqueza y empleo en beneficio de nuestros conciudadanos.

 En paralelo, los colombianos asistimos absortos al bochornoso espectáculo de presenciar a otro ex comandante guerrillero premiado con curul en el Congreso de la República,  fungiendo de “padre de la patria”.

El  “ex comandante Santrich“, según todas las evidencias recaudadas  por la Fiscalía de Colombia y corroboradas por las autoridades judiciales de Estados Unidos, continuó delinquiendo  -después de la firma del acuerdo de paz suscrito entre esa guerrilla y el gobierno de Santos- de la mano del oprobioso crimen trasnacional del narcotráfico .

 La única diferencia son las fechas de los hechos y los nombres de los cómplices:

En 1985 las disidencias de la ANAPO – léase M-19- asociadas con el narcotraficante Pablo Escobar,

En 2018 las disidencias de las FARC asociadas al peligroso Cartel mexicano de Sinaloa.

Estas son las fuerzas que se la juegan todo por el fracaso del gobierno del presidente Iván Duque con la pretensión de convertirse en alternativa de poder en 2022.

Quien no aprende de la historia está condenado a repetirla, reza el refrán popular.

El ínclito Senador Petro, flamante jefe de la oposición, antiguo “comandante Aureliano” , incita a marchas y paros, que no son propiamente el ejercicio del derecho pacífico de la protesta Clic para tuitear

O nos unimos y reconstruimos la Patria de la mano de presidente que elegimos Iván Duque y de los defensores de nuestros valores democráticos bajo el liderazgo del ex presidente Álvaro Uribe; o nos dividimos y estaremos abriendo paso a la instauración de una dictadura narco terrorista como la que se instaló desde hace 20 años en el Palacio de Miraflores.

Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 18 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.