Es la oportunidad histórica para demostrar que cansados estamos de la miseria moral y del gigante monstruo que debemos dominar, ese Leviatán que está por someternos llamado el Régimen y el Estado Clic para tuitear

 

Desde el 19 de junio de este año en curso, dormir bien es una irrealidad de quien se preocupa por el país y el dulce efecto de la cocaína acuosa en el cuerpo para quienes eligieron el gobierno de infausta memoria que se posesionará en pocos días: de verdad que hallar un oasis de paz y reconciliación es la mentira más grande (y más humana) que se vendió en la campaña es imposible, y más cuando los adalides de la “revolución y el cambio” son gobierno con la mayoría de los que querían sacar a escobazos del estado; cuando se volvieron amigos de paramilitares, guerrilleros, militares, policías y grupos de actuación bélica y al margen de la ley a la vez y cuando celebraron el poder al costo de la vida, la libertad, el bolsillo y el pan de los ciudadanos de este paraíso de mesías ocasionales.

Recuerdo yo que hace algún tiempo, en Villa del Socorro, una mujer llamada Manuela Beltrán se le dio por leer un panfleto que anunciaba más impuestos que perjudicaban las ventas, el bolsillo y el trabajo de los súbditos de la corona. Esa mujer, con su espíritu enervado (Ya que era una comerciante y sabía el valor del dinero), frente a toda la población, rompió el susodicho edicto al grito de “Viva el Rey, ¡Muera el mal gobierno!” iniciando así una insurrección, la Comunera, precursora de nuestro proceso independentista; y traigo a la memoria esta anécdota de la historia nacional para apelar a la conciencia de los connacionales que hoy sufrimos por la futura nueva reforma tributaria que es consecuente a la fiesta de años pasados y por venir de derroche innecesario y perverso que busca comprar con dinero el sentido de realidad del subsidiado y la lealtad del opositor y el amigo del régimen, corrupción institucionalizada en los pactos de gobierno, excesiva burocracia, un costoso y lento proceso de paz a la par del nacimiento de otro y la inacción e ignorancia de los dirigentes nacionales que a diario quiebran, acribillan y hurtan las libertades individuales y las pocas monedas que quedan en el fondo de los ya casi vaciados, castigados y casi inexistentes ahorros ciudadanos… En pocas líneas: sufrimos la anarquía del reinado cruel de la soberbia.

La única esperanza que nos resta está en la reflexión a quienes estamos en contra de este deliberado sabotaje a la comunidad y al individuo: si queremos menos impuestos y menos política basura y cobarde, es obligatorio exigir menos estatismo, menos intervención y menos sombras de un fantasma que acecha nuestra individualidad y nuestra tranquilidad. Llamo a organizarnos desde el sentido común y la protección de las virtudes que hacen grandes a los hombres a todo ciudadano, a los intelectuales, a los trabajadores y empresarios, al estudiante y al doctor también llamo a que no se permita que un estado criminal, ineficiente y secuestrado por la progresía y la inmoral prostitución de los políticos hampones nos recluyan en nuestros hogares como si fuéramos presos, nos quiebre hasta nuestro espíritu y, de paso, se lleve por delante el país; pido con esta nota a que el estado no tenga derecho a nuestra vida por el deseo de unos, de manera urgente a los amantes de la libertad solicito a dejar nuestras diferencias, construir una ruta común que no sea abanderada por niños obtusos e influencers iguales al establecimiento que critican y trabajar por difundir el espíritu nacional, no es momento de alabar izquierdas o derechas, es la oportunidad histórica para demostrar que cansados estamos de la miseria moral y del gigante monstruo que debemos dominar, ese Leviatán que está por someternos llamado el Régimen y el Estado, evitando que los años de Tiberio sean largos y oscuros, resultando en el destierro de los justos y la prostitución de la patria en manos de intereses egoístas y pervertidos.

Valentín García Borja
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Valentín García-Borja Von Harnicsh. Estudiante de Derecho UCLA, coleccionista musical y apasionado por el debate, las artes y la política.