El Sagrado Deber de Ingratitud

Orlando Abello Martínez-Aparicio

@orlandoabello 

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El magistrado de la Corte Constitucional, Carlos Bernal Pulido, representa la majestad de la justicia en uno de sus más preciados principios: “El Sagrado Deber de Ingratitud”, frente a su nominador y a sus electores, en su caso particular: el ex presidente Santos y el Senado de la República, respectivamente.

Este principio esencialmente legítimo y profundamente ético, “radica en que los jueces de las Altas Cortes tienen un deber de ingratitud con sus electores. De no se así, la autonomía e independencia judicial se vería obstruida al momento de aplicar la constitución”.

Complementamos la cita arriba mencionada, publicada en una columna de opinión, afirmando que pretender que los jueces no fallen en derecho, sino atendiendo el querer político de quienes los ternaron y/o eligieron, sería, ni más ni menos, una flagrante incitación a prevaricar.

El Magistrado Bernal Pulido (a quien no conozco personalmente), sorprendió -de entrada- con su primera actuación a quienes esperaban una decisión parcializada y comprometida con las mayorías del Congreso. 

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Se trataba de un fallo trascendental sobre la implementación de los Acuerdos de la Habana, en el que se apartó del “unanismo enmermelado” enquistado en las más altas instituciones del Estado, y le devolvió al Parlamento la facultad de opinar, discutir y proponer reformas a los actos legislativos… ¡Lo mínimo!

Con justificada incertidumbre -dados los antecedentes de la época- el columnista del semanario oficialista de los López y los Santos, José Manuel Acevedo, (27 Mayo 2017) expresó: “Ojalá el magistrado Bernal no le sea leal ni a Santos ni a Viviane sino a la Constitución. Con sus nominadores y electores, tiene el deber de la ingratitud”.

Pero muchos años antes (13 Abril   2009), Rodrigo Uprimy el más caracterizado jurista de izquierda del país, e ideólogo de la arquitectura institucional de los nefastos acuerdos de paz (negados en el plebiscito del 2 de Octubre de 2016), se expresó en el mismo sentido lo innegable: 

“El deber de ingratitud. Los Jueces y los integrantes de los 

organismo de control deben no solo ser expertos en su tema, sino que tienen un deber de ingratitud hacia quienes lo eligieron pues, de no ser así, ¿en qué quedaría su independencia, que es una condición necesaria para ejercer apropiadamente sus funciones?”

Recientemente, con ocasión del fallo de la Corte Constitucional que “tumbó” la ley 1943 de 2018 (ley de financiamiento), el Magistrado Bernal Pulido -el mismo que ternó Santos y eligió el Congreso mayoritariamente Santista- , se apartó de la decisión mayoritaria de la Sala Plena y suscribió un valeroso, extenso y sólido salvamento de voto, en el que sustenta su oposición a la mencionada sentencia.

Esto, por supuesto, incomoda a los áulicos del nefasto régimen derrotado en las urnas por el presidente Duque, quienes no cejan un instante en su implacable despropósito de no dejarlo gobernar. 

Para ello recurren a la combinación de todas las formas de lucha, al mejor estilo de sus socios de las Farc, pero mucho peor, pues después de 8 años de gobierno cuentan con aliados al interior de la institucionalidad.

Ahora entiendo, el porqué a principios del mes en curso, el ex candidato presidencial liberal Juan Fernando Cristo declaró al El Heraldo de Barranquilla: que el entonces presidente Santos habría cometido errores, pero el más grave había consistido en incluir al doctor Carlos Bernal Pulido en una terna para elegir magistrado a la Corte Constitucional; puesto que, en su opinión, el voto de este en la Alta Corporación de Justicia había contribuido a dilatar la implementación de los Acuerdos de la Habana.

Pero es más triste aún, comprobar -confesión de parte relevo de prueba- que quienes han hecho parte de la alta dirigencia del Estado irrespeten la Justicia, promuevan su politización e inciten a la prevaricación como método de lucha política.

Quienes votamos NO al plebiscito y SÍ a la elección del presidente Iván Duque, no debemos ahorrar sílabas que contribuyan a construir una narrativa real de la historia política contemporánea; llamando las cosas por su propio nombre, y delatando el proceder torcido de quienes le juegan a no dejar gobernar con el vano propósito (¿o despropósito?) de elegir en el 2022 un gobierno de transición al socialismo del siglo XXI… ¡No pasarán!

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Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 22 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.