El “sicariato”

Orlando Abello Martínez-Aparicio

@orlandoabello 

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No hay nadie más cobarde que aquel que dispara contra una persona inerme e indefensa; y nadie más vil y canalla que quien se esconde detrás de un asesino a sueldo, y paga por “la vuelta”. 

Cada vez que un sicario aprieta el gatillo y cierra por siempre  los ojos de un ser humano, que instantes antes miraba al mundo como un lugar seguro, se nos arruga el alma y nos sentimos intimidados, impotentes, inseguros y desmoralizados.

Esa sensación de dolor y solidaridad nos afecta terriblemente (aún en aquellos casos en que no conocimos a la víctima ni a sus deudos), como nos ocurrió recientemente a raíz del asesinato de un prestigioso pediatra de Valledupar.

Estas noticias, inevitablemente golpean nuestra sensibilidad y aplastan los valores fundamentales de la civilización.

Cada vez que un sicario aprieta el gatillo y cierra por siempre los ojos de un ser humano, que instantes antes miraba al mundo como un lugar seguro, se nos arruga el alma y nos sentimos intimidados Clic para tuitear

En mi lejana juventud me impactó y nunca olvidé el primer caso de “sicariato” en figura pública, que aún registro en mi memoria y me marcó por siempre.

Fue a mediados de los años setentas. Asistíamos al concejo de Barranquilla, y cualquier día fuimos sorprendidos con la noticia del asesinato del contralor distrital y de su esposa.

La agresión sucedió cuando se movilizaban en su auto de Soledad a Barranquilla y fueron interceptados por sicarios que los eliminaron sin compasión.

Este fue su último desplazamiento en este mundo; y también el primer caso de “sicariato” de un alto funcionario público, -que yo recuerde- en una urbe tradicionalmente pacífica y segura.

De esa época, hasta hoy, la lista de asesinatos perpetrados por sicarios es infinita e incuantificable, y los móviles  tantos y tan variados, que sería misión imposible intentar un inventario de los mismos.

Caso aparte y endemoniadamente sofisticado, fueron los magnicidios ejecutados contra líderes políticos, militares incorruptibles y periodistas insobornables, en las décadas de los 80´s y 90´s.

Detrás de todos ellos estuvo la poderosa máquina de guerra del narcotráfico, así como estuvieron en la retaguardia de  la guerrilla ejecutora de la toma del palacio de justicia y el cruento asesinato de los magistrados de las altas cortes.

La corrupción pública y privada no ha sido ajena a este fenómeno; aún subyace en nuestra memoria lo acaecido hace poco tiempo en el departamento Córdoba, donde presuntamente un satánico contubernio entre funcionarios y contratistas  concibieron la desaparición y muerte del funcionario responsable del manejo de las regalías.

Pero retornando al caso del sacrificado galeno cesarense; hizo bien el presidente Duque en convocar a la brevedad un consejo extraordinario de seguridad en Valledupar y conformar una instancia  interinstitucional de alto nivel que desvertebre la nueva estructura “sicarial” que tiene azorado al departamento del Cesar.

¡Pero ojo, señor Presidente!, es preciso prevenirle, con el mayor respeto, que el “sicariato” es una pandemia nacional , heredada del anterior gobierno que despreció la política de seguridad democrática de su antecesor y privilegió a la delincuencia organizada so pretexto  de una falsa paz.

Así lo confirman las noticias sobre el creciente deterioro del orden público y el inclemente accionar de la delincuencia común sobre lo cual diariamente informan los medios de comunicación y las redes.

En la medida que avance el proceso electoral del próximo 27 de octubre , podría haber un ingrediente adicional que contribuya a enrarecer el ambiente nacional.

En la medida que avance el proceso electoral del próximo 27 de octubre , podría haber un ingrediente adicional que contribuya a enrarecer el ambiente nacional. Clic para tuitear

 Recordemos que hay muchos intereses “non sanctus” , mucho dinero “ibídem”, y muchos sicarios sueltos y disponibles.

Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 26 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.