EL SILOGISMO DE LOS DERECHOS HUMANOS

Laura González Oviedo

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Los derechos humanos son la declaración con un ideal común para todos los pueblos y las naciones, partiendo del aporte multicultural que fuere necesario para su creación, por ello son de estricto cumplimiento. A este punto, no nos interesa la verdad material, el hecho cierto radica en que hoy hablamos de derechos humanos, que están reconocidos internacionalmente, son de carácter obligatorio su estricto cumplimiento, incluso en situaciones de conflictos, que, en virtud de ello, se permite interceder entre, civiles, gobiernos y/o x con grupos al margen de la Ley, terroristas u opositores del cualesquiera de los estados en situación de guerra. Luego de la Declaración universal de los Derechos Humanos, en 1948, han ocurrido guerras, que en razón a los avances en materia belicosa,  son más efectivas, cuando de acabar con el enemigo se trata; por tan solo citar ejemplos mencionemos la Guerra de Corea hasta el 53, Rebelión del Mau Mau, Revolución Cubana, la tan publicitada, documentada y videograbada Guerra de Vietnam, guerras civiles como la Sudanesa, la llamada Gran Hambruna en China, que terminó en el 61; en seguidilla, está la guerra de Camboya, por otro lado la de Uganda y Tanzania, la Civil Etíope, en el 91, la Civil entre Tutsus y Hutus en Ruanda, las Guerras de Irán e Irak, de Afganistán,  Israel y Palestina,  tenemos la de Siria y más recientemente Armenia y Azerbaiyán. Sin embargo, en el nuevo mundo Latinoamericano, no la pasábamos bien, con Guerras como la de las Cien horas en El Salvador y Honduras, la de La Malvinas, la Dictadura de Pinochet y aun cuando pudimos ver la luz al final del túnel, con el boom Latinoamericano, en Colombia para el año de 1960, se hizo oficial el conflicto armado interno que al sol de hoy arrastramos con un antecedente polémico acuerdo de paz, convergemos en un país dividido, absolutamente polarizado y en postconflicto, con violencia a manos de grupos ilegales organizados, narcotráfico, una oleada de inmigrantes, unos índices con tendencia a las alzas en desempleo o de empleo informal y la crisis de la institucionalidad estatal.

 La historia una vez más nos da una explicación y es que las denuncias por las violaciones a derechos humanos, son una evidencia de las irregularidades cometidas en entornos de guerra y en estados de paz, por su puesto la vulneración a los derechos humanos, son más palmarias en el grupo de la población civil y en situación de conflicto transitorio y/o permanente, pero no es exclusivo de estos, debido a que están constitucionalmente reconocidos, ratificados y promulgados en nuestras normas internas, a ellos nos acercamos desde la formación académica y ciudadana con conocimiento sistemático; empero, como ciudadanos del mundo, ¿nos sentimos todos, con la protección de los derechos humanos?, dentro del desarrollo de nuestra vida, de cualquier actividad económica o por el simple hecho de ir a una cita médica; ¿somos realmente conscientes del alcance normativo? A pesar de vivir en un país del tercer mundo, donde no todos tendremos acceso al agua potable, sí contamos con la seguridad jurídica de la posibilidad, es decir, ya el estado lo contempló, pero sin duda es un proceso, en el que debemos contribuir de forma activa, de manera tal que, no solo critiquemos desde la barrera lo que está bien o mal en X o Y gobierno, sino que, nos volvemos parte de un sistema que nos beneficia a todos como país, como raza… como seres humanos. En el reconocimiento de las diferencias, es donde se encuentra la solución de conflictos, hoy, la declaración de derechos humanos está traducida en más de 500 idiomas, un hecho significativo alimentando la esperanza, de que la aplicación de los derechos humanos dejará de ser un silogismo jurídico, se convertirá en más que una verdad procesal y evolucionará en un hecho cierto. 

Naturalmente, no podemos ser ajenos a lo romántico que se escuchan las palabras “derechos humanos”, lo cierto es que, pueden ser parte una verdad procesal si se quiere, pero no son reconocidos en todas las litis, se tienen en cuenta o son valorados con el criterio de la necesidad de su aplicación, los derechos humanos, no es un invento del hombre moderno y civilizado,  para entenderlos no se necesita ser letrado, caso contrario es, como los percibimos y su aplicación en la realidad de la vida, nuestra cotidianidad y como son enseñados, a los encargados del relevo generacional, que no sean recibidos por las distintas clases sociales, con la sensación discriminatoria; traigo de los cabellos, si un hombre frente a una mujer, tiene más o menos derechos, ahora bien,  lo que nos muestran las estadísticas es que en el mundo laboral un hombre tiene ventajas frente a una mujer, sí es cierto, pero no podemos pretender que solo por el hecho de ser mujeres nos den los espacios sin ganarlos, soy fiel creyente, que en todos los ámbitos deben ser ganados a pulso, por el criterio de individualidad y  aporte en el rol que cumplimos de la sociedad, que los derechos humanos, civiles y políticos deben ser reconocidos por el simple hecho de ser  humanos, no por el sexo o con el que nos identifiquemos, haciendo remembranza y parafraseando, lo que incultos piensan sobre las mujeres… es que acaso ¿no hay hombres débiles?, ¿ó cobardes? ¿ó frágiles? Si forzamos el reconocimiento de estos derechos desde una arista específica, me permite inferir razonablemente que no están reconocidos per sé y que tenemos la obligación moral si se quiere, de la empatía de normalizarlos, apropiarnos de ellos y darles vida a las leyes. Los derechos humanos y el silogismo jurídico que son, no son un hecho aislado de las pobres almas que mueren en el mar mediterráneo, o niños atrapados en la frontera entre México y Estados Unidos, es también de aquel, que no tiene acceso a la justicia, que no goza de calidad de vida a manos de la delincuencia común, la inestabilidad que le puede dar un dirigente político, que no crea en las instituciones de su nación; es también para aquel que es funcionario y que por portar un uniforme es estigmatizado. Los Derechos humanos también deberán ser para aquel que es judicializado, para aquel estudiante que no puede seguir estudiando y para aquel político que no puede ejercer su derecho a elegir y ser elegido, no es exclusivo de unos pocos, es de todos.