El Síndrome AntiUribista

Armando Barona Mesa

Armando Barona M.
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Armando Barona M.

No estoy activo en la política. Mi retiro son los libros, la profesión con algunos procesos rezagados y la escritura especialmente de historia. Miro los aconteceres con la curiosidad propia de quien siempre ha estado atento a ellos; pero no me alberga ninguna pasión. Solo observo y opino con imparcialidad. Y es así como veo entonces lo que está pasando.

Se siente la rabia y el odio de una gran parte de los columnistas de los medios y de muchos otros personajes, en contra del señor ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Confieso que por más esfuerzo que haga, no he podido entender ese sentimiento negativo. Es un odio visceral que se calma un poco con la esperanza de que la Corte Suprema, Sala Penal, llegue a dictarle una medida de aseguramiento y posterior a eso una sentencia condenatoria. Creo que Uribe podría repetir la frase que alguna vez dijo con ironía el príncipe Klemens de Metternich después de la revolución de 1848 en Austria y en Europa: “No se por qué me hacen tanto mal, si nunca les hice un bien.”

Uribe está acusado por el odio de haber intentado sobornar o convencer a unos testigos, bandidos todos, para que, habiendo mentido aquellos en su contra la primera vez, se retractaran en la segunda. Y se la montaron con la insania pasional; y de esta manera, aprovechándose sin lugar a dudas de unos magistrados sin mayor crédito en el ejercicio de sus cargos, compañeros de los que la prensa ha llamado el “cartel de la toga” que el país conoce a fondo, han logrado que se llame a indagatoria al doctor Uribe. Por supuesto han desoído los testimonios de quienes han hecho acusaciones en el otro sentido, es decir contra los del montaje acusatorio. Ha sido claro el intento de engañar y meterle mano impunemente a la justicia, teóricamente administrada por los más altos jueces del país. Me explico: no quieren oír lo que han expresado públicamente varios de esos personajes, entre ellos un hombre de las connotaciones criminales del llamado Tuso Sierra, quien ha declarado algo distinto a los propósitos proditorios de aquellos agentes del odio.

El Tuso, extraditado por el propio ex presidente, quien por ese solo hecho se pensaría habría de declarar contra el doctor Uribe, dijo con toda claridad que éste era inocente de aquellas calumnias y que, al contrario, a su celda, con permisos especiales, habían llegado en tiempos del anterior gobierno del señor Santos unos hombres con investidura de senadores, con cámaras de televisión y ofreciendo prebendas especiales si se acusaba al doctor Uribe. Uno de ellos era ese “noble” senador llamado Iván Cepeda, quien con viáticos oficiales y visa de los Estados Unidos a pesar de ser un mamerto camuflado, emprendió la tarea de montar una prueba artificial contra el señor ex presidente. Y lo ha logrado impunemente.

En el espacio de El Nodo.co, de Google se puede leer la carta del Tuso, resaltando el siguiente párrafo:

Agosto 3 de 2018″

         “… Estando recluido en la prisión Federal de Washington Correctional Treament Facility, recibí la visita oficial de los señores Iván Cepeda, Piedad Córdoba, y Rodrigo Lara, quienes me pidieron que rindiera una declaración contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez por sus presuntos vínculos con grupos al margen de la ley.

A cambio de mi declaración ellos se comprometieron a gestionar y conseguir asilo político para mi familia en Suiza”.

Repitió la hazaña en varias cárceles del país a donde llegaba con ciertas recomendaciones. Los colombianos lo vimos con su cara sibilina y su cabello alborotado como si no se hubiese peinado nunca. Visitó las celdas, a pesar de que uno se pregunta ¿Y cómo entró? Y dotó de algunos favores a sus inquilinos. El país vio esto a través de todos los noticieros, sin que ningún juez hubiera protestado por ese asalto a los testigos y hubiere sentado una voz de alerta. !Por Dios!, ni un abogado ni nadie puede llegar impunemente ante un testigo en pro de torcer su testimonio.

Pero estas cosas han pasado y al “noble senador” nadie lo atormenta, no obstante que su credencial de parlamentario no puede constituirse en una patente de corso para emprender acciones tan torcidas. Mas los emisarios del odio guardan un silencio respetuoso por ese tipo de comportamientos en sí mismos criminales. Esto último lo se porque llevo muchas décadas de ejercicio profesional dedicadas al  derecho penal como abogado.

Claro que inexplicablemente los medios de comunicación le hacen el juego a estos estropicios legales y políticos, proyectando la sensación de que el malo de todos los embrollos es el doctor Uribe. Su pasión es tal, que cuando tratan de ofender a alguien simplemente le dicen uribista; y de inmediato esta nueva Mano Negra lo cataloga de derecha y le agregan la palabra fascio. Es realmente una vergüenza esa forma de hacer política.

Esos indiscutibles idiotas útiles y mamertos que se mueren por su propio encono que les alimenta, también lo hacen por la rabia por saber que Uribe les gana siempre las elecciones. El pueblo en el silencio de su vida, sabe quién le ha servido bien.

La nota anterior la escribí hace un año. Durante ese tiempo esa misma Corte, pasando abusivamente por encima de un auto de detención de la Fiscalía, ordenó la liberación de un sujeto comprometido con pruebas de narcotráfico en vídeos y una solicitud de extradición de Estados Unidos. Se trataba de Jesús Santrich, hoy matando gente y dedicado al narcotráfico.  Y al servicio del señor Maduro. Y para completar, tal como lo deseaban los enemigos de Uribe, le dictan medida de aseguramiento. Lo demás que esperan los del odio, vendrá; y contra los magistrados no se puede ni hablar porque son intocables. 
Armando Barona Mesa
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Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.