El síndrome de la Casa de Papel

Julián Buitrago

Julián Buitrago

La Sociedad está viviendo el síndrome de la Casa de Papel, conocido como Sd. de Estocolmo, haciéndole fuerza a ladrones y secuestradores para que triunfen, criticando a la fuerzas pública y deslegitimando a la autoridad. Clic para tuitear

Julián Buitrago

Tengo que comenzar diciendo que la serie engancha y ese es el peligro. Está concebida de tal manera que no sólo genera adicción sino que hace sentir empatía por los bandidos.

Breve resumen: Un brillante criminal, que se hace llamar Profesor, recluta a ocho delincuentes con diferentes habilidades para que se tomen la Casa de la Moneda de España, y tras un secuestro masivo de varios días escapan con un jugoso botín, cercano a los mil millones de euros.

En el programa la opinión está del lado de los facinerosos y celebra cuando logran salirse con la suya. Como la realidad supera la ficción es imposible no hacer un paralelo con la situación de Colombia, el proceso de paz y sus tristes resultados.

Aquí también, producto de un plan muy elaborado, fueron millones de personas las que se pusieron del lado de los bandidos. Los que pedíamos justicia y mano dura fuimos estigmatizados como enemigos de la paz mientras los terroristas eran convertidos en los nuevos faros morales, los ejemplos a seguir por las generaciones venideras.

Uno de los villanos de la serie es Arturito, el director de la Casa. Desde que es tomado como rehén busca la manera de sabotear la operación. Lo caracterizan de tal manera que uno termina cogiéndole fastidio y en la última temporada, cuando la pandilla resuelve dar un nuevo golpe, refuerzan su imagen negativa convirtiéndolo en un violador.  Lo mismo trató de hacer una periodista hace dos años en plena campaña electoral, tejiendo un manto de duda sobre el mayor crítico del proceso, pero afortunadamente era tan descabellado el cuento que no tuvo trascendencia.

La inspectora encargada del caso consigue averiguar la identidad del profesor pero no lo atrapa, se pasa a su bando, después de oírle un discurso cargado de odio contra el establecimiento. Su exmarido, otro “villano” es el mejor investigador de escenas de crímenes, por eso también deciden acabar con su imagen mostrándolo como un maltratador y manipulador.

Todo está concebido para que lo malo parezca bueno y lo bueno malo. La escena cuando Río es liberado y entra al Banco de España entre aplausos, para acto seguido volver a delinquir, recuerda la historia de Santrich, el terrorista que después de salir de prisión por orden de las cortes, ser posesionado como congresista y que varios medios lo entrevistaran como si fuera un estadista, se escapó de su esquema de protección para volver a tomar las armas contra el Estado.

Qué hicieron los bandidos después del triunfo: repartieron el tesoro entre los miles de seguidores que apoyaron su fechoría como hacía Robin Hood? Para nada, se fueron a diferentes paraísos a vivir a cuerpo de reyes. Igual a los socialistas cuando se toman el poder: secuestran el estado, roban a manos llenas y se marchan a algún país desarrollado dejando tras de ellos miseria y destrucción, pero con una cantidad de fanáticos convencidos que fueron unos héroes.

En nuestra Casa de Papel el Profesor es el Senador, que maneja todo el plan y mueve los hilos para acorralar al Estado. Berlín, el hermano fantoche que dirige la operación desde adentro, pedante y ególatra, en nuestro caso es Anapoima, al que le gustan los palacetes europeos porque se cree príncipe y no tiene escrúpulos a la hora de diseñar montajes contra sus enemigos. En la serie y en nuestra realidad los medios juegan un papel protagónico, haciendo apología a los bandidos y poniendo contra la pared al gobierno.

Hoy tenemos a la mitad de los líderes de la banda en el Congreso, gozando de miles de prebendas mientras sus víctimas son olvidadas. La otra mitad sigue delinquiendo porque ese es el plan, tomarse el poder poco a poco debilitando al Estado mientras siguen infiltrando todas las instituciones. La paz era el caballo de Troya.

La Sociedad está viviendo el síndrome de la Casa de Papel, mejor conocido como síndrome de Estocolmo, haciéndole fuerza a ladrones y secuestradores para que triunfen, criticando a las fuerzas del orden y deslegitimando a la autoridad. Costará años recuperar el sentido de las cosas, si es que logramos sobrevivir al caos al que nos está llevando el adoctrinamiento progre.

Julián Buitrago
Acerca de Julián Buitrago 27 Articles
Administrador de Negocios, economista.