Elecciones de Mitaca y perspectivas graves

ARMANDO BARONA MESA

@BaronaMesa

Elecciones de Mitaca y perspectivas graves Columna de Armando Barona Mesa Clic para tuitear

Las elecciones del domingo 27 de octubre fueron unas elecciones intermedias, que antes se denominaban de mitaca. Ésta era una cosecha intermedia del café. Históricamente, en algunas oportunidades, este tipo de elecciones tuvieron una influencia grande, como cuando se rompió la unidad del partido conservador en el gobierno de Alberto Lleras, año de 1960, contra el dominio doctrinario de Laureano Gómez y sus amigos, ligado en una coalición que entonces se denominó “La Tenaza” y que venía del nacimiento del Frente Nacional.  Ellos gobernaban con el liberalismo partiendo todo el poder por el fenómeno constitucional  de la paridad. Alzate Avendaño y Ospina Pérez, que habían convalidado el golpe de estado de Rojas Pinilla contra el Monstruo Laureano (el maestro Guillermo Valencia le decía así a Gómez, “a quien solo se puede amar u odiar”.) eran los réprobos.
Pero en la mitaca de ese año estos dos últimos jefes del dividido conservatismo, con una facción que se denominó el Unionismo, derrotaron a Laureano y ganaron la mitad de la Cámara de Representantes. Y de paso, la mitad del poder que correspondía a los conservadores. También en esa misma mitaca irrumpió en el liberalismo Alfonso López Michelsen con un movimiento de intelectuales contra el Frente Nacional, que se llamó el Movimiento Liberal Revolucionario (MRL) y que ganó una representación importante así mismo en la Cámara, que se elegía cada dos años; y abrió un espacio firme en la política del inmediato futuro, en lucha abierta contra el oficialismo del presidente Lleras.
Pero, con esa y algunas otras excepciones que se me escapan ahora, las elecciones de mitaca no reflejaban el camino del poder. Con tantos cambios institucionales que ha habido, puede decirse que en este tipo de comicios hoy no se varía la composición del Congreso,  sino que se lucha solo por intereses regionales: gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos municipales. Y en la búsqueda de esos importantes objetivos, se abren espacio las más interesantes y contradictorias alianzas de grupos, partidos o movimientos políticos. Todos caben en la lucha regional por el poder, sin que se discutan temas doctrinarios definitivos. No es más que ver quiénes apoyaban a cada uno de esos candidatos. Al alcalde de Cali, para poner un solo ejemplo, lo respaldaban los verdes, los del Polo democrático, donde se acomodan los comunistas. Allí estuvo Petro y también los liberales, los de la U y etc. Alianzas adventicias múltiples, solo de conveniencia de momento. Lo mismo puede decirse en el caso de la señora -o señorita- Claudia López. Propuestas locales y aspiraciones burocráticas. El objetivo es el poder burocrático que debe repartirse con equilibrio y equidad entre las contradictorias fuerzas de la alianza y tomando como objetivo el gabinete.
Desde este punto de vista, resulta incontrovertible que así algunos cobren para su lado las victorias de aquellos con quienes se aliaron, es lo cierto que eso no puede ser resuelto así. Petro por ejemplo impugna los deseos de ser candidato del señor Sergio Fajardo, a quien odia. Estamos en la fiesta del odio. Y dan de entrada como el gran perdedor al señor expresidente Alvaro Uribe, a quien aborrecen con tal odio encendido, que  ofrecen sacrificios a dioses bestiales para alimentar sus deseos de verlo en la cárcel. O muerto. Ni siquiera a Laureano le prodigaron en su momento tanta aversión como la que hoy le profesan a Uribe.
Es posible que éste haya cometido el error de no apuntarse como los otros a las alianzas acomodaticias y coyunturales del reparto de la partija. Y es igualmente posible que el presidente Duque haya cometido el error de no haber integrado su gabinete con representantes de otros partidos afines en el Congreso. Él ha querido, a mi modo de ver equivocado, enseñarle al país que la política y los movimientos del Congreso suceden por convicción, sin que sea necesario dar participación alguna. No mermelada. Pero olvida que el que entra en la política necesita del poder para sí y sus amigos. Y eso no es malo.  Sucede en Inglaterra, en Estados Unidos, en España, en Japón y siempre tuvo lugar en Colombia. Afianzar para enfrentar a los diferentes enemigos del Congreso un frente fuerte y poderoso de una gran coalición. Así debe ser, porque ese error es imperioso corregirlo con la honestidad que muestra el gobierno en todos sus actos.
Hasta aquí, en esta nota, hay que decir que lo que corresponde hacer a partir del próximo primero de enero es apoyar, como lo ha dicho el presidente Duque, a las personas elegidas a que sus programas se impongan. Colombia necesita de buenas administraciones y no hay por qué odiar a quien tiene esos buenos propósitos de trabajar, así no se haya votado por esa persona. Hay que ayudarles porque esos es patriotismo.
Pero hay algo turbio y viscoso que se mueve en el subfondo de la política, seguramente aprovechando una coyuntura mundial en pro de la protesta, ya no pacífica sino incendiaria. Vienen con un paro general en el que participarán unos representantes de los indígenas muy conocidos. La gran mayoría son buenos y están pagando con sus vidas esa buena voluntad. Pero otros buscan el debilitamiento de las instituciones y la caída del gobierno, conjuntamente con estudiantes encapuchados infaltables, expertos en la guachafita, la destrucción y la muerte. Esos pertenecen a la Juco en su mayor parte, y otros a las disidencias y subversión asociadas con el narcotráfico. Tienen preparada una andanada brutal y están bien entrenados. Y buscan dar al traste con el régimen constitucional de un presidente joven, noble e inteligente que busca el acierto de su gestión por los medios civilizados de la comunicación y el respeto ciudadano.
Hay un plan macabro, incalculable en sus efectos, que así como en Chile buscan por todos los medios derrumbar la democracia para dar entrada al denominado Socialismo Siglo XXI de tan nefastos resultados en Bolivia, en Nicaragua, en Cuba y en Venezuela. Hay que tocar la alarma y aplicar la ley en la dureza correspondiente a la brutalidad de las intenciones de los protagonistas de tan siniestros planes. Este no puede ni debe ser un gobierno débil del que se burlen los corifeos de un comunismo fracasado como gobierno y como pensamiento.
Armando Barona Mesa
Acerca de Armando Barona Mesa 12 Articles
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.