¿Elegir alguien de centro, supuestamente no era para acabar la polarización?

Julio Mario Salazar Restrepo

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Julio Mario Salazar

Alguna vez, cuando todavía era pelao, tuve una novia con la que tenía un pequeñísimo tema: Cuando se sentía mal, cuando su estado de ánimo estaba bajo, simplemente me peleaba por cosas que ella misma me hacía a mí. Era un tema que se salía de mi inmaduro entendimiento. Recuerdo lo que me preguntaba a mí mismo mientras ella argumentaba sus quejas: “¿Será que me perdí de algo? ¿Que la pelea podía ser por otra cosa?” Y como estaba enamorado, usualmente caía en la trampa y rebuscaba en mis acciones a ver si de alguna forma podía ser un error mío, tal vez que no estaba siendo suficientemente comprensivo o algo así. El proceso me generaba tanto estrés emocional, que terminaba pidiendo perdón por cosas que ni había hecho, y al final, paradójicamente, con eso le creaba más dudas. Resultado: la relación hizo Kaputt. 

Quisiera pensar que con los años he aprendido a capotear mejor las manifestaciones emocionales de mi pareja de turno, pero como cada mujer es un mundo diferente, debo confesar que aún a mis 45 años, un matrimonio encima, y no se ya cuántas parejas; todavía me estrello (al menos aprendí que pedir perdón por cosas que no hice es contraproducente). Me dicen mis amigas mujeres, que el quid del asunto está en; “identificar cuándo estamos jodiendo por joder… y cuando sea así, simplemente no pares bolas; pero eso sí, que parezca que estás parando bolas”. (A ver si algún día me aprendo el truco…).

En todo caso, por ahí leí que existe un mecanismo de defensa humano que los psicólogos llaman Proyección Negativa, el cual, según el diccionario del Psicoanálisis (Elisabeth Roudinesco, 1997), “opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. De esta forma, se «proyectan» los sentimientos, pensamientos o deseos que no terminan de aceptarse como propios porque generan angustia o ansiedad, dirigiéndolos hacia algo o alguien y atribuyéndolos totalmente a ese objeto externo. Por esta vía, la defensa psíquica logra poner estos contenidos amenazantes afuera.”

¡Fascinante! Los seres humanos tenemos la capacidad de convencernos a nosotros mismos que el problema está afuera cuando en realidad está adentro para sentirnos mejor. Aparentemente, aceptar la culpa e indagar en nuestro interior nos puede llegar a generar tanta ansiedad y tanto estrés que podemos dejar de funcionar, tal vez deprimirnos. Resulta entonces más conveniente para nuestra supervivencia y nuestra salud mental, proyectar eso afuera y convencernos de nuestra inocencia mientras seguimos tranquilos con nuestras vidas, felices y campantes. 

El problema con esto es que vivimos en sociedad, y si todo el mundo hiciese lo mismo, ponernos de acuerdo en algo sería imposible. Lo que termina pasando es que ese mecanismo de defensa innato se empieza a apaciguar en la medida en que desde niños nos estrellamos con los demás; y mientras maduramos, aprendemos poco a poco a mirar en nuestro interior, a diferenciar cuando debemos moderar ciertas apreciaciones, posiciones y comportamientos; y cuando efectivamente debemos tratar de influir en los demás para persuadirlos de mirar en su interior. Es un proceso de toda la vida a través del cual nos vamos a encontrar con incontables individuos, cada uno con un tipo de experiencias, entornos culturales y niveles de madurez diferentes. Es un ejercicio arduo, que nos drena una cantidad inmensa de energía y que por tanto pocas personas hacen de manera juiciosa. Hasta la biblia nos lo recuerda preguntándonos ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? (Lucas 6:42 o Mateo 7:3)

Mientras escribo estas palabras, no dejo de pensar en las salidas de nuestra alcaldesa Claudia López y en la polarización que hay en el país respecto de quien es mejor líder entre ella y el presidente. ¿Será que es inmadura? ¿O será que se hace porque se da cuenta que esa actitud le da réditos para las elecciones presidenciales de 2026? No entiendo cómo puede pensar de verdad, que todas la decisiones que ella propone son las correctas y que todas las que toma Duque son erradas. Más grave aún, que desprestigiar estas decisiones con ataques personales e ideológicos, rastreros e injustos, es bueno para el país. 

Es tanta la incertidumbre con esta pandemia, que la única forma de ejercer un liderazgo efectivo es a partir de construir consensos con humildad… porque la respuesta exacta de lo que es mejor para la nación, nadie la tiene. Lo que un líder con buenas intenciones debe hacer, es aceptar la incertidumbre a la vez que participa en definirle a la gente caminos concretos que les genere la confianza de que con la información que se tiene y con la intención de usar parámetros de evaluación objetivos, el camino que el gobierno ha concertado es el mejor: Gobierno local y nacional como un solo equipo. 

En tiempos normales entendería que la lucha por el poder se pusiera primero, pero en este momento estamos hablando de las vidas de todos los colombianos y de un futuro viable para todos nosotros. La vida que ella misma dice estar poniendo de primero es la más amenazada cuando la confianza de las personas en sus gobernantes es minada por tantos pronunciamientos contradictorios. Así que a Claudia le digo: discuta todo lo que quiera discutir a puerta cerrada; pero cuando llegue a un acuerdo, o se canse de discutir; defienda la posición tomada como si fuese suya, participando proactivamente en las correcciones que haya que hacer si es menester. A nadie le debe importar ahora si uno o el otro tenía la razón, sino que como país actuemos unidos en pro de salir adelante de este difícil momento histórico. 

Julio Mario Salazar
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Vivir muchas y diversas experiencias con algo de hedonismo, enriquecerse con lecturas de todo tipo. Estimular la mente y compartir… porque la existencia es una aventura totalmente interior e individual, pero el significado de la misma lo encuentras en tu relación con los demás. Ingeniero Industrial de La Universidad de los Andes y MBA del Instituto de Empresa, pero Economista Político por pasión. Desde VP de multinacional grande, cabeza de empresas tecnológicas pequeñas, hasta funcionario público por puro amor al servicio. He vivido en Estados Unidos, España y Alemania solo por experimentar, ¡pero siempre vuelvo queriendo más a Colombia!