En busca del Honor

Juan Camilo Vargas

En busca del Honor

@JuanCVargas98

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Con gran expectativa, apenas entendible en vista de los acontecimientos, me encuentro deseoso de ver la salida de la actual cúpula militar encabezada por el General Alberto José Mejía. No puedo esperar menos cuando después de varios años al servicio de Gobierno de turno finalmente puede llegar alguien con nuevas capacidades, de carácter estratégico y con un despliegue táctico admirable que le devuelva la fuerza y la fe a unos hombres cuya moral ha sido pisoteada y mancillada por hombres que sólo buscaron engrandecer sus egos y sus arcas, en vez de la gloria nacional y la Patria.

Debo decir que las Fuerzas Militares de Colombia han sido, y seguirán siendo, un ejemplo de admiración mundial para todos aquellos que busquen un referente en la efectividad de la guerra irregular y la lucha contra la insurgencia subversiva que amenaza la estabilidad estatal y la soberanía popular. Han demostrado durante largo tiempo su adhesión a la Constitución Nacional y al establecimiento de la ley, actuando amparados en lo que consignan nuestros Códigos y la normativa vigente. Que no le quede a nadie la duda de que nuestros militares se han batido como héroes durante bastantes décadas, dejando el alma, el cuerpo y sus vidas en la defensa de esta Patria de la que nos enorgullecemos todos quienes tenemos la fortuna de decirnos «colombianos».

Sin embargo, no podría causarme una pena mayor la actualidad de unas Fuerzas Militares en las que los altos mandos, en su mayoría, han mostrado una servil complicidad con los artífices del parapeto llamado paz con tal de seguir haciendo parte de un pequeño grupo de hombrecitos envalentonados que se hinchan viviendo de los recuerdos de glorias pasadas a costa de la subasta de unos principios y un honor que pareciesen haberse perdido en sus anhelos por el poder. En compañía de oficiales corruptos y sumisos, este grupo ha causado el mayor detrimento en la historia de la Fuerza, vista desde afuera como una Institución que perdió su rumbo y a la que le ha faltado ser más eficiente a la hora de combatir los rescoldos de la insurgencia terrorista en el País.

Sin embargo, no podría causarme una pena mayor la actualidad de unas Fuerzas Militares en las que los altos mandos, en su mayoría, han mostrado una servil complicidad con los artífices del parapeto llamado paz Clic para tuitear

Realmente me duele, como a cualquier Colombiano que ame su Patria y sus instituciones, que las Fuerzas Militares hayan sido tan permisivas con situaciones tan deleznables como la JEP, el apoyo al proceso y la reducción del pie de fuerza que se realizó progresivamente para favorecer los intereses de un Gobierno ilegítimo y unas FARC empoderadas.

Al Presidente Duque le vaticinó el Presidente del Senado su deber como comandante en jefe de prescindir de esta cúpula sumisa y espuria, llamando a calificar servicios también a todos aquellos oficiales que poco o nada hayan aportado en estos últimos años al prestigio y al crecimiento de las Fuerzas Militares. No es suficiente reparar la madera si se cambian un par de clavos, resulta inútil hacerlo cuando el madero está podrido y ya no se puede utilizar. Un ejemplo tan básico como este, utilizado por el Coronel Eikmeier, sirve de referencia para saber que no sólo hay que cambiar unos oficiales sino que se debe restaurar un orden del honor y la mística militar, del que carecen muchos uniformados en la actualidad.

Sólo bajo el amparo de la honra, del coraje, el tesón y «la recia medida de su pecho» llegará el momento en que realmente «la Patria del mañana se pueda edificar». Hay que buscar el honor militar, ennoblecer nuevamente esta heroica profesión y eliminar todo aquello que le haga daño o no permita recuperar ese conjunto de valores que tanta falta hacen hoy en estas instituciones.

Con firmeza, disciplina, FE EN DIOS Y FE EN LA CAUSA, nuestras Fuerzas Militares nuevamente serán grandes, como en sus mejores tiempos. Clic para tuitear

Con firmeza, disciplina, FE EN DIOS Y FE EN LA CAUSA, nuestras Fuerzas Militares nuevamente serán grandes, como en sus mejores tiempos.

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