Enfermedades mentales, pandemia y religión

Mariana Pinto Alvarez

MD. Mariana Pinto Alvarez

El Parche da la bienvenida a la Dra. Mariana Pinto Alvarez 

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MD. Mariana Pinto Alvarez

Una de las medidas solicitadas al gobierno nacional con el fin de reactivar la economía, pero sobre todo con el propósito de mejorar la salud mental de la población colombiana, ampliamente golpeada por la pandemia y el aislamiento físico, es la reapertura de las iglesias y lugares de culto. La religión es parte de la vida y la cultura del ser humano, desde la antigüedad las diferentes sociedades han tenido un ser superior; en relación con la conducta humana es sano mentalmente para las personas considerar que hay alguien o algo que todo lo puede y que además responda lo que no tiene explicación. Por otro lado, múltiples publicaciones en revistas científicas han documentado que las personas que sufren algunas enfermedades y se apegan a su religión, a su Dios, han tenido mejores resultados en comparación de quienes no tienen un vínculo tan estrecho con su ser superior.

Reconociendo la importancia de la religión y respetando las creencias de cada uno, la razón para abrir las iglesias y los diferentes cultos no puede ser el aumento en las enfermedades mentales y el suicidio. Primero porque los trastornos mentales como la depresión, la ansiedad, el estrés, las adicciones o los problemas del sueño son ENFERMEDADES, nadie se cura de un cáncer o de apendicitis simplemente acercándose a Dios o rezando. Considerar, que las enfermedades mentales se solucionan o se tratan de esta forma, es una manera de menospreciar los trastornos mentales como enfermedades y continuar con el estigma, de que quienes tienen un diagnóstico de trastorno mental, son personas que no tienen un control de su vida y carecen de la fortaleza suficiente para afrontar su existencia. 

La sociedad tiende a homogenizar la enfermedad mental, y a las personas con enfermedades mentales, como si todas las patologías fueran iguales, necesitaran el mismo tratamiento y requirieran para mejorarse exclusivamente de la voluntad de la persona, pero no. No es lo mismo un diagnóstico de depresión a un diagnóstico de esquizofrenia, ni son iguales dos personas con ansiedad, menos aún dos personas quieren terminar con su vida por la mismo razón o patología. Parte de la dificultad de la psiquiatría, es la imposibilidad de generalizar y ofrecer un tratamiento estándar, asociado a que no cuentan con paraclínicos. Los trastornos mentales tienen un sustento biológico y químico, está comprobado que ocurren debido a la disminución o aumento en la secreción de neurotransmisores, por lo que el tratamiento farmacológico es indispensable. 

El apoyo que puede brindar un líder espiritual, en términos de apoyo emocional es igual presencial o virtual, las personas con trastornos mentales no requieren recibir la comunión, ni leer su libro sagrado, mucho menos reunirse a orar; por el contrario necesitan ser escuchados, sentir que le importa a alguien, ser tratado de forma empática, no ser juzgado y percibir el mismo respeto que se da, a aquellos que no tienen su diagnóstico, sin embargo un líder espiritual nunca va a reemplazar un psicólogo o psiquiatra, quienes estudian para aprender a prestar su aparato mental mientras la persona esta en crisis y enseñarle a la gente a pensar y a mejorar sus mecanismos de defensa. 

Sin animo de ofender las religiones, ni sus creyentes, y como católica y médica, considero una irresponsabilidad abrir un lugar en donde es muy difícil controlar las distancias, en donde la gente habla, canta, está en contacto con muchas personas, en sitios que generalmente no son muy ventilados y en donde el contacto físico es parte del rito sagrado. Dios está en todas partes, Dios es sabio y estoy segura prefiere que su pueblo se cuide, no se enferme, demuestre amor por el prójimo y espere en su casa y en compañía de él, cese la pandemia o por lo menos el primer pico. 

Mariana Pinto Alvarez
Acerca de Mariana Pinto Alvarez 1 Article
Mariana Pinto Alvarez, es manizaleña, se graduó como médica y cirujana de la Pontificia Universidad Javeriana, y Magister en Salud Pública de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente es investigadora en salud pública en Covid-19, además ha realizado investigaciones sobre el estigma a la enfermedad mental y Mindfulness como tratamiento a los trastornos mentales. Ha sido consultora en salud pública y salud mental para el Concejo de Bogotá y el Congreso de la república.