Esa palabra no existe

Jennifer Arias Falla

Jennifer Arias Falla

“Me reclutaron a los 11 años, me dieron un uniforme verde y me lo tenía que poner todos los días, me dieron cinco granadas, un fusil y una pistola con proyectiles, yo recibí entrenamiento para disparar. Me pusieron el alias de Karina. Durante los primeros 6 meses me obligaban a dormir con el comandante alias Cruz. Este hombre me manoseaba y me obligaba a tener relaciones sexuales. Como me resistía me golpeaba. (…) Fui violada por él durante todos los días una o dos veces al día durante los seis meses que estuve reclutada. Me convirtió en su mujer”

 

No existen los exvioladores. El daño causado no se puede borrar, aunque haya perdón por parte de la víctima, aunque quien comete el hecho trate de excusar su conducta, o redimirla con cárcel. La huella en su víctima es para siempre. Clic para tuitear
Jennifer Arias Falla

Así de crudo y doloroso es el relato de esta mujer, de las primeras entre los miles de menores de edad que vivieron no solo el flagelo del reclutamiento forzado, sino además la infamia de la violación. Su caso ocurrió en 1973, siendo este el más antiguo entre los tantos que se han documentado sobre lastre de reclutamiento y abuso sexual que tiene a su haber el grupo criminal FARC.

Karina guardó silencio durante 42 años, por temor a ser asesinada, o que la misma suerte corriera su familia, toda vez que los guerrilleros la tenían plenamente identificada en el pequeño pueblo donde vivían en Norte de Santander.  Del “comandante Cruz”, se dice que después de Karina cada 6 meses hasta el día de su muerte cambiaba de compañera sexual (si es que se puede considerar compañera sexual a una niña de 11 años) Esto lo que revela una conducta depravada y sistemática por parte del criminal.

No creo que haya un solo colombiano que quiera volver a ver libre por ejemplo a Luis Alfredo Garavito, el tristemente célebre monstruo al que se atribuye no menos de 200 hechos de violación a niños, toda vez que, aunque quizá existan tratamientos para rehabilitar a un violador, son incontables los casos de reincidencia en quienes cometen estas conductas deleznables, y máxime cuando sus víctimas preferidas son menores de edad.

Lo que sí es seguro, es que nunca la víctima supera por completo el trauma que deja el abuso sexual. Aunque algunas personas que fueron abusados siendo niños, al llegar a la adultez tratan de olvidar su amarga experiencia, y llevan una vida normal, algunos con el tiempo sufren alteraciones de comportamiento, y depresiones que, en algunos casos llevan al suicidio, y esto lo digo no porque se me ocurra, sino porque muchos sicólogos y psiquiatras coinciden en afirmar que el daño causado por un abuso sexual se puede dormir en la conciencia, y permitir el desarrollo normal de la víctima, pero esto no implica necesariamente olvido, ni que se pueda superar completamente algo tan repugnante; solo se prende a vivir.

Por tal razón no existen los exvioladores. El daño causado no se puede borrar, aunque haya perdón por parte de la víctima, aunque quien comete el hecho trate de excusar su conducta, o redimirla con cárcel. La huella en su víctima es para siempre, y esto por supuesto, implica que el agresor representará siempre un temor, un dolor, y el estigma de una injusticia cometida con pleno uso de conciencia.

Por eso indigna la soberbia y prepotencia con que hoy  los principales líderes de las FARC pretenden que el país ignore el inmenso daño que causaron durante décadas, y ahora funjan como adalides de la moral, cuando la historia reciente de su organización criminal, está mascada por lastres como el secuestro, la tortura, el homicidio individual y colectivo y el reclutamiento y abuso sexual a miles de niños que, fueron conminados a perder su infancia, dejando de ir a la escuela, cambiando los juguetes para convertirse en esclavos sexuales de sujetos sin escrúpulos que les arrebataron la inocencia. No podemos olvidar que recientemente los congresistas FARC se salieron del Recinto, justo en el momento en que se votaba el proyecto de Cadena Perpetua para Violadores y Asesinos de Niños. ¿Así de culpables se saben?

Solo para traer ciertos casos, hablemos de algunos de los principales líderes de esa organización, que pese a su aberrante pasado, tienen un discurso moralista que resulta vomitivo, toda vez que no han querido aceptar sus delitos, y menos reparar a sus víctimas,  se les llena la boca hablando de Justicia:

-Victoria Sandino: está denunciada por 4 casos de aborto, 2 casos de violación y 3 casos de reclutamiento.
-Pablo Catatumbo: 18 casos de reclutamiento, 4 casos de violación y 19 abortos.
-Joaquín Gómez: 3 casos de violación a niños guerrilleros hombres cuando tenían entre 12 y 17 años.
-Rodrigo Londoño: 14 casos de reclutamiento, 6 casos de aborto y 3 casos de violación.
-Iván Márquez: 9 casos de aborto, 2 casos de violación y 7 casos de reclutamiento.
-Hernán Darío Velásquez, alias El Paisa: 21 casos de aborto, 3 casos de violación y 64 casos de reclutamiento.
-Carlos Antonio Lozada: 12 casos de aborto, 3 casos de violación sexual a hombres y 32 casos de reclutamiento.
-Henry Castellanos, alias Romaña: 19 casos de aborto, 3 casos de violación y 26 casos de reclutamiento.
-Pastor Alape: 3 abortos, 2 violaciones y 14 reclutamientos.

Esta lista en la que están solo algunos de los denunciados, fue recogida por la Corporación Rosa Blanca, y elaborada con base en los testimonios de integrantes de dicha fundación, la cual está compuesta por más de 1.200 víctimas de las FARC y con base también en las denuncias que hasta el momento se han interpuesto ante la Fiscalía. Sin embargo, no pasa nada, y tal vez nada va a pasar; las víctimas están comenzando a perder la esperanza, porque ven con asombro y desdén que, desde la JEP, tribunal que parece proteger antes que juzgar a estos delincuentes, se ha creado una especie de sombra que está mandando todos estos casos a los anaqueles de la impunidad, sin que se perciba una verdadera voluntad de Justicia y reparación a las víctimas.

La justicia no puede olvidar que estos sujetos, aunque posen de moralistas, son solo una recua de bandidos, -no ex bandidos-, como algunos pretenden. Son delincuentes que no pagaron por sus delitos. Responsables crímenes horrendos, entre ellos, el de arrancarle los sueños a miles de niños que tenían derecho a una vida en libertad, y sin ser lastimados.

Son violadores; ellos, como el mismísimo Garavito y tantos otros, no son exvioladores… ¡Esa palabra no existe!

Jennifer Arias Falla
Acerca de Jennifer Arias Falla 4 Articles
Ingeniera Industrial de la Universidad de Los Andes, con opción en Economía, Magister en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Externado en alianza con la Universidad Columbia de Nueva York. Es Representante a la Cámara, Periodo Constitucional 2018 - 2022 por el Departamento del Meta, obteniendo la mayor votación de la lista del Centro Democrático. Hace parte de la Comisión Séptima Constitucional Permanente, la Comisión Legal de Cuentas, de la que fue Vicepresidente en el periodo legislativo 2018 – 2019, la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer, Comisión de emprendimiento, Bancada pro Bici, Comisión de la Niñez y Comisión para seguimiento de Conexión Pacífico-Orinoquia.