Escobar, 25 años después

IVÁN CANCINO G.

@CancinoAbog

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Hace 25 años la historia del fútbol colombiano se partió en dos (para mal) con el asesinato del defensa central de la selección Andrés Escobar.

Al Mundial de Estados Unidos llegamos como favoritos y fuimos los primeros eliminados. Caímos ante Rumania y el país local. Escasamente, cuando ya para qué, le ganamos a Suiza en un aburrido juego.

Pero, ¿qué pasó en aquella oportunidad en territorio norteamericano?

Realmente nada grave. O al menos en lo que tiene que ver con mafias y apostadores (o las dos cosas a la vez).

Lo que pasó en Estados Unidos lo resumo en que se nos salió el colombiano, es decir, ese bellaco, ordinario, ramplón y sobrador que llevamos por dentro. Como ese bellaco que, por ejemplo, amenazó de muerte a “Barrabás” Gómez si jugaba el choque contra los estadounidenses.

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Hace algunos años, el portal caliescribe.com entrevistó al profesor Diego Barragán, preparador físico de Colombia en los mundiales de Italia-90 y Estados Unidos-94.

Barragán definió muy bien lo que le sucedió a nuestro equipo en Los Ángeles y San Francisco. Para la selección, dijo, “fue inmanejable el último mes (previo al Mundial) a nivel político, a nivel de empresarios, a nivel de patrocinadores, a nivel de directivos y a nivel de patos”.

Esa mezcla entre estos cinco personajes (incluidos los patos o colados sin un peso), al decir de Barragán, “no dejaron trabajar la selección” y lo que pasó en ese junio de 1994 “se veía venir”. Y se vino con la eliminación del equipo y la trágica y dolorosa muerte de Andrés.

Después de que Colombia goleó 5 a 0 a Argentina en Buenos Aires (septiembre de 1993), todo el mundo quería estar con los jugadores dirigidos por Maturana. Desde el presidente de la República hasta el colombiano más humilde.

De acuerdo con Barragán, en varias oportunidades preguntó dónde estaban los jugadores para entrenar y la respuesta era sencilla: están con políticos. Como “el Pibe” Valderrama haciéndole campaña al entonces candidato liberal Ernesto Samper. Eso fue por plata, desde luego, maestro Valderrama.

Ya en Estados Unidos, a los jugadores colombianos y a su cuerpo técnico les impusieron el hotel y todo lo demás. Los hospedaron en un hotel de cuatro pisos. El segundo era para la selección. Los otros tres para empresarios, directivos, patrocinadores, políticos y colados.

Quien entraba a la habitación de un jugador se encontraba con que allí podía haber 20 o más personas. Muchas de esas personas no eran precisamente las esposas de los futbolistas.

Y el balón rodó y Colombia cayó en el primer partido ante Rumania. El equipo, en realidad, no jugó mal, pero la derrota fue contundente: 3 a 1. Después vino Estados Unidos y también el autogol de Andrés; al final, otra caída 2 por 1. A Suiza, cuando el equipo ya estaba eliminado, se le derrotó 2 a 0.

De regreso a Colombia, Andrés Escobar les aconsejó a varios de sus compañeros (como “el Tino” Asprilla) que tuvieran cuidado por unos días, que los ánimos estaban muy caldeados, que en el país había mucho dolor por la eliminación.

Pero fue Andrés el que no se cuidó. En el amanecer del 2 de julio de 1994 fue asesinado a la salida de una discoteca de Medellín. Lo mató un tal Humberto Muñoz Castro, quien trabajaba para unos mafiosos de apellido Gallón. Muñoz fue condenado a 42 años de cárcel y los Gallón sobreseídos.

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La violencia, hace 25 años, nos arrebató a Andrés Escobar para vergüenza de Colombia ante el mundo.