Estigmatización que hace daño.

JORGE LUIS CALLE

Estigmatización que hace daño. Columna de Jorge Luis Calle Clic para tuitear

He sabido de constructores ventajosos, comerciantes deshonestos, banqueros corruptos, abogados torcidos y empleados que roban. Pero jamás se me ha ocurrido decir que los constructores son ventajosos, los comerciantes deshonestos, los banqueros corruptos, los abogados torcidos, y los empleados ladrones.

Al igual que yo, la mayoría de personas evita hacer esta generalización, no solo porque resulta ofensiva, sino porque es sumamente injusta y se lleva por delante a quienes practican su oficio con honestidad y profesionalismo. Sin embargo, cuando se trata del sector público, la reacción social es diferente. Cuando un político obra mal y viola la ley, su caso tiene alta visibilidad mediática y la ciudadanía suele señalarlo como uno más perteneciente al “mismo costal”. Peligrosamente, y debido a variados y vergonzosos casos, se ha venido alimentando una cultura de repudio hacia quienes hacen política o quieren vincularse a lo público; a tal punto, que quien lo hace, es considerado culpable hasta que demuestre lo contrario. Tanto en los ambientes más formales, como en los círculos más informales, las expresiones “todos los políticos son iguales”, “ninguno se salva”, “todos roban pero al menos ese hace”, y algunas otras, son mencionadas con frecuencia y aceptadas unánimemente en conversaciones sobre política.

Cuando un político obra mal y viola la ley, su caso tiene alta visibilidad mediática y la ciudadanía suele señalarlo como uno más perteneciente al “mismo costal”. Clic para tuitear

Esta estigmatización hace daño y lastima la democracia por dos razones fundamentales: desincentiva la participación política y la vinculación al sector público de personas buenas y honorables, y permite que quienes ejercen malas prácticas, incursionen y se muevan con agilidad en el escenario político-público, por el desinterés y el rechazo de los ciudadanos respetuosos de la ley y amigos de las buenas costumbres.

Es una delicada tendencia que debemos revertir con urgencia. Para ello, es necesario hacer el quite a conversaciones que no construyen e invitar a los amigos que insisten en desprestigiar de manera generalizada, a no continuar haciéndolo. También es fundamental rechazar con contundencia a quienes se comportan de manera irregular, pero sobretodo, excluirlos socialmente: dejar de asistir a sus eventos, evadir relaciones comerciales con ellos y evitar beneficiarse de sus negocios o actividades.

Asimismo, es muy importante ejercer una permanente veeduría ciudadana sobre quienes administran los recursos de todos, conocer las propuestas de quienes pretenden hacerlo y denunciar las malas prácticas. Además, es esencial reconocer y exaltar la labor de quienes lo hacen bien, y celebrar las buenas gestiones y los aciertos de los servidores públicos y de los políticos. Finalmente, es recomendable volver a la cátedra de ética y valores en los colegios, impulsar iniciativas que fortalezcan la cultura ciudadana, y participar de manera consciente en todos los procesos democráticos para aumentar las posibilidades de que los ciudadanos honestos y respetuosos de la ley, accedan a cargos de poder.

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No olvidemos que la política, es solamente un reflejo de la sociedad en la que vivimos.