Estrategia Política, TIC’s y Trasbordo Ideológico Inadvertido

César Betancourt Restrepo

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Cesar Betancourt

El 26 de Septiembre de 1960 John F. Kennedy y Richard Nixon tuvieron el primer debate presidencial televisado en Estados Unidos. Quienes vieron el debate por televisión dieron por ganador a JFK, y quienes lo escucharon por radio, pensaron que Nixon salió victorioso. 

Para este debate televisado, Nixon decidió vestir un traje gris más bien simple y no aceptó ser maquillado, por el contrario Kennedy escogió un traje con el que pudo resaltar varios de sus rasgos físicos, y además se bronceó, y en general cuidó más su imagen que la de su oponente. 

Ese año Kennedy sería elegido el trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos de América. 

Hoy en día no se necesita ser un gurú para afirmar que la Imagen en la Política Electoral es fundamental, desde la vestimenta hasta la simetría del rostro, la pose, el lugar hacia el que se mira, el ángulo de la fotografía, los filtros que se utilizan, hasta el uso de pequeños elementos icónicos de determinados líderes políticos que ayudan a su singularización. 

Esto no es un aspecto que se toma a la ligera en la estrategia política, porque la imagen debe generar empatía y recordación, por esta misma razón los políticos evitan cambios bruscos en su imagen, pues una parte del electorado podría no reconocerlos ¿Han notado que hasta el corte de cabello es el mismo siempre?

La imagen se asocia con determinadas emociones y sentimientos, pero además se complementa con algo adicional, un eslogan, una frase, y todo esto combinado, junto con una ardua tarea de Relaciones Públicas, nos dan una imagen sobre la que la opinión pública delibera y decide. 

Es importante anotar que determinados personajes, tanto por su historia como por lo llamativo de su imagen, en determinado punto llegan a tener más imagen negativa que positiva, y no necesariamente es únicamente por su apariencia. 

Miremos por ejemplo al ex procurador Alejandro Ordóñez, que con una imagen ciertamente demonizada por los medios, pero al mismo tiempo afectada por sus propias declaraciones, tiene una imagen negativa superior a la positiva, al punto que una candidatura suya sería inviable porque tendría pocas opciones de ganar. 

Es muy probable que otro personaje, más joven, con más carisma y con cierto encanto sobre la cámara, pero con las mismas ideas, tuviera muchísimas más opciones de ganar unas elecciones. Así son las cosas.  

Pero miremos entonces el caso de Antanas Mockus, alguien que sigue convocando masas, que tiene una imagen positiva superior a la negativa y que además goza del aprecio de los medios, y aunque sus declaraciones sean enredadas, confusas, haya caído en el show patético de bajarse los pantalones y en su historial haya sido facilitador de un grupo terrorista, en determinado caso tendría muchas más opciones reales de ganar unas elecciones. 

¿Por qué ocurre esto? Dejando de lado el discurso ideológico hay varios factores a tener en cuenta. 

El primero de ellos es la Narrativa. Cada personaje público tiene una historia que contar, un qué y un por qué, un sentimiento que transmitir, y hay narrativas que nunca llegan a conectar con el público, entonces lo primero que hay que investigar es ¿Qué piensa el público? ¿Qué piensa el electorado? ¿Qué miedos y esperanzas tienen? ¿Qué visión tienen? Esto requiere un esfuerzo enorme de estar conectado con el país. 

El segundo es factor que hay que tener en cuenta es la contraposición o comparación, y en política es clave entender que cada personaje público compite contra otros por obtener un cargo, son productos que compiten entre sí para que nosotros los adquiramos. Por qué A es bueno y B es malo, por qué A es mejor y B es peor. 

Cuando comparamos entre dos productos, nos inclinamos por uno, y generalmente son razones más emotivas que racionales, entonces una tarea que tiene el estratega político es saber qué puntos fuertes tiene el candidato A sobre el B, y qué debilidades tiene B para explotarlas.  

Ahora bien, tenemos la imagen (una imagen física pero también conceptual), una narrativa y una comparación. Estos aspectos apenas básicos son elementales en la comunicación y estrategia política, y aún quedarían muchos más aspectos, y en su gran mayoría se centran en trabajar la psique y la emotividad del público. 

En este sentido es básico entender que el mensaje (tanto el racional como el emotivo) deben apuntar a la mayor cantidad de público posible, y esto explica por qué hay ciertas candidaturas que terminan siendo inviables, porque si bien se conectan con un sector de la población, abarcan muy poco del total.  

Ahora pensemos que A y B no son líderes políticos, sino posturas políticas, ideologías. La tarea es la misma, con un factor aún más determinante, que la campaña debe ser permanente y sostenida por años, décadas y hasta siglos. 

Veo con preocupación que el socialismo internacional y nacional han entendido esta realidad, que se están ganando el corazón de las personas más por emociones que por razones, y que tienen una imagen positiva sobre todo en la juventud, mientras demonizan a la derecha y al sistema liberal, y mientras esto ocurre, la derecha está pasmada creyendo que lo que está por pasar, no va a pasar. 

La izquierda tiene una nueva imagen, una nueva narrativa y cada día se vende mejor que la derecha utilizando para ello el gran potencial que tienen las nuevas tecnologías de comunicación e información, y no hemos podido entender que todos los días caemos en su juego dando patadas de ahogado en un plano intangible al que no le han querido poner atención. 

Mientras la izquierda mueve masas con youtubers histriónicos, influencers y columnistas que juzgan sin ningún sentido del contexto histórico o verdad, la derecha sigue creyendo que con aburridos comunicados se va a ganar el corazón de la gente, apreciación supremamente grave cuando la población ha estado expuesta durante varios años a un proceso de subversión ideológica. 

Lo que llaman marxismo cultural o trasbordo ideológico inadvertido, no es más que una campaña de comunicación, marketing y publicidad de magnitudes enormes y prolongadas, mientras la derecha ha fallado en reinventarse, venderse y enamorar al público. 

En pocas palabras, la izquierda está despierta y aventajada, y la derecha dormida en los laureles. Nixon perdió porque desestimó el poder de una nueva tecnología que le brindaba la enorme oportunidad de conectarse con toda una nación. Reza el adagio popular que quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

César Augusto Betancourt Restrepo
Acerca de César Augusto Betancourt Restrepo 68 Articles
Soy Profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Cordovista hasta los tuétanos, ciclista amateur enamorado de Medellín y admirador de Oscar Wilde, Freddy Mercury y Salvador Dalí. Escribo con alma, vida y sombrero. #DogLover #MejorEnBici