Incluso hoy, los comunistas siguen proclamando una y otra vez ese título de antifascistas, aun cuando a lo largo de la historia han empleado la violencia desproporcionada para lograr sus objetivos Clic para tuitear

 

El 2 de mayo de 1945 el Ejército Rojo doblegó las fuerzas alemanas en Berlín, con lo que se selló el destino del Tercer Reich, marcando un hito no solo militar, sino también discursivo, ya que los soviéticos fueron, ante los ojos del mundo, quienes derrotaron a Hitler y al nazismo. Desde entonces los camaradas de la hoz y el martillo se han adjudicado el título de antifascistas.

Incluso hoy, los comunistas siguen proclamando una y otra vez ese título de antifascistas, aun cuando a lo largo de la historia han empleado la violencia desproporcionada para lograr sus objetivos, y, de hecho, volviendo a los momentos álgidos de la Segunda Guerra Mundial, se evidenció que los soviéticos fueron los aliados de Hitler y cometieron las mismas barbaridades inhumanas que los nazis.

Recordemos que años antes, más exactamente el 23 agosto de 1939 (nueve días antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial), Alemania y la Unión Soviética firmaron el pacto Ribbentrop-Mólotov, el cual era un acuerdo de no agresión entre ambas Naciones, así como un convenio para fortalecer sus vínculos comerciales. Pero más allá de eso, lo que escondió este tratado germano-soviético, era la intención de los dictadores Hitler y Stalin de repartirse Europa una vez terminara el conflicto bélico que estaba por estallar.

Los efectos del tratado llegaron a tal punto, que cuando Francia le declaró la guerra a Alemania, los miembros del partido comunista galo se negaron a prestar servicio militar, y acusaron al gobierno francés de “imperialistas”.

Los afectos entre nazis y comunistas se hicieron más evidentes cuando Alemania invadió a Polonia, y lo propio hizo la Unión Soviética 16 días después, lo que dejó como resultado el territorio polaco dividido entre los dos titanes, y a su vez, incitó a que los rojos procedieran a invadir nuevos territorios.

El idilio entre ambos dictadores duró hasta que Hitler decidió atacar a la Unión Soviética en la Operación Barbarroja el 22 de junio de 1941, y entonces lo interesante, por no decir conveniente, es que los camaradas inmediatamente de autoproclamaron antifascista.

¿Entienden el cinismo de los comunistas? Tanto los nazis como los comunistas tuvieron similitudes en sus acciones barbáricas, ambos fusilaron a los ciudadanos de las naciones anexadas que se negaban a doblegarse, ambos mandaron a los prisioneros de guerra a campos de concentración, incluso la Unión Soviética decidió adrede exterminar pueblos enteros a punta de hambrunas.

Entonces ¿Qué es realmente lo que diferencia a los unos de los otros? ¡La única diferencia es que la Unión Soviética ganó la guerra!

Alemania si bien despertó un poderoso enemigo como la Unión Soviética, esto no quiso decir que inmediatamente la URRS se volviera aliado de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, simplemente tenían un enemigo común; no fue sino hasta la conferencia de Yalta en que Churchill y Roosevelt pactaron con Stalin para poder unirse y atacar conjuntamente a Adolf Hitler, pero esta era una alianza despreciable tanto para Inglaterra como para Estados Unidos, pues la URRS pidió a cambio, lo que originalmente había pactado con los nazis: Territorio, más exactamente el este de Europa, lo que después se conoció como la Cortina de Hierro. De hecho, muchos historiadores indican que el inicio de la Guerra Fría no se dio una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, sino al término de la conferencia de Yalta.

Al final de la guerra, lo que se vio fue la bandera roja ondeando en una Berlín desolada, destrozada y en ruinas. Esto tuvo varias consecuencias que me voy a permitir enumerar de manera muy breve:

  1. La idea generalizada de que fue la Unión Soviética la ganadora durante la Segunda Guerra Mundial, lo que a su vez generó un sentimiento de gratitud hacia esa Nación, ya que “sin ellos no se hubiera podido derrotar a Hitler”. La hoz y el martillo quedarían para siempre clavada en la memoria de la historia.
  2. El fortalecimiento del discurso “antifascista” de la Unión Soviética.
  3. El “olvido generalizado” de la alianza previa entre los comunistas y los nazis, lo que en plata blanca significa, una omisión a todos los crímenes de lesa humanidad cometidos por los soviéticos antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Estas tres consecuencias se vieron agravadas por una circunstancia apenas entendible; al final de la guerra, ningún país quería saber nada de conflictos, nadie quería enemistarse con la Unión Soviética, y, además, cada nación estaba lamentando sus propias pérdidas, sintiendo su propio dolor y sanando las heridas; nadie, absolutamente nadie, tuvo ojos para mirar a la URRS, en donde se seguía con el baño de sangre y represión.

Mientras los comunistas asesinaban, torturaban, reprimían y asediaban a las naciones de Europa del este recién anexadas, hacia occidente su discurso y propaganda era meliflua, poética… llamaban a una nuevo Renacimiento ¡A una nueva ilustración! Con el poder de la palabra condenaban al capitalismo, aunque con su silencio dejaban en el olvido a millones de víctimas. Como diría Stéphane Courtois: “el rostro luminoso del comunismo ocultaba casi totalmente la faz de las tinieblas”.

En pocas palabras lo que quiero transmitir es que las diferencias entre comunistas y nazis son mínimas, tal vez la única desemejanza de fondo entre ambas ideologías criminales, es que unos querían la dictadura del proletariado y los otros la supremacía racial, de resto parecen la calca de un mismo trazo.

Y digo los comunistas en general, porque el hecho no solo se supedita a la Unión Soviética, sino que la historia se repite en un eterno retorno; miremos los casos de Pol Pot, Mao Zedong, Kim Il Zung, Mengistu Haile y el mismo Fidel Castro.

A hoy se cuentan por millones los muertos directos que ha dejado el comunismo. Según el Libro Negro del Comunismo las cifras son:

  • URRS: 20 millones de muertos.
  • China: 65 millones de muertos.
  • Vietnam: 1 millón de muertos.
  • Corea del Norte: 2 millones de muertos.
  • Camboya: 2 millones de muertos.
    Europa oriental: 1 millón de muertos.
  • África: 1,7 millones de muertos.
  • Afganistán: 1,5 millones de muertos.
  • Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder: 10 millones de muertos.
  • América Latina: 150.000 muertos.

No obstante, y a pesar de las evidencias, hoy los comunistas siguen llamándose a sí mismos antifascistas y hablan del “nuevo hombre”, de la “libre determinación de los pueblos”, pero solo se necesita echar un vistazo a los crímenes de lesa humanidad que cometió Fidel Castro en Cuba, o leer las memorias racistas y homófobas de Ernesto “Che” Guevara, o ver los videos de los campos de concentración de las Farc en Colombia, para darnos cuenta quienes son los verdaderos fascistas, los verdaderos criminales.

Hoy, gracias al Grupo de Puebla, al Foro de Sao Paulo y a la Internacional Socialista, ese discurso empalagoso comunista está nuevamente de moda en Latinoamérica; una vez más tienen la osadía y el cinismo de seducir a las masas para que vayan voluntariamente al matadero. Hoy se han robado las banderas de los derechos humanos, la paz, el cambio, el orgullo LGTBI, del feminismo, la lucha contra la corrupción y acuden como siempre al antifascismo para tener un discurso de odio, que en su esencia mantiene la lucha de clases y la combinación de todas las formas de lucha para acabar con la democracia y las libertades individuales. Palabras más, palabras menos, han empleado la guerra cultural para controlar a las nuevas generaciones, lo que se ha denominado, trasbordo ideológico inadvertido.

Dios bendiga a América Latina, a los países que siendo libres escogen engañados la opresión, y a todas las naciones que no han podido superar el yugo de la esclavitud fascista-comunista.

César Betancourt Restrepo
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César Betancourt Restrepo. Profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Cordovista, defensor del sentido común y de las Fuerzas Armadas de Colombia.