Hambre

JOHN MILTON JR

Julián Buitrago

@jbagbam74

Hambre columna de John Milton Clic para tuitear

Hace 15 días hicimos un pedido a domicilio para almorzar a la una de la tarde. El restaurante tuvo un problema con el sistema y la comida nunca llegó, a pesar de que varias veces nos confirmaron que venía en camino. A las cinco todos teníamos mal genio y decidimos cocinar algo de afán. Fue un problema fácilmente solucionable porque afortunadamente teníamos provisiones. Cuando mi hija se empezó a quejar fue inevitable echarle el discurso de lo privilegiados que somos. Nuestro caso fue de unas pocas horas, pero la sensación de hambre fue desesperante.

Recuerdo que en el colegio nos llevaron a una convivencia de todo el día, supuestamente con alimentación incluída. Pasaba el tiempo y no nos daban nada. Cuando el reclamo fue general el Padre que dirigía el taller nos dijo que la idea era que experimentáramos por una sola vez lo que tenían que vivir miles de jóvenes, que debían estudiar o trabajar con el estómago vacío y muchas veces se acostaban sin haber tenido una comida completa.

Es común que obreros de construcciones lleven un porro de marihuana al trabajo. Con eso le hacen el quite al hambre.

Hay cientos de películas sobre la Segunda Guerra Mundial, pero la única que refleja el drama del hambre es El Pianista, de Roman Polanski, con la que Adrien Brody se ganó el Oscar a mejor actor. La escena de la lata es memorable. Si no la han visto se las recomiendo,  o repítanla, sabiendo qué quiere mostrar el director.

Para nosotros, una minoría privilegiada que puede aguantar la cuarentena, no hay problema si la alargan 8 o 15 días. ¿Pero qué pasa con esos millones de personas que viven de lo que producen al día? Las imágenes de ventanas con trapos rojos es deprimente. Es cierto que debemos tomar todas las precauciones para que el virus no colapse nuestros servicios médicos. ¿Pero qué pasa con el hambre? ¿Cómo llevarle alimentos a esas miles de familias para las que un día de encierro es una eternidad?

Las imágenes de ventanas con trapos rojos es deprimente. Es cierto que debemos tomar todas las precauciones para que el virus no colapse nuestros servicios médicos. Clic para tuitear

Se calcula que la consecuencia del COVID 19 a nivel mundial será la pérdida de 500 millones de empleos. Una contracción económica entre el 3 y el 4%, lo que significa en plata blanca que una gran parte de la población no tendrá cómo satisfacer sus necesidades básicas.

La enseñanza de esta pandemia es que para sobrevivir debemos ser empáticos. La primera lección era aislarnos para evitar el contagio. La segunda es que no podemos acostarnos tranquilos sabiendo que miles de personas no han tenido como llevar comida a sus casas. Sacrifiquemos algo de lo que compramos y donemos alimentos. Puede que nuestra situación de caja no sea la mejor, pero seguro que una libra de arroz, una panela, una bolsa de leche no nos va a descuadrar. 

En El Pianista, la familia del músico judío era muy acomodada, vivía rodeada de lujos, obras de arte, lo que menos imaginaron era que la vida les iba a dar un giro de 180 grados y les iba a faltar comida. Nosotros estamos a tiempo. El arma para ganarle la guerra al virus es la solidaridad. Demos la mano hoy, puede que mañana necesitemos que alguien nos devuelva el favor. Si algo dejó claro esta crisis es que el mundo no estaba preparado para enfrentarla y las consecuencias todavía no las hemos dimensionado.

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Julián Buitrago
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Administrador de Negocios, economista.