Impunidad

David Ghitis

Creo yo, con todas las posibilidades de equivocarme, que una de las cosas que más nos molesta a los colombianos, es la impunidad. Nos disgusta ver que criminales no paguen por sus crímenes. Desde el atracador que es dejado en libertad por un juez de garantías y el que se sube sin pagar al bus hasta el congresista que todos saben que se ha enriquecido ilícitamente pero que es intocable para los jueces. Desde el que se roba un espejo de un carro hasta el más cruel reclutador de niños, pasando por los violadores, asesinos, terroristas, extorsionistas, etc. Vemos tanta impunidad cada día que ya nos parece parte del paisaje y convivimos con ella como quien sufre de una onicomicosis incurable.

Ante crímenes con pruebas, decimos que el criminal es inocente o buscamos cómo justificarlo “sí, él robó, pero es buena persona” y ante acusaciones sin prueba, nos lanzamos como leones hambrientos sobre la presa. Le reconocemos impunidad al criminal, aunque es cogido in fraganti y condenamos a quien no se ha probado su culpa por falta de pruebas.

Ante crímenes con pruebas, decimos que el criminal es inocente o buscamos cómo justificarlo “sí, él robó, pero es buena persona” y ante acusaciones sin prueba, nos lanzamos como leones hambrientos sobre la presa. Clic para tuitear

Hace ya un año vimos el video de Petro recibiendo fajos de billetes. Él dijo que eran del arquitecto Simón Vélez, pero el arquitecto salió a desmentirlo. Hasta ahora no hemos visto acciones de la justicia para tratar de dilucidar ese capítulo. El único video de un político recibiendo dinero de manera clandestina. Impunidad.

Las mujeres de Rosa Blanca denuncian que cabecilla de las FARC y actual congresista Carlos Antonio Lozada, uno de sus alias, es un violador de menores. Según las acusaciones, él también es conocido con el remoquete de “tornillo” por su gusto por los niños. Allí está, en su curul sin haber reparado a las víctimas ni haber enfrentado a la justicia. Impunidad.

El tema de las ministras “impolutas”. Impunidad.

Estos son solo algunos ejemplos de graves crímenes y de cómo ya nos acostumbramos a convivir con criminales como consecuencia de la impunidad.

La impunidad es la hija natural de un sistema de justicia que está muerto. O, al menos, agonizante. Tenemos escándalos donde están envueltos magistrados, jueces, fiscales. Entes de control que no controlan. Impunidad a todo nivel. Rectores de universidades que usan el dinero del estudio para pagar burdeles y luego les dice a los estudiantes que no hay plata y eso termina en protestas contra el gobierno pidiendo más presupuesto… que él se gastará en más burdeles. 

La primera reforma que este país necesita en una reforma profunda a la sociedad para que aprendamos a no convivir con criminales y una reforma a la justicia que acabe con la impunidad.

Que un congresista que juega con la comida de los niños, se vaya preso. Que un juez que deja en libertad a alguien por un regalo, se vaya preso. Que un magistrado que selecciona una tutela para favorecer a alguien a cambio de favores, se vaya preso. Que un alcalde que hace contratos a dedo violando régimen de contratación, se vaya preso.

Tenemos en la mente aun a Santrich quien fue dejado en libertad y no fue extraditado gracias a magistrados que le protegieron. Así no haya habido un centavo de por medio, esos magistrados deberían haber renunciado al menos para mostrar dignidad. Al menos para dar un ejemplo. Al menos para que creamos en su rectitud. La ética no les da para tanto.

Acabar la impunidad es tarea dura. Requiere que el presidente se ajuste el cinturón y se embarque en esa campaña. Solo así se recuperará la confianza de la gente. 

Acabar la impunidad es tarea dura. Requiere que el presidente se ajuste el cinturón y se embarque en esa campaña. Solo así se recuperará la confianza de la gente. Clic para tuitear
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Acerca de David Ghitis 37 Articles
Originario de Cali en 1964. Estudié en el Colegio Hebreo de Cali. Presté servicio militar y gracias a eso conocí cosas de la Colombia que a los jóvenes “de buena familia” rara vez les toca conocer. En 1998, por la situación en la que estaba el país y como muchos colombianos, salimos a buscar mejores oportunidades en otras latitudes. Un tiempo en Israel, otro en USA y otro más en República Dominicana me dieron una visión con varios matices de cómo las distintas circunstancias esculpen las personalidades. Regresé a Colombia convencido de que no hay mejor país y con el ánimo de aportar mi grano de arena para que sea cada vez mejor.