Justicia

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Justicia Columna de David Ghitis Clic para tuitear

¿Qué es la justicia? Trataré de hablar de este tema desde mi punto de vista que es el de un ciudadano común y corriente que, además, no es abogado.

Justicia, según la RAE, es “Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece”. Eso, entre otras tantas definiciones, pero esa es la primera y enmarca a todas las demás.

Las primeras leyes que conocemos son aquellas que, según la Biblia, Dios entrego a los judíos en el monte Sinaí y que conocemos como “Los 10 Mandamientos”. Entre ellos estaban los famosos No Matarás y No Robaras, etc. Además, se crea una ley “retributiva” y se resume en el famoso “ojo por ojo, diente por diente”. Esto mismo se ve en el no menos famoso Código de Hammurabi y sus similares en otras culturas. Esto llevaba a matar a quien mataba, pero incluso se imponía la pena de muerte de manera “alegre” a muchos “crímenes” como la vagancia, robos menores, etc.

Hoy no aplicamos ese tipo de castigos de sangre a las faltas cometidas, al menos en los países occidentales, pero como ciudadanos, esperamos que se aplique la justicia con la pena que nos hemos permitido dar a los criminales: privación de la libertad.

La justica debería no solo castigar al infractor sino además darle a la víctima el mensaje de que la sociedad aplicó un castigo a quien actuó en contra de los parámetros de convivencia de manera dolosa. Si no se aplican los castigos a los delincuentes, estos seguirán delinquiendo incentivados por la impunidad.

La justica debería no solo castigar al infractor sino además darle a la víctima el mensaje de que la sociedad aplicó un castigo a quien actuó en contra de los parámetros de convivencia Clic para tuitear

Pero como lo dice la RAE, la justicia debe ser “dar a cada uno lo que le corresponde”. O sea que castigar con 8 años de privación de privación de libertad a un ladrón de chocolates, pero premiar con una curul en el congreso a un criminal de lesa humanidad, manda el claro mensaje de que no hay justicia.

Los ciudadanos estamos siendo testigos de cómo un atracador sale libre el mismo día de su captura pues un fiscal o un juez deciden que “no son peligrosos para la sociedad”, pero nosotras, la sociedad, si estamos en peligro. La justicia debe ser reformada para garantizar que la sociedad recupere la tranquilidad. No pedimos que regresen los castigos bíblicos, pero si pedimos que los criminales no sigan siendo incentivados con impunidad.

Una reforma a la justicia debe incluir a todos los estamentos. A las altas cortes, a los jueces, a los fiscales, a los servidores públicos y a la sociedad en general. No puede ser que quien se roba el dinero de la alimentación de los niños no reciba un castigo justo o que quien juega con la salud de la gente siga tan campante o que quien viola las normas se erija a si mismo como faro moral. No puede ser que un juez aplique una ley que castigue a un corrupto y luego otro juez, amigo del condenado, busque una ley que lo exonere. Esto es una burla a la sociedad. Se requiere una reforma profunda, en la que todos seamos iguales de nuevo y no que quien es amigo del juez pueda delinquir con tranquilidad. Se requiere una reforma que controle a los administradores de justicia para que no se vendan. Se requiere que los legisladores tengan controles para que no legislen en causa propia o beneficiando a sus amigos. Se necesita una reforma que evite que el ejecutivo compre conciencias para lograr sus objetivos por más altruistas que estos sean.

Se necesita una reforma a la justicia que le arrebate a los delincuentes su tranquilidad y se la devuelva a la sociedad.

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Acerca de David Ghitis 33 Articles
Originario de Cali en 1964. Estudié en el Colegio Hebreo de Cali. Presté servicio militar y gracias a eso conocí cosas de la Colombia que a los jóvenes “de buena familia” rara vez les toca conocer. En 1998, por la situación en la que estaba el país y como muchos colombianos, salimos a buscar mejores oportunidades en otras latitudes. Un tiempo en Israel, otro en USA y otro más en República Dominicana me dieron una visión con varios matices de cómo las distintas circunstancias esculpen las personalidades. Regresé a Colombia convencido de que no hay mejor país y con el ánimo de aportar mi grano de arena para que sea cada vez mejor.