Juventudes Encadenadas

Columnistas Invitados

Lucas Durán Hernández

 

 

“Un país en donde hay más adoctrinamiento que educación es un país condenado al fracaso” Fernando M. Deurer

 

Podemos exponer que el término adoctrinar significa transmitir creencias, doctrinas o ideas a una persona o un determinado grupo para que las haga convenientes, adecuadas y propias.

Hoy en día, en las aulas escolares colombianas, hay adoctrinamiento político rampante, donde muchos de los maestros aprovechan su cargo como directiva para manipular las mentes de los jóvenes sin recurrir a la violencia física, con el fin de beneficiar a cierto personaje o grupo político.

La educación tiene el propósito de formar ciudadanos autónomos capaces de saber leer bien, argumentar, proponer, liderar, conocer, investigar, saber decidir, y de esa forma poder contribuir a la sociedad teniendo en cuenta tanto sus derechos como sus deberes. A pesar de esto el adoctrinamiento busca inculcar determinadas formas de pensar del individuo al que va dirigido, formando posturas sesgadas sin derecho al libre pensamiento y en ocasiones se anula la verdad.

Ponerle fin al adoctrinamiento es un debate muy complejo y que generalmente resulta polémico, los oponentes dicen que todo se trata de una cacería de brujas entre los profesores con el fin de debilitar a ciertos sindicatos y así mismo expresan preocupación por el deseo de formar jóvenes sin la capacidad crítica para comprender el entorno en el que viven teniendo en cuenta las problemáticas sociales, económicas y políticas a las que nos enfrentamos hoy en día, pero realmente es todo lo contrario,el único objetivo de decirle NO al adoctrinamiento es una educación mejor con el propósito de seguir construyendo país, además, según los expertos y sus investigaciones, el hecho de que los maestros y las directivas de las instituciones educativas estén dispuestos a entrar en debates, conversaciones e incluso los mismos métodos de enseñanza con diversas posiciones tiene resultados muy positivos en los estudiantes, todo esto con el fin de conformar espacios de cultura ciudadana de mano de la participación crítica y el conocimiento cívico, donde las clases se conviertan en espacios de libertad sin tener miedo de exponer lo que se cree y se piensa.

Y no son calumnias, de hecho, muchos estudiantes han denunciado y manifestado que el sindicato nacional de FECODE, les regalaba décimas a los estudiantes por salir a marchar, cambiando totalmente o nublando de manera significativa la realidad de las marchas, llenando a los estudiantes de odio frente al gobierno nacional y frente a su gestión, razones que motivaron a los estudiantes a marchar, diciendo que el gobierno había presentado supuestas reformas, algo que era absolutamente erróneo y que fue desmentido por los ministerios gubernamentales y el mismo Presidente de la República.

Actualmente en Colombia los jóvenes de colegios y universidades que profesan o tienen una idea política diferente a la de la de los jóvenes de hoy en día cómo son ideales de izquierda, son juzgados, volviéndose blanco de ataque de estigmatización por parte del cuerpo de docentes, muchos sienten temor al hablar sobre estos episodios porque los profesores pueden arremeter contra los estudiantes respecto a sus notas.

Debemos empezar a caer en cuenta que clase de sociedad estamos formando y sobre todo las bases que estamos dejando para un futuro, debemos construir una sociedad donde todos estemos en libertad de pensar y de expresar nuestros ideales, teniendo la capacidad de construir desde la diferencia.

El día de hoy, alrededor del 70.5% de los colegios Colombianos son públicos, es decir, son administrados por el estado, y sus profesores pertenecen al infame sindicato, FECODE. Este sindicato de docentes y trabajadores del sector educativo, aunque en un principio representaba los intereses legítimos de sus miembros, hoy en día se convirtió en uno de los brazos burocráticos que la izquierda utiliza y expande para socavar la democracia. No podemos olvidar que el actual director de la organización, Carlos Enrique Rivas, en un pasado (no muy lejano) fue simpatizante del movimiento Progresistas que llevó a Gustavo Petro a la alcaldía de la capital, y antes de eso, estableció amistades con sus compañeros elitistas del PDA (Polo Democrático Alternativo). Con esto presente, no es sorpresa que los militantes de izquierda -a los que Lenin se refirió como “Idiotas útiles” toda su vida-, le hagan caso a sus líderes políticos, y defiendan a capa y espada el sindicato cuya administración tuvo simpatías y vínculos ideológicos con el partido del fallecido Carlos Gaviria, que lideró la oposición al gobierno del presidente Álvaro Uribe, el mismo gobierno que incrementó los cupos universitarios en un 196%.

Aparte de esto, al sindicato que clama ser el defensor de los humildes y la niñez colombiana, no le podría importar menos los impactos que sus irresponsables y a veces descabellados paros tienen en las familias de bajos recursos que dependen del sistema público de colegios. Al gobierno Colombiano se le imposibilita castigar a los profesores y los líderes sindicales al suspender su remuneración mientras protestan, lo cual significa que, mientras que familias que hacen un millón de pesos al mes, deben pagar más de ⅓ de sus ingresos al colegio (sin recibir la educación por la cual pagan), los profesores pueden estar en las calles, obstruyendo las vías de transporte, y protegiendo a los vándalos y a los agitadores de la ley.

La cantidad de familias que se encuentran en estas situaciones varias veces al año es absurda, pero más absurdo es pensar que un sindicato público cuyo objetivo es “establecer el socialismo en Colombia” hará un buen trabajo instruyendo objetivamente a las generaciones que decidirán el rumbo de nuestro país en materia política y económica. Durante varios años, muchos sectores del periodismo independiente e internacional han tratado de mostrarle al país las malas intenciones de la educación pública, al fin y al cabo, a los políticos no les conviene que el pueblo sea erudito y educado, entonces ¿Por qué les confiamos a los mismos burócratas que llevaron a Bogotá a la quiebra, la educación de nuestros hijos?; y aún más importante, ¿Por qué ha existido una peligrosa apatía por este problema por parte de los partidos de centro y de derecha, considerando que las políticas que FECODE promueve son incompatibles con los valores republicanos y liberales?.

¿Cuál es el verdadero objetivo de Fecode?, ¿No son acaso algunos de sus objetivos la excelencia en calidad de educación?, ¿El bienestar de los estudiantes y maestros? ¿La libertad de expresión y respeto a cada ideal?

Realmente es sorprendente que en plena pandemia, sea precisamente FECODE quién convoca plantones entre el 4 y 11 de Junio de 2020, fecha de pico más alto de contagio por COVID-19 en nuestro país, plantones que generan aglomeraciones de personas. Estas son actividades completamente irresponsables que ponen en riesgo a estudiantes, maestros y familias enteras, es por ello que hay una duda que refleja si este sindicato realmente se preocupa por el bienestar de sus estudiantes y la excelencia académica, o por sus interés propios, distintos a los que profesan como docentes, algo que también se vio reflejado en marchas convocadas el 25 de Marzo del mismo año, donde privan a los estudiantes de la educación por tres días, afectando su aprendizaje y rendimiento académico.

Eso no es todo, y nos podríamos quedar escribiendo una lista sin fin de innumerables atentados en contra de los jóvenes por parte de los ya mencionados. Incluso, el año 2019 fue sin duda la ausencia en las aulas un factor que prevaleció durante todo el año, a causa de las protestas convocadas por el ya mencionado sindicato. Desafortunadamente esto se ve reflejado en los decepcionantes resultados de las pruebas saber 11 donde la primera institución pública se ubica en el puesto 96, incluso entre los 500 mejores resultados de los colegios sólo hay 23 colegios públicos, esto es sin duda la muestra clara que no es precisamente la calidad de educación un verdadero interés para ellos. Es de anotar que el gobierno actual ha cedido y a escuchado en mesas de negociaciones sus exigencias, logrando acuerdos nunca antes establecidos, incluyendo el aumento del presupuesto para la educación, que por cierto ha sido el más alto en toda la historia del país, contando con $44,1 billones en 2020.

El adoctrinamiento en Colombia es un problema, y es un problema real, no importa cuantas veces salgan los activistas de FECODE a difamar al Uribismo y a la derecha política, el interés nacional debería ser velar por la integridad y el aprendizaje de los estudiantes y la comunidad en general. Es inadmisible que las aulas se hayan convertido en un centro de reclutamiento para varios sectores políticos revolucionarios, que les digan a las juventudes de nuestro país que salgan a protestar por causas políticas lejanas de la realidad, que destruyan la imagen del imperio de la ley y el republicanismo de occidente, al decir que ellos, “los especiales”, pueden seguir sus propias reglas sin que nadie les haga el reclamo. Un país donde no hay educación y se prioriza la política sobre el carácter intelectual es un país sin futuro; y, francamente, con varios millones de jóvenes atendiendo a los centros de aprendizaje únicamente para que critiquen y censuren los diferentes puntos de vista, Colombia no parece tener un futuro muy brillante.

Este es un problema, y se debe afrontar lo antes posible, por el bien de la Patria.

– Lucas Durán Hernández @LucasDH41
-Diego Felipe Trujillo Ortiz @DiegoFelipeTru5
-Sofía Monsalve Castellanos @SofiaMonsalve_
-Kevin Cárdenas Triana @KevinCTriana

 

Diego Felipe Trujillo
Lucas Durán Hernández

 

Laura Sofía Monsalve

 

 

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