Casos como el de Karina, nos despierta esa creciente xenofobia por quienes vinieron para dedicarse al pillaje, a la prostitución, al abuso y al asesinato, incluso con quienes les han abierto sus puertas. Clic para tuitear

 

Ese pervertido psicópata, esa hiena trashumante que se aparece en el camino de una niña soñadora, para violentarla y cegar su juventud, hoy debe estar ardiendo en el infierno. Ese que encarna a todos los feminicidas y de paso le da razones a ese pensamiento creciente de los movimientos extremistas pro mujer, para meter a los hombres en un mismo costal, y justificar sus ideas emancipadoras.

Ese desamparo de muchas niñas y adolescentes, que transitan senderos, caminos y calles oscuras, buscando materializar sus ansias de volar y de ser felices. Esa insolidaridad femenina, que abandona a las “amigas” a su suerte, como pasó en México con Debanhí Escobar; ese descuido paternal, que deja a las niñas a la deriva, para que caigan en las fauces de un depredador sexual como le ocurrió a Yuliana Samboní. Ese desamparo y esa insolidaridad, están truncando la vida de una mujer cada dos horas en América Latina.

Este asesinato nos recuerda cruelmente, que vivimos en un país cuya justicia es inoperante y blandengue con estos dementes. Justicia, que las comunidades empiezan a aplicar por mano propia, que aunque no nos alegra, nos hace sentir un fresco ante tanta impotencia, mientras la escuela, el estado y la sociedad se lamentan con su doble moral, mostrando asombro público, pero omitiendo la urgente necesidad de ser más drásticos y eficaces en la práctica, a la hora de proteger y salvaguardar la vida de nuestras mujeres y de nuestros niños.

Casos como el de Karina, nos despierta esa creciente xenofobia por quienes vinieron para dedicarse al pillaje, a la prostitución, al abuso y al asesinato, incluso con quienes les han abierto sus puertas. Desdibujando a quienes han venido a buscar un trabajo honesto y a aplicar sus conocimientos para buscar su supervivencia.

Y ahí está, el Estado culpado por una endemia en la que todos llevamos culpa. A lo mejor, sí señalado, por no diseñar marcos normativos eficientes que escarmienten a los abusadores, violadores y feminicidas. Como por ejemplo la implementación de la pena de muerte, de la castración química y de la cadena perpetua, sin derecho de libertades condicionales o rebajas de pena, olvidando los malinterpretados derechos humanos, defendidos por quienes solo defienden delincuentes. O un compromiso serio de la educación, que tenga alcances en los entornos familiares y sociales, más allá de las aulas. Hablo de concienciar a la sociedad desde los púlpitos hasta las esferas políticas e institucionales.

Es sencillamente aprender a ver en el rostro de nuestras madres, de nuestras hermanas, de nuestras amigas o de nuestras novias y esposas, un rostro amoroso, tierno y de respeto en todas nuestras mujeres. Y ese es un reto necesario que apenas empieza a darse, con pasos de tortuga.

Yesid Guinand Calderón
+ posts

Expresidente Concejo Socorro - Santander. Empresario. Estratega, Consultor y Asesor Político. Economista y Politólogo en Formación.

Comparte en Redes Sociales