Desde hace unas semanas los medios de comunicación se han llenado de imágenes tomadas por el Telescopio Espacial James Webb y la verdad es que son impresionantes, los colores, las formas, la distancia, todo en ellas hace que cualquier persona se pregunte por la inmensidad del universo.

 

Me siento pequeño, siento que el tiempo juega conmigo cada vez que leo que el telescopio está tomando imágenes de aquello que pasó hace miles de millones años luz. Entiendo, como quien entiende física básica, que el tiempo en el espacio se mueve a otro ritmo, y que Albert Einstein intentó simplificarlo diciendo que “el tiempo es relativo”, pero que ahora aparatos como el telescopio lo demuestran con simplicidad es un poco complejo racionalizarlo.

 

Otra idea que me asalta cada vez que aparece una imagen de polvo estelar nuevo en mi celular o de una Galaxia Rueda de Carro (Cartwheel Galaxy en inglés) es si realmente estamos solos en un universo tan grande, si no habrá vida en tantos planetas no visitados. Seríamos muy egocentristas si pensáramos así.

 

Interesante y muy positivo saber que el Webb fue creado en una colaboración internacional entre la Nasa, la ESA (Agencia Espacial Europea) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA), y esto lo digo porque de alguna manera entre más involucrados la información que recolecte podrá ser más pública (un secreto de tres es bien difícil).

 

El telescopio también me ha hecho pensar en toda la evolución que ha tenido la ciencia desde que se creía que la tierra era plana, que solo girábamos alrededor del sol, hasta llegar a entender que el sistema solar gira alrededor de la Vía Láctea. Aunque el movimiento lo sintamos poco.

 

El universo se convierte en un gran acertijo, pero ¿qué podemos hacer? Nuestra vida está atada a la fuerza de gravedad, al reloj de segundos, minutos y horas, tenemos un trabajo, una familia, responsabilidades que nos mantienen terrestres, aunque nos encanten las fotos de estrellas lejanas.

 

Y volviendo a esas imágenes, que parecen de película de ciencia ficción, debo admitir que también me hacen admirar todo lo que me rodea. Es que a veces nos sorprendemos por aquello que vemos tan lejano e ignoramos aquello que está a nuestro lado, cuando las imágenes terrestres también son impresionantemente bellas.

 

Quizá somos seres fractales y todo lo que vemos a lo lejos se replica hacía lo microscópico, otro universo celular que se mueve y convive con nosotros. Entonces nuestra cotidianidad hace parte de la belleza del universo, y saber eso me hace feliz.

 

Como última reflexión puedo decir que el derecho, al igual que la astronomía, busca llegar a la verdad de las cosas, ambos quieren ver los hechos desde el lado objetivo, desde una mirada racional.

 

El derecho, al igual que la astronomía, busca llegar a la verdad de las cosas, ambos quieren ver los hechos desde el lado objetivo, desde una mirada racional. Clic para tuitear

 

Iván Cancino G.
+ posts

Papá, esposo de la más hermosa mujer, columnista y abogado.