La Iglesia de Cristo depositó su voto por un ateo que hace profesión de fe cada cuatro años hincado en las basílicas de pueblo. Ahora tiene la bendición papal. Clic para tuitear

La política se ha vuelto frívola porque los secretos del buen manejo del Estado y los intríngulis económicos, filosóficos, sociopolíticos, etc., escapan al hombre de la calle, que está más cerca de entender los desatinos del seleccionador Rueda y sus convocados, que de poder comprender la impertinencia de las descocadas propuestas de Gustavo Petro.

Pero Petro estuvo con el Papa, del que hemos mencionado muchas veces su notorio mamertismo. No importa que no haya foto, el daño está hecho; la Iglesia de Cristo depositó su voto por un ateo que hace profesión de fe cada cuatro años hincado en las basílicas de pueblo, pero que esta vez fue más astuto y prefirió al obispo de Roma y su singular iglesita de San Pedro.

Que se haya reunido secretamente con la empresa Indra, en España, la que va a realizar los escrutinios de nuestras elecciones, es lo de menos. Tal vez Petro ya no necesite favores terrenales después de recibir la bendición papal. Faltó el registro, pero a la gente le bastó el milagro de una foto trucada para creer en Petro. No todos necesitan meter el dedo en la llaga, como Santo Tomás.

Hasta la FAO le está haciendo el milagrito al populista que encabeza las encuestas, metiendo a Colombia en una lista de países hambreados a los cuales, y por fortuna, estamos lejos de parecernos. Basta con pasearse por los almacenes de grandes superficies, los mercados populares o los centros mayoristas de abasto, para ver la abundancia de comida en su más amplia diversidad.

No solo ni por cuestiones logísticas hemos visto anaqueles vacíos, como ha ocurrido recientemente en Estados Unidos, sino que al año se pierden nueve millones de toneladas de alimentos que por imperfecciones se vuelven imposibles de comercializar. Nadie compra manzanas magulladas si las hay de sobra en perfecto estado. Y en cuanto al hambre por falta de capacidad adquisitiva, no puede desconocerse que este Gobierno le está haciendo transferencias monetarias a 10 millones de familias, que son más de 30 millones de colombianos; el 60% de la población.

Sin duda, al que más le sirve semejante escándalo de catalogarnos como pobres y muertos de hambre entre los más pobres, es al candidato Petro, que promete ponernos a comer como Cuba o Venezuela, con libretitas de racionamiento y cajitas de comida rancia. Esa fake news pareciera un intento por neutralizar la ‘cláusula Petro’, que se está incluyendo en casi todos los negocios pactados entre particulares por la sencilla razón de que la mayoría de sus propuestas generan pánico económico, por lo que un triunfo suyo (de la izquierda comunista) sería una verdadera catástrofe.

Por eso Petro quiere vestirse de oveja y ahora hasta se muestra generoso con Uribe. Pero si Uribe quiere que le dejen de gritar «paraco», en vez de meterse al partido de Petro, debería considerar la posibilidad de contraer nupcias con Griselda Lobo, la ex de Tirofijo, o, mejor aun, con Piedad Córdoba, cuya fe hace más milagros que el agua de Lourdes. A nadie le extrañe que la Corte Suprema le lave los pecados al hermano de Teodora, capturado por tráfico de armas y drogas en complicidad con las Farc. Es muy probable que la Corte se niegue a extraditarlo y lo ponga en el santoral junto a Santrich. Con ese matrimonio de conveniencia, Uribe podría recibir de las Farc el honorable título de ‘comandante consorte’, muy similar al que le espera a la señora Camila Parker Bowles. Esperemos más milagros.

Saúl Hernández Bolívar
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