¿La celebración de elecciones es una amenaza o una oportunidad?

Martin E. Botero

@boteroitaly

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Queridos lectores, la campaña electoral y las elecciones en sí mismas no son una amenaza en la que unos ganan la seguridad que otros pierden, sino una fuente de fortaleza que garantizan derechos y contribuyen a la estabilización política para seguir avanzando.

Este fenómeno no debe verse como si fueran campos de batalla con vencedores y vencidos ni tan siquiera, como en ocasiones una lucha entre el bien y el mal o una lucha feroz entre rivales políticos que se pelean constantemente.

El problema real no es tanto la política propiamente dicha como la forma en la que está siendo percibida por los ciudadanos y el público en general. Esto significa que todavía no hemos dejado atrás la idea de la política en términos de lucha por el poder político o como un juego de suma cero en que lo que unos ganan lo pierden otros.

Esto significa que todavía no hemos dejado atrás la idea de la política en términos de lucha por el poder político o como un juego de suma cero en que lo que unos ganan lo pierden otros. Clic para tuitear

No hay nada más equivocado que dividirse o pelearse a causa de esto, todos pierden. Porque induce a error y, por lo tanto, no ganamos nada.  La política así entendida puede perder su naturalidad o simplemente tomar un significado errado, lo que es desafortunado porque no debería ser así. En el análisis final, sin embargo, ese comportamiento conduce de forma natural a un retraimiento de la opinión pública cuyo efecto es igualmente desintegrador.

Perder es una parte importante de jugar, hecho lamentable pero inevitable. La democracia es un sistema en el que aquellos que pierden las elecciones pueden ganarlas en las elecciones subsiguientes. Siempre hemos sabido que la política tiene víctimas y que los que asumen riesgos, por definición, pueden perder. No obstante, me opongo firmemente, tanto por principios como en lo que respecta a los efectos prácticos, a esta beligerancia y a la consiguiente división entre ganadores y perdedores. Esta es la clave para que los partidos políticos recuperen la credibilidad ante los ciudadanos y dejen de ser percibidos como una institución prisionera de intereses hegemónicos. Por ello, es menester impedir esa división y animosidad que existe entre los distintos candidatos y partidos que participan en los comicios y reducir las divergencias entre partidarios de múltiples partidos y candidatos, así como poner punto final a las campañas negativas y los ataques entre partidos y candidatos. Procede mejorar el diálogo y ampliar el entendimiento entre los principales partidos y agentes políticos, incluidas la educación para tolerancia y la promoción de los valores que compartimos.

No hay más política que la política de la no violencia, la política de acercar aún más a los pueblos, la política de competición y disentimiento para la solución más eficiente, equitativa y duradera en un contexto de paz. Hoy se aboga cada vez más por una política que haga gala de suma moderación para no atizar cada vez más las llamas del odio y la enemistad política e ideológica y que contribuya a crear un verdadero clima de confianza mutua y fortalecer las bases de la nación.  Es crucial que estas elecciones se realicen en un clima de tranquilidad y moderación, con la garantía de que el electorado pueda votar en un entorno fundamentalmente libre de intimidaciones y violencia. Una gran inseguridad aguarda a los candidatos, y tenemos que hacerles ver que sabemos las dificultades a las que se van a enfrentar. El Gobierno debe garantizar la libre circulación, en condiciones de seguridad, de los políticos y votantes, especialmente su integridad personal y física, y que existan las condiciones necesarias para la celebración de un proceso creíble.

No es preciso insistir en que los candidatos o aspirantes a cargos de elección popular han de reunir todos los conocimientos y una considerable habilidad de comunicación para que puedan hablar en su propio favor con la mayoría del electorado y ganar las elecciones. El auténtico desafío ético y político de los partidos ha sido encontrar a candidatos idóneos y debidamente cualificados, competentes, aceptables y que reúnan todos los requisitos básicos y la experiencia necesarias. Sin embargo, consideramos que en términos generales todos los candidatos deben cumplir una serie de requisitos rigurosos gran competencia, seriedad, dinamismo, ética, experiencia y conocimientos especializados importantes, y ser percibidos como estando por encima de la corrupción. A los candidatos locales les toca mostrar sus mejores cartas y apostar por su inteligencia y personalidad, pero también por la honradez intelectual y moral y que se identifiquen con los derechos humanos y ciudadanos. Los ciudadanos quieren honestidad, quieren acción y quieren saber que cuando sus candidatos hacen promesas, las cumplen, y que se eviten prácticas poco éticas. Por lo tanto, los candidatos deben tener cuidado con las promesas que hacen, porque después de la elección los ciudadanos pedirán cuentas a quien se haga con la victoria. Como es sabido, gobernar es mucho más difícil que hacer una campaña. Gobernar significa traducir en hechos concretos y sostenibles sus palabras positivas y sus propósitos. Es necesario que los nuevos dirigentes reconozcan que un mandato democrático viene acompañado de responsabilidades, responsabilidades de gobernar en bien del pueblo. Las presiones y complejidades a las que los nuevos administradores locales se enfrentan son enormes. La tarea es nada sencilla. 

Las elecciones de octubre tienen un valor político importante para este Gobierno a lo largo de su mandato, por lo tanto, debemos considerar el resultado de estas elecciones como un marco de referencia político, un modelo social, una especie de índice. Estas elecciones tienen también desde una perspectiva nacional una importancia que no debe subestimarse si funcionan como elecciones preliminares y, con ello, como elecciones de ensayo de las elecciones presidenciales. Nadie sabe por ahora cómo se pronunciará el cuerpo electoral, ni tampoco se sabe por el momento con certeza cuáles serán los resultados y el nivel de participación de los electores. Se sospecha que hay muchos votantes que todavía no han decidido por quien irán a votar, y lo cierto es que no irán a votar simplemente porque los partidos y candidatos se los piden. Para hacer que la gente se interese y se implique, los partidos políticos y los candidatos han de mostrar a los ciudadanos que tienen una gama de opciones donde elegir, es decir la importancia de la «oferta política» para atraer la atención de los votantes.

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A poco menos de un mes de las elecciones, los llamados votantes independientes, indecisos, o insatisfechos podrían definir esta consulta. Las estadísticas lo demuestran, la participación electoral se encuentra sensiblemente a la baja junto con un fuerte voto de castigo, existe una grande y general desafección entre los ciudadanos hacia la clase política y los partidos. Es comprensible e inevitable que se produzca una cierta desinformación, datos numéricos, previsiones y manipulación de las noticias sobre las tendencias del electorado durante la campaña. Las encuestas a la opinión pública no son en modo alguno infalibles, fidedignas y científicamente sólidas, y no pueden predecir siempre con exactitud todos estos factores y muchos de ellos exceden nuestro control. Es necesario que el público mire las encuestas con un escepticismo sano. Amen

Martín Eduardo Botero
Acerca de Martín Eduardo Botero 39 Articles
Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia y España. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor y Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (España). PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de Exteriores italiano y la Unión Europea. Colabora con universidades, institutos de investigación especializados y organismos de la sociedad civil en los programas de cooperación jurídica y judicial internacional. Consultor Jurídico independiente especializado en anticorrupción. Su último libro lleva por título “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.