La corrupción también nace y se perpetúa en los entes de control

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero
¿Quiere qué se acabe la corrupción? Empecemos por nosotros mismos, lo demás es palabrería barata, hipocresía y cinismo. Clic para tuitear

 

Cualquiera que haya estado en el ejercicio público puede corroborar este planteamiento que mata cualquier esperanza de un país mejor. La corrupción que desangra a Colombia también nace y se perpetúa en los entes de control, las llamadas ‘asustadurías’, organismos convertidos en simples antros de extorsión, en dónde cada proceso tiene un valor en miles de millones de pesos.

Funcionarios de las Contralorías, Procuraduría y Fiscalía, y hasta la Auditoría General de la Nación, contadas excepciones, están al acecho de los presuntos hechos de corrupción, pero no para evitarlos o sancionar a los culpables, sino para negociar el costo de archivar dichos procesos.

Abren indagaciones e investigaciones dirigidas muchas veces por contradictores políticos de los funcionarios o por quienes los colocaron en el cargo, con la única finalidad de inhabilitar y sacar del camino al contrario, también lo hacen como arma de hostigamiento, presión o ‘persuasión’; “estás conmigo o estás contra mí”, es el mensaje.

Los políticos poderosos que logran poner a sus alfiles o aliados en estos entes ganan siempre, pues tienen la espada de Damocles sobre sus adversarios, empero cuando logran ‘persuadirlos’ incluso sacan comisión económica del costo que tuvo que pagar el infortunado, a quien con razón o sin ella le aperturaron un proceso.

La espiral de corrupción nace en las Contralorías, si el investigado no es capaz de resolver en esta primera instancia, dónde el asunto es meramente fiscal, seguramente el enredado funcionario terminara además enfrentando procesos disciplinarios, arriesgándose a inhabilidades de años o incluso de por vida. Al llegar al segundo nivel, cuadrar resulta, por obvias razones, más costoso.

Si el funcionario o exfuncionario no cuenta con buenos contactos, los mejores asesores o es reticente a soltar el dinero exigido, terminará en algunos casos viéndoselas con la Fiscalía, instancia penal en dónde está en juego además de mucho dinero la libertad personal. Instancia en la que se requerirá de muy buenos abogados y bastante caja.

En todos estos procesos pesa mucho el interés que despierte el investigado, si tiene peso y aspiraciones políticas futuras habrá amigos que lo quieran ayudar y rivales que lo quieran sacar del camino, siempre con muy altos costos. Si están en el poder, en la mayoría de las ocasiones estos gastos son sufragados por los contribuyentes, sí, entendió bien, usted y yo, los que pagamos impuestos, pero si el implicado ya ha concluido su periodo termina viendo afectado su capital en esta defensa.

Como si al anterior carrusel de corrupción le faltara poco, cuando los procesos llegan a estrados judiciales, entran en acción jueces y magistrados, dependiendo de la instancia, allí también se compran vencimientos de términos, archivos de procesos y absoluciones, y todos tan campantes, incluyendo a muchos reputados abogados que desde su olimpo nos dan cátedra de ética y moralidad pública.

Y quiénes conforman este entramado: políticos, abogados, profesionales y ciudadanos del común como usted y como yo, que a diario nos quejamos de la corrupción, llegando a señalar este asunto como el principal problema de la Nación, cuando en realidad lo que nos consume es la falta de una justicia real, una que juzgue con transparencia a todos por igual.

Pero no nos equivoquemos, no es el Estado, ni el gobierno, ni las entidades que lo conforman las corruptas, son los hombres y mujeres que las conforman los que perdieron el norte, personas de carne y hueso que equivocaron sus prioridades y sacrificaron sus valores, si alguna vez los tuvieron, por el afán de poder o dinero.

Los mismos ciudadanos que no pierden oportunidad para timar al vecino, los que se pasan en rojo los semáforos, los que pagan coimas por un contrato o evitar un simple comparendo, los que evaden impuestos, así que dejemos de juzgar y mirar la paja en el ojo ajeno y empecemos por mirar hacia adentro para encontrar la podredumbre de nuestro país.

¿Quiere qué se acabe la corrupción? Empecemos por nosotros mismos, lo demás es palabrería barata, hipocresía y cinismo.

Adenda: hablando de corrupción. Resulta desesperanzador que la Registraduría Nacional y líderes políticos y de opinión aboguen porque se trunquen los procesos de revocatoria de mandado de alcaldes de municipios donde sus ciudadanos no se sienten representados, estas posiciones violan derechos políticos y vulneran los derechos que otorga la democracia para ejercer un verdadero control político de los mandatarios.

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Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.