“La cuarta ola de la pandemia: ¿el Tsunami que se avecina?”

MD. Santiago Ospina Fonnegra

Santiago Ospina
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Santiago Ospina

Para hablar de la cuarta ola, primero miremos, grosso modo, las tres primeras:

En cuanto a la primera ola podría decirse que está directamente asociada a la emergencia sanitaria desencadenada por este coronavirus (SARSCoV2/CoViD19); en el cual, se colapsan los servicios de salud y es donde, como lo hemos visto hasta ahora, se infectan, se enferman y/o se mueren, la mayor cantidad de personas.   En promedio, la enfermedad se presenta con un 81 % de síntomas leves; 14 % graves y el 5 % en estadío crítico.

En la segunda ola, comenzamos a ver las enfermedades de instauración aguda que, con/sin Covid-19, se siguen presentando en la historia natural de la población general, por ejemplo: apendicitis, accidentes de tránsito, infartos, intentos de homicidio, etc.   Éstos, siendo de presentación y consulta urgente e inmediata; pueden verse retrasados por la demora en la atención en los servicios de urgencias pues es totalmente entendible que todo esté volcado hacia la atención de la pandemia y que el talento humano en salud no da abasto, en el corto plazo.   Además, se suma a que se busca la atención en urgencias por fuera de los tiempos idóneos, dadas las dudas entre la población colombiana: “¿será que ya me dio o no me dio?”, “si voy a urgencias me da coronavirus”, “puedo ir por otra cosa y me dejan morir para poder cobrar los 30 millones que les pagan por cada muerto por Covid”; entre muchas otras razones que, aunque no sé de dónde sale tanta cantidad de información equívoca, cada vez cobran más fuerza dentro de la gente y se irrespeta así, “sin querer queriendo” y de una forma descomunal, la vocación y la misión del personal de salud.

La tercera ola es similar a la segunda.   Mas es importante resaltar que en este espacio se trata directamente de las enfermedades crónicas y huérfanas que, dadas sus características de tratamientos largos y continuos (técnicamente llamadas “comorbilidades” o antecedentes personales, en medicina), conllevan a una vigilancia desde los programas de salud pública y/o un sinfín de profesionales y especialistas; y puede verse retrasada la atención y llegar a “descompensarse” si no siguen un correcto tratamiento farmacológico en cuanto a la posología de los medicamentos para el control de las mismas (dosis, cantidad, horarios, vía de administración, entre otras indicaciones).

Para hacer una inmersión a la cuarta ola, considero resaltar que más qué estar de última en las definiciones de las cuatro ondas, estamos ante un maremoto transversal que pasó, está pasando y pasará, y que resulta delicado su afrontamiento, aún más que el mismo coronavirus del momento.   Como se dice coloquialmente: “nos mata más fácil la incertidumbre” y es por esto por lo que es importante saber la situación real: tanto de lo bueno como de lo no tan bueno.

El contexto de la cuarta ola va inmerso en la salud mental colectiva e individual y la “catástrofe financiera” que afecta a cualquier estrato pues éste sí es un virus con “equidad social” y que afecta a cualquiera (ojalá así fuera también la implementación de las políticas de desarrollo a nivel nacional, departamental y municipal, si la corrupción no hiciera de las suyas en nuestro hermoso terruño).

En cuanto a lo financiero, además de la economía en general, afecta también a los auto empleados (usualmente estratos 3-4-5-6); y al trabajo informal (gran parte de los estratos 1-2-3), estos últimos con un aproximado de cinco millones de compatriotas.   Todo esto sumado a cada estrago individual en cuanto a inversiones, negocios locales e internacionales pactados o por pactarse.   Se calcula que solo en América latina, la “era post Covid” traerá consigo 48-50 millones de “nuevos pobres”; algo así como distribuir la población total de nuestro país desde los Estados Unidos Mexicanos y las islas del Caribe hasta la Patagonia y que cada persona viva – o sobreviva – con menos de un dólar para el sustento diario.   Esta parte monetaria de la cuarta ola puede, por si sola, desencadenar o agudizar trastornos mentales como la depresión, la ansiedad, las adicciones, entre otras.   Además de la angustia y la intranquilidad que genera el desempleo per se.

En la cresta de este Tsunami encontramos el estrés, el miedo, el temor y la preocupación excesiva; situaciones que afectan directamente el sistema inmunológico (las defensas del cuerpo), y hacen que seamos más propensos a padecer cualquier enfermedad, sea o no infecto contagiosa.   Además, los eventos depresivos que distan bastante de la simple y llana tristeza; así como el incremento sustancial de las ideaciones, gestos o intentos suicidas para “quienes ven en la muerte, la solución a los problemas”; personas a quienes les recomiendo manifestar de inmediato esta sensación de invalidez y desasosiego, y comenzar a pensar en otro tipo de soluciones más viables y que permitan un renacimiento desde las dificultades, más que desfallecer o fallecer, literalmente, como respuesta a la adversidad.

En cuanto al duelo es importante mencionar que afecta directamente, en promedio, a nueve personas con respecto al difunto y la elaboración del mismo depende del tiempo transcurrido, el tipo y la causa de la defunción, los remordimientos y los apegos que se tengan/tenían, el grado de afinidad o consanguinidad, entre otros.   Es un proceso que puede realizarse solos o con apoyo grupal, pero que se resuelve de forma individual pues la muerte es inherente al vivir y no sólo en el contexto del coronavirus.

También, en el meollo del asunto de la cuarta ola, nos encontramos con la dependencia y el abuso de sustancias psicoactivas (legales e ilegales) y demás adicciones desde el cannabis y la cocaína hasta las socialmente aceptadas como el cigarrillo y el licor.   En algunos casos se puede dar un consumo sin excesos y de forma recreacional u ocasional; sin afectar la sana convivencia y con la conciencia del placer momentáneo y la diversión.   Sin embargo, quienes pasan esa delgada línea, empiezan a generar dependencia de la sensación placentera y de tranquilidad que les genera, por períodos de tiempo establecidos según la sustancia de elección y reaccionan de forma inadecuada, asociando erróneamente dicho consumo con la necesidad del mismo para poder conciliar el sueño, entre otras y, tal vez, escaparse momentáneamente de la realidad que, igualmente, les estará esperando al desintoxicarse.

Es importante permitirse sentir, llorar, estar triste, tener miedo, rabia; en fin, desahogarse, desde que prime el respeto para con los demás.   Las emociones o sentimientos que reprimimos se manifiestan, tarde o temprano, a través de enfermedades mentales y/u orgánicas.   De ahí mismo, la importancia, también, de consultar a tiempo con el personal de salud: medicina, psicología, psiquiatría y conversar de la situación que genere agobio con familiares o seres queridos, de confianza; sin temor a ser juzgado o cuestionado.

Como recomendaciones generales, más no son la “fórmula mágica” para la situación que estamos afrontando, algunos tips serían:

  • Cinco porciones diarias de frutas y verduras (proporción 3:2) y de diferentes colores (en cada color hay nutrientes y vitaminas diferentes)
  • Evitar excesos de harinas, fritos, comidas rápidas y procesadas
  • En algunos casos, la ansiedad lleva al consumo de “parva, mecato y dulces”; sería adecuado migrar a frutas o verduras con sabores cítricos: “un mango con limón y una pizca de sal”, por ejemplo
  • Una adecuada hidratación.   No siempre que sentimos ganas de comer es por “hambre”; primero nos hidratamos y si la sensación permanece, ahí sí comemos algo
  • Infusiones, tés, aromáticas
  • Meditación guiada; técnicas de respiración; espiritualidad (con o sin el tinte de la religiosidad, según cada creencia individual)
  • Hacer conciencia de las situaciones (escribir lo que sentimos, prender una velita y quemar la hoja)
  • Bailar, dibujar, cantar
  • Hacer ejercicio (3-5 veces/semana, por períodos de 30-60 minutos)
  • Un buen dormir y vivir en armonía, dentro de lo posible
  • Buscar fuentes confiables de información; solo una o dos veces al día y máximo por 30 minutos.   Evitando el contenido amarillista y de mortalidad, y que primen las luces verdes de esperanza que van surgiendo diariamente como aliciente
  • Evitar los “cócteles milagrosos” con una cantidad innumerable de medicamentos para prevenir/evitar/curar la propagación de esta enfermedad infecciosa

 

El confinamiento temporal, extensivo paulatinamente, que se viene viviendo en la actualidad, no debe verse como un acto de manipulación: no “nos están cortando las alas” ni “están encerrando nuestras almas libres”.   Una persona que no realice el aislamiento físico de dos (2) metros puede contagiar, en promedio, a 475 personas en 30 días; mientras que aquella que se comporta de forma acuciosa, contagia sólo de dos a tres personas en el mismo período de tiempo.   Esta estadística mencionada es a nivel mundial pues en Colombia estamos girando alrededor del 1,25; así que el contagio viene siendo, prácticamente 1 a 1, durante un mes.   Estamos en un momento excepcional en la historia más reciente de la humanidad y simplemente hace parte de una de las estrategias de cuidado que amerita este momento de la pandemia.

Aunque la situación puede tardarse en estabilizarse entre 12-18-24 meses (hacia el 6 de marzo de 2022), a partir del sexto-noveno mes (6 de octubre – 6 de diciembre de 2020), las estrategias irán cambiando pues, precisa y netamente por salud mental, seguir encerrados se volvería “invivible”.   Mas estos seis-nueve meses, coinciden precisamente con la mayor infección de la población y donde se debe dar, por fin, la esperada “inmunidad de rebaño” y estemos contagiados ya, mínimamente, el 70% de la población y el panorama comience a cambiar.   La gran dificultad no es infectarse o enfermarse, es llegar a necesitar una cama en la Unidad de Cuidados Intensivos – UCI – y que no haya disponibilidad de la misma, si llegamos enfermos, todos juntos, en manada.

Entonces: ¿cuál es el desafío? ¿cuál es el aprendizaje de este proceso por el que atraviesa el planeta tierra? ¿seguiremos escribiendo este capítulo de la historia? ¿entendemos la importancia del aislamiento? ¿estamos llevando el autocuidado al mediano y al largo plazo, sin bajar la guardia? ¿somos conscientes de los tres pilares fundamentales como sociedad para sortear esto juntos: respeto, compasión y solidaridad?

“La nueva realidad” está en el ahora, mientras digerimos tanta información; “la nueva normalidad” llegaría, entonces, en uno o dos años; después de asimilar tantos cambios.   Quien sólo vive en el pasado, se deprime; quien sólo vive en el futuro, se vuelve ansioso; quienes viven en el presente, en el día a día, en el estar; disfrutan de cada momento y comienzan a entender el significado de lo efímero, de esos momentos de tristeza y alegría, y se conectan con la tranquilidad como una constante, sin dejar de proyectar, de visionar, de trazar metas ni que gane la incertidumbre.

Para terminar, cómo dice mi abuelita:

“Todo pasa… ¡Y la vida solo dura un instante!”.

¡ Á N I M O  C O L O M B I A; Á N I M O  M U N D O  E N T E R O !

Santiago Ospina Fonnegra
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Soy Santiago Ospina Fonnegra; nací el 8 de julio de 1.982 en Medellín, Antioquia; orgullosamente de nacionalidad colombiana y montañero pues es imposible negar las montañas del hermoso Valle de Aburrá. … Soy escolar – 1992 – de la escuela Alfredo Cock Arango; bachiller – 1998 – técnico industrial en fundición y metalurgia del Instituto Técnico Industrial Pascual Bravo; Médico & cirujano – 2007 – de la Universidad de Antioquia; especialista en salud ocupacional – 2015 – de la universidad Ces.