La culpa es de Claudia columna de Jorge Colmenares Clic para tuitear

columnista Jorge colmenares

Claudia terminó siendo una figura decorativa, ostentosa, visible, e inservible ante los ojos de una población que exige atención y gobernabilidad, específicamente, y para ser más claro, es la percepción de un 61% de los habitantes de la capital, quienes hoy desaprueban la gestión de la  alcaldesa de Bogotá.

Claudia lleva año y medio culpando a todos de lo que no puede solucionar: En el Cabildo Abierto del POT, la escuché decirle a la comunidad que llegaba a defenderlos de Peñaloza; cuando no dio para solucionar los problemas de seguridad dijo que era responsabilidad del Ministro porque ella no tenía control sobre la policía; tiempo atrás, argumentó ante su incapacidad para decidir, que la pandemia era mera competencia del Presidente Duque, y así.   

Acompañado de sus nulas y erradas decisiones, Claudia, pasa más horas atacando y defendiéndose de personajes políticos que gobernando, y hoy vemos en la más reciente encuesta de percepción ciudadana de ‘Bogotá cómo vamos’, el resultado de ello.

La encuesta promovida por la Cámara de Comercio de Bogotá, la Fundación Corona, el diario El Tiempo y la Pontificia Universidad Javeriana, que consultó a 6.132 personas, nos mostró la cruda realidad de la ciudad: el 61% de los encuestados desaprobó la gestión de la alcaldesa Claudia López calificándola como pésima, mientras que tan sólo el 19% consideró que es buena. Un 20% restante, resignado a vivir en la Bogotá de nadie, dijo que era “ni buena ni mala”.

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El descenso ha sido vertiginoso: las cifras superiores al 70% de aprobación que vimos el año pasado, han mostrado un deterioro paulatino pero consistente hasta llegar al 19% que arrojó el estudio reportado en el mes de octubre, situación que debe de tener inquieta a  la alcaldesa, y quien seguramente debe estar buscando a quién culpar. 

La inseguridad rampante que tiene amenazada la convivencia ciudadana, la pobreza extendida a lo largo de la ciudad, la falta de medidas para reactivar la mengüada economía local y sobre todo, la errática gestión de una administración más preocupada por atender y enriquecer esa pequeña clientela que le rodea en el Palacio de Liévano, le pasaron factura a la imagen de la Alcaldesa. La ciudadanía se cansó de ver el derroche de recursos en programas sin rumbo, de ver el deterioro de su calidad de vida, de ver cómo la institucionalidad se entregó a los vándalos y entendió, que su tono autoritario, casi maltratador como el que se gobierna hoy en Bogotá, nos tiene al borde del abismo.

Muchos han sido los errores de la actual administración. Las constantes disputas con el gobierno nacional han traído consigo, una desarticulación de esfuerzos necesarios para luchar contra los graves fenómenos que si bien es cierto, siempre han esto presentes en la ciudad, se acentuaron con mayor fuerza, después de la pandemia. La inseguridad y el hambre se pavonean muy orondos por las calles de Bogotá. Por esta razón, sólo el 4% de los bogotanos, manifiestan sentirse seguros en la ciudad y 3 de cada 10 encuestados dijeron que habían pasado hambre durante estos meses. 

Sorprende que la alcaldesa López, a quien desde el Concejo le dimos un espaldarazo al aprobar  cerca de 14 billones de pesos en planes de reactivación económica; el presupuesto más alto de la historia de la ciudad, y que cuenta con una mayoría en el cabildo distrital que funciona como una aplanadora a la hora de aprobarle los proyectos y proposiciones que presenta, se encuentre hoy en medio de una situación de desaprobación que también está a punto de llegar a mínimos históricos. 

Las erradas decisiones no sólo le han costado a la alcaldesa puntos en su imagen positiva. Cada día que pasa en la mal llamada, Bogotá Cuidadora, significan miles de millones de pesos derrochados, decenas de vidas que se ponen en riesgo por la improvisación en materia de seguridad, reactivación económica, salud, etc. Ojalá la señora alcaldesa escuche a quienes desde hace meses venimos manifestando nuestra franca preocupación, ojalá ese sanedrín que la rodea y que la tiene convencida de que está haciendo las cosas bien, como el cuento infantil preguntándole al espejo “quien es la mejor alcaldesa del mundo mundial”, le permita ver más allá, de su propio reflejo. Porque sí, Claudia, es usted quien tiene la culpa. 

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