La desafiante forma de la administración pública colombiana

Jorge Pérez Solano

@JorgePerezSolan

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En las primeras semanas del mes de abril, se cumplirían los primeros 100 días que evaluarían la gestión y el desempeño de los distintos alcaldes y gobernadores elegidos el pasado 27 de octubre y posesionados el 1 de enero según el calendario electoral colombiano, lo cual materializarían las expectativas que se tienen y de lo que resultaría en el devenir entre los diferentes aciertos y desaciertos que los mandatarios locales y seccionales hayan tenido con ocasión a su gestión. 

Si bien los alcaldes y gobernadores, como representantes de los entes territoriales, son autónomos por razones de la descentralización administrativa, política y financiera derivadas de ese Estado estructurado en la constituyente del 91, pero con ocasión a la pandemia -covid19-, las relaciones políticas entre el poder local con el poder central no han resultado del todo ordenadas, seguras y subsistentes frente a los asociados.

Y razón tenía Tomas Hobbes, cuando señalaba que la administración pública es la capacidad que produce civilidad, es decir, la actividad asociada que desarrolla orden, seguridad y subsistencia.

Con ocasión a la pandemia -covid19-, las relaciones políticas entre el poder local con el poder central no han resultado del todo ordenadas, seguras y subsistentes frente a los asociados. Clic para tuitear

Sin embargo, el pasado 14 de marzo en las mejores forma, en reunión que sostuvieron el presidente, los gobernadores y los principales alcaldes de las ciudades capitales, se trataron los derroteros con relación a la protección de la salud de los colombianos, derivados de los distintos decretos que ya fueron expedidos, en consonancia con los que previamente los mandatarios en idénticos términos habían proferidos – o estaban preparando – para conjurar las realidades locales por el virus, pero infortunadamente esa cordialidad institucional llegó a su fin unos días después, por la irresponsable forma de algunos en asumir el protagonismo nacional con vociferantes quejidos egocéntricos, como suelen hacerlo, olvidando el compromiso en la coordinación, implementación y seguimiento de las medidas que señalaron con el presidente, sin imponer el color político, y sobretodo, anteponiendo los intereses de la nación.  

Aunado a eso, es inconcebible el irritado panorama político actual. Nos recuerda la Convención de Ocaña entre santanderistas y bolivarianos, intentando proponer un sistema federal frente a un régimen presidencial, y lo que siguió después de ello, lo cual sigue cobrando vigencia, cuando los ya conocidos alcaldes y gobernadores intentaron desconocer el estado unitario como aparentes federalistas, arropándose en una soberanía territorial independiente que no les es propia, ni legal, ni mucho menos constitucional, señalando supuestas incompatibilidades entre los decretos del ejecutivo en cabeza del presidente como jefe de estado, jefe de gobierno y suprema autoridad administrativa con respecto a los expedidos por esos en un estricto ejercicio que no es limitado y exclusivo, amén de la jerarquización del sistema jurídico colombiano en su sentido material y formal, y que al parecer no tiene trascendencia para los mismo alcaldes y gobernadores, importando las presuntas conductas en que hayan incurrido como servidores públicos, envalentonados y auspiciados por defensores de barras y tribunas, que atizan más el fuego sin importar las consecuencias de la gravedad de los hechos.   

No produce preocupación el inusitado estado de las masas y las enardecidas voces de los seguidores de cada mandatario por defenderlos a través de los distintos medios de expresión, porque eso es lo sano, ello hace parte de la democracia representativa en su sentido más amplio y en su verdadero equilibrio de sostenimiento en el tiempo como lo ha sido en estos 200 años de vida republicana.

En ese orden, lo que verdaderamente preocupa son los intereses de cierto sector ideológico de partidos en anuencia con ciertas asociaciones –si es que así se llaman legalmente-, que pretenden desconocer el estado de derecho, intentando confrontar el nivel central con el territorial, no bastándoles los pobres esfuerzos en desestabilizar al gobierno con marchas, el bloqueo permanente de las iniciativas ante el congreso por falta de participación burocrática, las denuncias ante organismo de justicia internacional frente a la “masacre sistemática” de referentes sociales por parte de quienes se acogieron a un proceso de paz, el despliegue de denuncias de supuestos hechos de corrupción sin sustento, tribunales de justicia creados solo para darle mayor impunidad a los hechos constitutivos de violencia sin reparar a las víctimas, el continuado pánico que producen los voceadores a sueldos de redes, en fin, los propósitos han sido metrallas de retaliaciones injustificadas que intentan una y otra vez derrocar un sistema preexistente y establecido constitucionalmente, que solo es garantía para algunos cuando se trata de violaciones en favor y no en contra de los que se pretenden devorar.  

Esa falta de liderazgo regional y la falta de agenda política concreta, está obligando a algunos mandatarios a entrar en ese juego de “yoes”, intentando llamar la atención sobre situaciones que no logran resolver por el atado presupuesto en que se han visto sometidos por las administraciones anteriores en la presente vigencia, por los proyectos ya en desarrollo y por desarrollar, intentando zafar acciones que les resultan difíciles no asumir por el escaso margen en que la ley los obliga a tomar contra las promesas reiteradas en campaña, sea en la disminución de tarifas de servicios mínimos que la ciudadanía esperaba que cumplirían y no cumplieron, sean en la construcción de instituciones educativas que ya están, sea en la reconstrucción de la red de salud pública del distrito que ya dejaron algunos, sea con los decretos frente a la mitigación del impacto ambiental, per se de otras realidades de orden ejecutivo que heredaron algunos mandatarios y que no tienen y ni han tenido la imaginación para crear nuevos escenarios que los diferencia del pasado, donde muchos ya están extrañando a algunos exalcaldes, aplaudiendo lo que otros en silencio y sin nombrar el mentor, inauguran a regañadientes y con desazón irremediable las obras que deberían haber realizado como zurdos y les tocó como diestros obligatoriamente. 

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Sumado a ello, que ha sido costumbre de la idiosincrasia política criolla, desplegar irresponsabilidades propias y fracasadas en las acciones de otros sectores como formas de solventar capitales políticos por extinguirse y sin catapultar por los excesos de promesas, sin olvidar, que muchos sin haber comenzado y terminado sus aspiraciones para el periodo en que fueron elegidos, ya están pensando en elecciones presidenciales sin haber mostrado el calibre en el manejo de la cosa pública, haciéndoles ver a la sociedad como serían sin fueran ellos en ese preciso momento de exigencia de interés nacional, olvidando verificar la construcción de un modelo de ciudad o departamento a futuro – o presente -, más en las actuales circunstancias en que el país y el mundo en particular, están exigiendo mayor responsabilidad social, sostenibilidad y equilibrio con el medio ambiente.  

No cabe dudas, que hoy muchos de los alcaldes y gobernadores están desconectados de las realidades de sus conciudadanos por los continuos flashes, por lo limitado del tiempo en que fungen como funcionarios y por lo poco que alcanzaron a conocer como candidatos, salvo con contadas excepciones como en el caso de Barranquilla y del Atlántico, donde cierto sector se propuso reconstruir y construir lo que en el pasado no pudieron lograr otros en los últimos 12 años, manteniendo una aspiración sostenida que la ciudadanía agradece sin mayor esfuerzo porque se ve la voluntad y que los enemigos del fracaso solo desean desconocer. 

Cabe decir, que el mayor peligro de los gobiernos locales es querer gobernar demasiado, o no gobernar donde deberían hacerlo, y en efecto, así está pasando. 

Entonces así, ya es hora que los alcaldes de Bogotá, de Medellín, de Cali, el Gobernador del Magdalena y los demás mandatarios, empiecen a demostrar que están listos para gobernar, que por lo menos den señales para donde quieren dirigir sus administraciones, que de verdad articulen con el gobierno nacional una agenda en favor de los entes territoriales, que comuniquen con confianza y proyección los ánimos, y que sean verdaderos interlocutores entre las regiones y la nación, y ante todo, que muestren resultados en los temas de movilidad, educación, salud, vivienda, empleo y seguridad con sentido serio, porque hasta ahora solo se ven un puñado de nombramientos de buenas intenciones, sin mayores respaldos que lo que sus pergaminos señalan o lo que las experiencias dictan en otras dimensiones y que están por fuera del alcance real de unos entes que reclaman competencia y trabajo, y que hasta ahora no lo hay.

Cabe decir, que el mayor peligro de los gobiernos locales es querer gobernar demasiado, o no gobernar donde deberían hacerlo, y en efecto, así está pasando. Clic para tuitear

JORGE MARIO PEREZ SOLANO
Acerca de JORGE MARIO PEREZ SOLANO 2 Articles
Abogado,Especialista En Derecho Administrativo, ha sido asesor y consultor en el sector nacional y territorial socio en Safey & Lawyers SAS - Bogota. Fue columnista en el hoy diario del magdalena, bloguero en kienyke,columnista en seguimiento.co. Samario de nacimiento,Barranquillero y Bogotano por adopción;su domicilio y residencia están en Bogotá y Barranquilla