La dictadura mediática de Vicky Dávila

Fabian Mendoza A.

@Fabianmendoza 

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La srta Vicky, como me gusta llamarla, porque me recuerda a la primera comunicadora (en este caso peruana) a la que le vi esa sed de amarillismo, se ha convertido en la mayor exponente de una irresponsable tendencia que se ha tomado el periodismo actual: la subjetividad como reemplazo de la verdad, por sobre los hechos, los datos y las fuentes.

Parte de las ventajas de la maravillosa era digital es la posibilidad de acceder a información a nivel global de forma rápida y muchas veces gratuita. Otra ventaja es tener al alcance de cualquier persona la posibilidad de expresar su parecer y puntualmente, en términos de expresión tener la posibilidad de comunicar sus opiniones en medios digitales que acogen diferentes pensamientos, los cuales serían imposibles de leer en los medios que hace algo más de una década, eran los dueños absolutos de la información.

Eso es lo que hace un portal como El Parche del Capuchino. Les da una ventana a esas expresiones.

Por eso hoy quiero usar este escenario para expresar lo que pienso sobre la periodista Vicky Dávila.

Antes de continuar debo decir que esta opinión, a pesar de ser subjetiva, por ser mi opinión, tiene como contexto lo que también escucho y leo de miles de personas en redes sociales, pero que también se manifiestan cuando todos los días a las 12m, empieza su programa en la emisora W Radio y abre los micrófonos para que, quienes llaman a la emisora, comenten sobre el tema o entrevistado del día.

Muchas veces Vicky Dávila ha tenido que soportar la reacción de la gente que llama a la emisora a quejarse de su manera de hacer periodismo. Uno de los últimos ejemplos fue la entrevista que le hizo al líder de la oposición Antonio Ledezma a quien entrevistó con motivo de la reciente posesión del dictador Nicolás Maduro en Venezuela.

Allí se manifestó uno de esos vicios o mejor, mañas que la periodista ha cultivado en su carrera de más de 20 o 30 años en radio y televisión.

Dávila tiene la horrorosa, por no decir antiética costumbre, por no decir maña, de insistir en determinada pregunta, generalmente muy controversial, para forzar al invitado entrevistado a decir algo que él no quiere decir, pero ella sí quiere que él diga, todo con el fin de poder emitir titulares amarillistas que contextualicen por no decir descontextualicen a su acomodo las opiniones del invitado.

Dávila tiene la horrorosa, por no decir antiética costumbre, por no decir maña, de insistir en determinada pregunta, generalmente muy controversial Clic para tuitear

En el caso de Ledezma, en dicha entrevista, le preguntó al menos 5 veces, y de diferentes formas, si él quería ver muerto a Maduro.

Ledezma muy cortés y calmadamente, evito responder esa pregunta, porque tal vez sabía o le habían advertido que Dávila suele provocar a sus entrevistados de esa forma, y felizmente la dejó viendo un chispero. Sin embargo, el encono fue tan evidente, que al terminar la entrevista prácticamente todos los oyentes a quienes abrió el micrófono le reclamaron su descarada insistencia.

Pero eso no es lo único que deja ver que Vicky Dávila es una periodista con un criterio marcado por el sensacionalismo, si es que ese objetivo puede ser tildado como criterio.

Dávila se ha convertido en la dueña de la franja del mediodía en un canal tan masivo como la radio. Eso la ha transformado en algo así como una adicta de “la data”, hablando en lenguaje digital, así sea solo a un nivel básico de lo que significa analizar la información de las redes sociales. La periodista se queda en las tendencias de Twitter y los conectados en Facebook, que sin lugar a duda son estadísticas muy difíciles de mantener y mucho más como lo hace Dávila, que prácticamente a diario posiciona en el top 10 y muchas veces 3, el hashtag que elige para ese día.

Es tan adicta Vicky Dávila a esas cifras, que frecuentemente interrumpe a sus colaboradores, como Jairo Lozano, cuando este se encuentra emitiendo un concepto ese sí, generalmente muy centrado y técnico, sobre temas de política y justicia, tópicos en los que Dávila pareciera no tener mayor autoridad más allá de la que podría tener cualquier ciudadano que le guste informarse, para contarle a sus oyentes, en que posición se encuentra el hashtag del día o cuantas personas están conectadas en su Facebook live.

Situación similar se ve a la siguiente hora cuando entra el dr Peláez y se une al grupo en el programa. Normalmente Peláez, un veterano periodista, admirado por medio país, tiene que soportar las impertinencias de la señorita Vicky, quien pareciera que vive con un afán infinito, ya que no permite que Peláez, ni Lozano, ni Montoya, otro colaborador que se une al equipo en la última hora del programa, hablen más de 15 o 20 segundos seguidos. Dávila siempre los deja casi a mitad de su exposición, porque tiene “un oyente en la línea” y “que ir a una pausa comercial”. Es evidente la paciencia que deben tener y soportar los periodistas, todos profesionales y con aportes valiosos en mi concepto, para permitir que la conductora del programa se imponga de esa forma tan atravesada, por no decir grosera, en sus participaciones.

Es una arrogancia solapada, porque ella sabe matizar sus intervenciones, para no parecer que lo que realmente ejerce en su espacio es una dictadura mediática, alimentada, por el amarillismo que les impregna a sus comentarios, los cuales pueden apuntar a cualquier orilla ideológica, aun cuando es mayor su inclinación progresista, por lo que en gran medida tiende a emitir duras opiniones sobre los líderes de corriente conservadora o de derecha, ya que es lo que está de moda, lo cual es extraño ya que ella misma pareciera tener una mentalidad muy conservadora, rayando un poco en, como se diría coloquialmente, la morronguería.

Es una arrogancia solapada, porque ella sabe matizar sus intervenciones, para no parecer que lo que realmente ejerce en su espacio es una dictadura mediática Clic para tuitear

Suele equilibrar esa tendencia cuando habla de las FARC, con lo que parece unirse al inconformismo de los que votaron NO entre sus oyentes, por un acuerdo que les permitió llegar al congreso en la total impunidad. Pero nuevamente se cohíbe, tiene un límite de indignación, tal vez para no rayar en la contraposición de colegas, como María Jimena Duzán, o Daniel Samper Ospina, a los que parece querer como hijos bobos, ya que nunca se le ha visto indignada por la mermelada que le dio a este último, por ejemplo, ese a quien tanto odia, en el pasado gobierno, empalagándolo con contratos millonarios vía conyugue, o jamás dijo nada cuando ese Youtuber de 40 o 48 trataba de “gurrecitos arrechantes” a colegas suyas, en un pasado no muy lejano.

Esa total incoherencia es lo que impera en la dictadura de Vicky Dávila, todos los días a las 12m. Pero como dicen por ahí: “eso es lo que hay”, y así, sabiendo a lo que se exponen, llegan cada día los invitados al programa de la periodista. Con una sensación agridulce, como seguro llegaban los invitados a ese famoso programa “Laura en América”, por el hecho de tener una vitrina en el espacio radial que más escuchan al mediodía en Colombia, pero para potencialmente, recibir garrote sin compasión y sin respeto, a punta de concepciones sesgadas e injustas de la cabeza del programa que suben su nivel, de acuerdo con si el hashtag del día es o no, la tendencia número 1 en Twitter. Eso sí, al finalizar no falta la carcajada de la conductora, para bajarle la espuma al linchamiento y así el invitado crea que ha quedado de amiguis, para volver a invitarlo a la cueva del lobo en una futura ocasión.

Fabian Mendoza Alzate
Acerca de Fabian Mendoza Alzate 14 Articles
Publicista, Máster en Marketing Digital y Comercio Electrónico de la Universidad de Barcelona y la EAE Business School Apasionado por la transformación digital. Escribe en diferentes portales y blogs sobre temas como tecnología, redes sociales o educación, y cuando la ocasión lo amerita, de política.