¿Una nueva guerra fría? Putin pretende una nueva detente, con contingentes en áreas de interés geopolítico en la periferia que le permitan el afianzamiento del poderío internacional de la gran Patria Rusa. Clic para tuitear

Vladimir Putin y el presidente de EEUU Joe Biden sostuvieron una conversación telefónica de cincuenta minutos el pasado jueves 30 de diciembre. Tema único, Ucrania.

En esa larga conversación de cincuenta minutos solicitada por el presidente ruso quedó en evidencia su interés por Ucrania. Prueba de ese interés son los más de cien mil soldados movilizados hacia la zona de frontera con Ucrania, con todo su equipamiento militar, tanques y artillería. Que espera ampliar a 175.000 hombres.

Ya en 2.014, ante la mirada complaciente del mundo occidental y una posición, digamos, reposada del presidente Obama de EEUU, Rusia invadió la península de Crimea, que en ese momento era parte de Ucrania. Esta península es un enclave geopolítico, que permite acceso al mar Negro, y presencia en el Cáucaso y Europa del Este. Tiene una extensión territorial de 27.000 kilómetros cuadrados. Para tener una idea del zarpazo ruso, esa extensión territorial es mayor que la de El Salvador, en Centroamérica.

En ese enclave geopolítico de Crimea, en la parte suroeste de la península está la ciudad de Sebastopol, sede de la principal base naval de la flota rusa en el mar Negro; que por un acuerdo con el gobierno de Ucrania siempre estuvo bajo control ruso. Con esta base, que como dijimos siempre fue controlada por los rusos, y el de toda la península de Crimea desde 2.014, mantienen control sobre el mar Negro y el canal de comunicación con el mar de Azov; y hacia el sur del mar Negro acceso al Egeo y al mar Mediterráneo.

La ambición rusa por Ucrania forma parte del sueño ruso de Putin de reconstruir el antiguo sistema de repúblicas socialistas que formaban parte de la Unión Soviética. Y, que advierten, históricamente, formaban parte del antiguo Imperio ruso. Ese proceso de reconstrucción geopolítica resulta evidente con su apoyo a las repúblicas centro asiáticas que integraban la órbita soviética, y las correspondientes demostraciones de amistad de estas, a las cuales hay que sumarle la estrecha relación con la Bielorusia de su aliado incondicional, el dictador Lukashenko.

Ya en 2.008, cuando la crisis de Georgia, en el Cáucaso, ante las declaraciones del presidente de ese país por lo que denunciaba como ¨una invasión militar rusa contra Georgia¨, Putin había manifestado que a ¨Saakashvili – presidente de Georgia – había que colgarlo de las pelotas¨.

Nada extraño que pretenda algo así con el presidente ucraniano. Los representantes y voceros del señor Putin, inmediatamente después de la conversación telefónica del 30 de diciembre hicieron declaraciones que hacen evidente que Rusia solo esté esperando el momento político o un episodio que le sirva de pretexto para actuar militarmente. Así se desprende de las diplomáticas declaraciones de Ushakov, exembajador de Rusia en EEUUU: ¨Cualquier sanción contra Moscú sería un error colosal¨, o del mismo Putin: ¨Son ustedes los que tienen que dar garantías, y lo tienen que hacer de manera inmediata, ahora mismo . . .¨

A nadie se le oculta que lo que Putin persigue es una detente para reverdecer la preeminencia internacional de la antigua Unión Soviética, que signifique un nuevo orden mundial que supere el mundo unipolar, EEUU; o bipolar, EEUU – China; por uno multipolar, en el cual participe Rusia como actor principal.

Las condiciones que exige Rusia contienen, como en toda negociación una inmodificable y dos negociables. La primera, e insalvable para los rusos es no permitir que Ucrania sea miembro de la OTAN. Para ellos es inmodificable porque implicaría o renunciar definitivamente a Ucrania, algo que no está en los planes rusos, o desafiar a la OTAN. Y, desafiar a la OTAN puede suponer pasar de lo retórico a lo militar, con unas repercusiones y consecuencias incalculables. En cambio, si Ucrania no entra a la OTAN Rusia sin dificultad la invadiría sin el riesgo de desafiar a la OTAN. Tan solo deberá soportar el impacto de las sanciones económicas, las que ya asimiló en 2.014 tras la invasión a Crimea.

Las otras dos condiciones son, la primera: Que no se refuerce militarmente a los otros países de la región que forman parte de la alianza, cuando Rusia estime ese refuerzo militar como una amenaza para su seguridad. Algo inaceptable para Occidente, pues constituiría un veto tácito de Rusia a las actividades de los aliados occidentales.

Y, la otra condición es retirar la infraestructura militar instalada en los estados de Europa del Este después de 1.997. Es decir, crear una zona sin poderío militar, o que no suponga una amenaza para Rusia, tal como en su momento lo fueron los países de Europa del Este, aliados en la era de la Unión Soviética.

En ese escenario, en el momento en que se produzcan las condiciones políticas que Rusia considere movilizará hacia territorio ucraniano los por ahora 100.000 hombres que tiene en la frontera. Y, Ucrania ya no será más un país autónomo e independiente.

En el 2.022 veremos si el osado y ambicioso Vladimir Putin asesta el golpe definitivo a Ucrania y a la ya poco menos que inexistente confianza entre Occidente y Rusia.

¿Una nueva guerra fría? Las posiciones y el juego geopolítico determinarán la temperatura de las hostilidades. Entretanto, es claro que Putin pretende una nueva detente, con contingentes en áreas de interés geopolítico en la periferia que le permitan el afianzamiento del poderío internacional de la gran Patria Rusa.

Jaime Hernández Gracia
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Jaime Hernández Gracia
Abogado de la Universidad Libre
Especialista en Derecho Laboral
Estudios en Derecho Administrativo
Estudios en Ciencias Políticas y Económicas
Mas de veinte años  de ejercicio profesional.