La Estrategia “AntiUribista”

Jamer Chica

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El 17 de junio de 2018, en el marco de la segunda vuelta (Ballotage) de la elección presidencial en Colombia, Iván Duque se impuso con más de diez millones de votos sobre el candidato de la izquierda, el exguerrillero Gustavo Petro, quien obtuvo un poco más de ocho millones de sufragios. Ese mismo día, Petro en su discurso no solo reconoció su derrota en las urnas, sino que sentenció a Duque, pretendiendo sabotear su gobierno a través de movilizaciones orquestadas desde la oposición.

A punto de cumplir dos años de mandato, para el Presidente Iván Duque no ha sido fácil gobernar, puesto que su administración no ha contemplado el excesivo gasto burocrático y de derroche al que su antecesor – Juan Manuel Santos – tenía acostumbrado a congresistas, periodistas, partidos políticos, expresidentes, magistrados, organizaciones sindicales, medios de comunicación, agencias de publicidad y celebridades del jet set criollo, verbigratia: cantantes, actrices y modelos que recibían jugosos contratos solo por hablar bien del caballito de batalla de la época denominado “paz”.

La austeridad, ha sido una de las grandes banderas de Iván Duque, acabando de tajo con los gastos denominados innecesarios, que le han permitido ahorrar hasta tres billones de pesos durante su primer periodo. Sin embargo, esta política paradójicamente ha generado malestar entre los diferentes sectores que se acostumbraron a la mermelada que caracterizó los dos mandatos de Santos.

Valiéndose de dicha coyuntura de inconformidad, sectores de izquierda y aliados al “santismo” lograron conformar un gran bloque antiuribista, compuesto por algunos personajes políticos que aspirarían a las elecciones locales de 2019, entre ellos Claudia López, Carlos Caicedo, Daniel Quintero, Hollman Morris, Jorge Iván Ospina, entre otros; un amplio sector de congresistas a los que les cortaron el chorro burocrático, liderado por Roy Barreras, Armando Benedetti y Mauricio Lizcano; las principales organizaciones sindicales, algunos alcaldes y gobernadores que pertenecían a los sectores declarados en oposición como: Rodolfo Hernández, Rafael Martínez, Camilo Romero, Carlos Andrés Amaya, entre otros; varios periodistas y medios de comunicación que ya no gozaban de los cuantiosos contratos del Estado; además de algunos actores, cantantes e influenciadores que estaban dentro de la nómina del anterior gobierno.

Desde esa gran coalición se tejió una estrategia maquiavélica que tenía como objetivo “generar un ambiente de desprestigió al gobierno de Iván Duque, al partido Centro Democrático y a su líder natural, Álvaro Uribe” (principal target a vencer).

Esta estrategia permitiría construir una plataforma política que coadyuvara a ganar territorio en las elecciones locales de 2019 – como evidentemente sucedió – además de dar la pelea en las elecciones legislativas y presidenciales de 2022; para ello se ha contado con la financiación de diversas fuentes económicas y sectores políticos, entre los que se encuentran organizaciones extranjeras que cuentan con el apoyo del Grupo Soros, como lo es: la Internacional Socialista, el Foro de Sao Paulo y el Grupo Puebla.

La asesoría de dicha estrategia ha estado a cargo de distinguidos estrategas políticos, a los que contrataron para acompañar las campañas de dicho bloque durante las elecciones de 2019, además de la asesoría que les han brindado a algunos gobiernos locales. Estos asesores, han hilado las tácticas y han construido el libreto para los dos subsectores en los que se fragmentó la ejecución estratégica: uno desde el Magdalena con un sector cercano a Gustavo Petro y comandado por Carlos Caicedo; y el otro desde Bogotá, liderado por el Partido Verde y su alcaldesa, Claudia López. 

Es decir, dicha estrategia se fragmentó en dos subsectores, cada uno con presupuesto, asesores y dolientes propios, pero que trabajan en un objetivo común: “Desposicionar la imagen Álvaro Uribe y el Centro Democrático, generando un ambiente de rechazo, desprestigió, pérdida de confianza y credibilidad por parte de los electores colombianos”.

Las tácticas, han sido las más sucias y rastreras que se utilizan en cualquier campaña oscura: desinformación (rumor), noticias falsas (Fake news), viralización de contenidos digitales (granjas y bodegas digitales) y movilización ciudadana (marchas); para ello se han valido de diversos escándalos – inventados – que han hecho eco en la opinión pública, la cual manipulan fácilmente. 

El activismo ha estado a cargo de periodistas, columnistas, actores, cantantes, entre otros influenciadores que han contribuido a generar ruido entre la ciudadanía, desinformando con noticias falsas o comentarios pre-elaborados en redes sociales; además, de hacer eco de lo que los congresistas–libretistas vociferan desde el capitolio, desde los medios de comunicación o incluso repitiendo el libreto que se recita desde el Palacio Liévano.

Se puede vislumbrar el gran tino con el que se ha elaborado un manual estratégico que recoge fundamento en Joseph Goebbels – jefe de propaganda del nacismo – y puesto en marcha por parte de los sectores políticos antiuribistas, que tiene como objetivo ganar las elecciones del 2022 y de paso, sacar del camino a Álvaro Uribe Vélez.