La inutilidad de los “debates” en redes sociales

Robert Posada Rosero
Una de las mayores críticas que reciben los profesores, docentes o maestros, es el bajo rendimiento de nuestros estudiantes en todas las pruebas de competencias y habilidades, como las pruebas Saber y Pisa. Clic para tuitear

No nos estamos escuchando, no leemos, y en el peor de los casos, no comprendemos lo que nos dicen, solo respondemos para afianzar nuestras propias ideas y prejuicios y así es prácticamente imposible entablar un diálogo constructivo y llegar a acuerdos mínimos sobre lo fundamental, por tanto, es inútil responder y desgastarse en un ejercicio que no conduce a ninguna parte. 

Los “analistas” virtuales son incapaces de identificar la premisa que se les plantea, respondiendo de manera instintiva, reaccionaria y emotiva, en la mayoría de los casos con ideas que nada tienen que ver con el tema propuesto, y no en pocas ocasiones atacando, no los argumentos, que es el deber ser, sino al autor de estos.

Voy a tomar como ejemplo un post que publiqué en días pasados y que generó todo tipo de reacciones. “El nivel de la educación se resume en la actuación de Fecode, Tuluá + 7 muertos ayer con Covid, 41 en los últimos 7 días. Y siguen marchando”, mensaje con el que pretendía hacer un llamado de atención sobre la responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos en la contención de la pandemia, pero sobre todo quienes en la sociedad tiene el rol de ser guías, educadores y formadores de conciencia de nuestros niños y jóvenes.

La primera de las respuestas es simplemente abrumadora: “La policía ya lleva más de 50 muertos en las marchas y siguen matando”; ¿qué tiene que ver con la premisa planteada?, es evidente que nada, da la impresión de que el autor respondió lo primero que se le vino a la mente, sin un mínimo esfuerzo racional, un planteamiento que, aunque válido, tendría que ser objeto de otra discusión, muy ajena al papel de los docentes y su rol social.

Es decir, ante la respuesta del primer interlocutor tendríamos que dilucidar sobre la importancia del respeto por la institucionalidad, el Estado de Derecho, la democracia el derecho a la protesta y la manifestación pacífica, el respeto por las libertades individuales y la libre movilidad, entre otros, y el rol que se le asigna a la Fuerza Pública para que todos estos derechos se respeten y sean pilares de la convivencia armónica de la sociedad. Quienes han viajado al exterior o por cualquier circunstancia han vivido o viven fuera del país tienen mayores elementos para entender la importancia que juega el concepto de autoridad en todo estado democrático.

Una segunda intervención discursiva giró en torno a “la doble moral, y como para abrir los bares y discotecas hasta las 3:00 de la mañana, ahí si no hay Covid”, aglomeraciones que a juicio de otros internautas también se dan en los bancos, grandes superficies, bares, fiestas familiares, parques y espacios deportivos. Observaciones válidas también, pero que en nada contribuyen a responder o enriquecer un debate abierto sobre la responsabilidad de los docentes en la contención del creciente número de contagios y muertes asociadas al covid como resultado de las aglomeraciones registradas durante más de 40 días de paro nacional.

Una de las mayores críticas que reciben los profesores, docentes o maestros, es el bajo rendimiento de nuestros estudiantes en todas las pruebas de competencias y habilidades, como las pruebas Saber y Pisa, en las que casualmente Colombia se raja en ciencia, lenguaje y matemáticas, de ahí que no sea desacertado afirmar que el nivel de nuestra educación se resume en la tozudez de continuar marchando y asistiendo a aglomeraciones cuando las cifras de covid ronda los 25.000 nuevos casos y los 550 fallecidos diarios.

Si bien el docente no es la única fuente de aprendizaje para sus alumnos, al decidir libremente ejercer esta importante labor asume además la responsabilidad de facilitar la comprensión de los contenidos, fomentar el autoaprendizaje, orientar en la realización de actividades, y ser guía, y en este último punto no se puede obviar que la mejor enseñanza es el propio ejemplo.

Por tanto, su papel en la sociedad no está circunscrito únicamente a la trasmisión de técnicas y conocimientos generales o específicos de la materia que enseña, sino y más importante se deben enfocar en inculcar principios y valores para la vida, apoyando la construcción de ciudadanos “de bien” desde los hogares y las aulas.

Sobre estos puntos es que debería girar el debate público que platee en redes sociales, pero al no comprender la premisa es prácticamente imposible confrontar ideas y argumentos que versen sobre el tema propuesto para encontrar los acuerdos y desacuerdos que tenemos sobre el mismo a través de la razón, por lo que la mejor respuesta ante la sinrazón siempre será evitar ese desgaste inútil.

Acerca de Robert Posada Rosero 52 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.