LA MOTOSIERRA 2

Argiro Castaño

Argiro Castaño

LA MOTOSIERRA 2. Escrito por Argiro Castaño Clic para tuitear

Argiro Castaño

Comencemos por decir:

¡Ponga a hervir el agua Antonio José! Gritó aquella vieja partera, con la seguridad que le daban muchos años trayendo muchachos a este mundo de un solo jalón.

¡Ya Fidelina está que se cría!

Era el año 1928 y estaba por llegar a este mundo mi padre Antonio José Castaño, quién llevaría el mismo nombre de mi abuelo… Yo casi me llamo como mi padre y mi hijo José Fernando casi se llama como yo.  

Tal vez y por cosas del destino este nombre “José” habría de marcar nuestra generación como descendientes del milagroso San José, patrono de los carpinteros.

Nació allá tras la montaña en una lejana vereda llamada la “Chorrera” del municipio de Cocorná Antioquia. En una humilde casa de tapia y bareque, con pisos en tierra, de 2 piezas y un enorme zaguán que terminaba en un fogón de leña (hecho de adobe macizo y piedras) que a la vez servía como cocina, ahí colgaba una vieja alacena donde se metían unos cuantos trastes tiznados y arrugados por el tiempo. Sobre el zaguán un par de bancas de orillos de madera empotradas sobre la misma tierra que a la vez hacían de sala comedor.

A la orilla de un camino… de cualquier camino como eran todas esas casas viejas construidas sobre las montañas de Antioquia. allí tenían que nacer aquellos hombres que fueron mandados a este mundo a trabajar y aguantar terribles adversidades y a darse machete con la vida, a formar un carácter de hierro y a solo tenerle miedo a la pereza, allí en medio del monte y del pantano, no los soltaba la cigüeña, los jalaba a este mundo una vieja partera de pelo largo con un solo colmillo como dentadura y un tabaco en la boca.

Se nacía sin mucho misterio y sin muchas contemplaciones y así mismo se vivía. Se sobrevivía de puro milagro. del milagro que habría de ser mi padre por ser el primero que le sobrevivió a mis abuelos, los 8 que habían llegado por delante del él habían muerto. Alguna vez le pregunté a mi abuela de que habían muerto… ¡Yo que voy a saber mijo! Me respondió.

Se morían de cualquier cosa:  de tos, de fiebre, de mal de ojo, de cursos (diarrea) y hasta de hambre mijo.

A los 5 años, mi padre ya era la compañía de mi abuelo que había sido arriero, pero que por amor a Fidelina había renunciado a ese trabajo lleno de aventuras, de fondas y de las muchachas de labios rojos que atendían en estas fondas en los pueblos grandes.

Se había dedicado a un trabajo más suave: de ASERRADOR. y se dedicó a cuidar de su primer muchacho que le sobrevivió y a 2 hijas más que llegarían más adelante. Mi tía Rosario y mi tía Carmen.

Al lado de mi abuelo mi padre aprendió aquel duro y noble oficio de aserrador de serrucho largo.

Cuando cumplió los 16 años le dijo a mi abuelo que lo entrenara como aserrador tirando colita (tirar colita: es el aserrador que va en la parte de abajo del aserradero y el que tenía mejor macana, pues es quien lleva el corte de la tabla) que él ya tenía suficiente macana (fuerza) para ser aserrador. Mi abuelo aceptó y llegó el día de aserrar su primera troza, que ya tenía sin los orillos mi abuelo y su compra de Martiniano.

Una vez puesta la troza sobre el aserradero y marcado con tinta se dispuso a darle su primera clase al muchacho; mi padre se acomodó en la parte baja del aserradero: sus descalzos pies uno por delante del otro, el cuerpo un poco inclinado, pañuelo en la nariz, su viejo sombrero de paño en la cabeza y cabeza de medio lado pa` que los ojos no se llenarán de aserrín.

¡Hágale mijo! Dio la orden el abuelo. Mi padre agarró con gran firmeza el enorme serrucho Y le hizo con tantas ganas que de un solo envión se trajo al abuelo quien cayó de jetas contra el piso. mi abuelo un hombre tranquilo y de hablar pausado solo le dijo: ¡casi me haces matar guevón! Así no mijo, eso es firme, pero suave y con armonía. Usted tiene buena macana pero esto es con técnica, jale duro y firme pero suave, como un pasillo, como un bambuco, como una guabina, como un vals.

El abuelo se volvió a trepar sobre la parte alta del aserradero, y comenzó la danza… el pasillo, el bambuco. ¡Eso mijo! Así firme y con armonía.

Pusieron a danzar aquel gigante serrucho cual directores de orquesta: sas sas sas, sas. ¡Muy bien mijo! Seguía la danza, el serrucho se entregaba a las ágiles manos de aquellos hombres. ¡Muy bien mijo, así es! Va muy bien.

Lista la primera tabla vamos por la segunda… muy bien mijo vamos por la tercera, sudaban a chorros. Cuando completaban las 8 tablas que daba en promedio cada troza, se ponían a descansar. Escurrían sus camisas empapadas de sudor retorciéndolas, tomaban agua panela y se prendían un tabaco. se lo fumaban recostados contra un árbol. No hablaban, no se quejaban, solo botaban bocanadas de humo y miraban a cualquier parte, tal vez solo pensaban en sacar otras 8 tablas pa` terminar su Jornada de trabajo. Y mi padre sintiéndose orgulloso de haber logrado convertirse en aserrador.

Los tabacos en ese tiempo para los viejos eran su premio. con los tabacos se medían distancias, se espantaban moscos y se mataba el poco tiempo de ocio que les quedaba después de alguna dura jornada. Los fines de semana cargaban la madera que habían sacado en la semana, la cargaban en 5 mulas y bajaban al pueblo que quedaba a unas 4 horas por caminos y cañadas. Ahí recibían su pago y llenaban el costal con comida para la semana y si quedaba se tomaban su frasco de aguardiente. Solo alcanzaba para comer y comprar una camisa pa` estrenar algún viernes santo.

Lejos estaban de saber mis viejos, que mientras ellos voliaban serrucho dejando sudor y fuerza en esas montañas, por allá muy lejos Andreas Stihl estaba inventando una maravillosa máquina que cambiaría la vida de los aserradores, y que ni a mi padre y abuelo les habría de tocar esas mieles de la tecnología: la ágil y productiva MOTOSIERRA.

En 1926 dos años antes del nacimiento de mi padre, Andreas Stihl inventó la primera sierra con cadena y motor eléctrico, pero él quería ir más allá… Llevar la sierra al árbol y en 1929 lo logró. Creó la primera MOTOSIERRA con motor de gasolina a dos tiempos. Esta máquina solo llegaría a Colombia muchos años después; incluso ya mi padre voliando serrucho largo en las montañas de Cocorná, del Santuario y de Rionegro – Antioquia estaba levantando 8 de sus 9 hijos.

En 1967 con la ayuda de su compadre Don Gabriel Castro, montó su carpintería. Y de ahí en adelante la vida nos cambió un poco a toda la familia.

Solo quiero como heredero del milagroso San José y orgulloso de mi noble labor de carpintero hacerle un pequeño homenaje a tan desprestigiada maquina en Colombia, la cual ahora después de muchos años y tantos sufrimientos de mi padre y abuelo, yo si puedo disfrutar de sus beneficios; quiero darle las gracias a mi padre y abuelo de los cuales me sentiré eternamente orgulloso porque gracias a su incansable trabajo como aserradores mi generación fue un poco mejor,  y la generación  que nos sigue son mucho mejor gracias a ellos.

Ahora no solo hay “Castaños” carpinteros. También hay médicos, psicólogos, abogados, arquitectos, profesores universitarios, artistas y deportistas.

Gracias a esos viejos que se partieron la mula por sacar a su familia adelante.

¡Que viva el serrucho, el martillo, la garlopa, la sierra, la sinfín, la cantiadora, y la desprestigiada pero ágil y productiva MOTOSIERRA!

 

Argiro Castaño
Acerca de Argiro Castaño 19 Articles
carpintero de profesión, campesino de corazón, enamorao de mi negra y mas uribista que un putas.