¡QUE VIVA EL MARTILLO, EL SERRUCHO, LA GARLOPA, LA SIN FIN, LA CANTEADORA, LA SIERRA Y LA GRAN Y ÁGIL “MOTOSIERRA”! Clic para tuitear

 

Comencemos diciendo que vengo de familia de arrieros, quemadores de carbón y aserradores de serrucho largo. Mi padre y abuelo ejercieron esta noble labor desde muy jóvenes, aserradores de serrucho largo, duro trabajo solo apto para hombres verracos con buena muñeca y buen estado físico.

Trozar en tablas un árbol de 3 *abarcaduras no era tarea fácil, ni la hacia cualquier flojo guevón.

*abarcadura: 3 hombres agarrados de la mano abrazando el árbol media su diámetro.

Duras jornadas de trabajo tenían mis viejos, yo en ese tiempo contaba con 5 años y era el encargado de subir los “portas” con el almuerzo, por trochas y caminos de herradura me tardaba unas 2 horas para llegar al sitio de trabajo, los veía sudando a chorros y secándose el sudor con su poncho. Un día de trabajo arduo después de tener el tronco en la base del aserrío les representaba 20 o 30 tablas al finalizar la tarde.

Los sábados se cargaba la madera a lomo de mula pa´bajarla al pueblo y venderla en los depósitos y carpinterías. Ahí se metía los pesos al bolsillo mi viejo y corría a llenar el costal con mercado pa´ su familia, si le quedaba algo se compraba su frasco de tapetusa y se iba a echarle monedas al piano en cualquier cantina del pueblo. Llegaba 6 o 7 de la noche con el costal empantando después de lidiar las trochas de regreso a casa, pero con su deber cumplido pa sus 8 hijos.

Así trabajando duro, aserrando madera de sol a sol fueron las labores de muchos años de mi viejo, Hasta que llegó “LA MOTOSIERRA” maravillosa máquina creada por allá muy lejos por Andrea Sthil, que siempre tuvo la idea de llevar la sierra al árbol. Por allá en 1926 inventó la primera sierra con cadena eléctrica. Solo hasta 1929 inventaría la primera Motosierra. Sierra con cadena y motor a gasolina, dulces mieles de la tecnología que mis viejos disfrutaron después de muchos años.

Con la llegada de la motosierra este trabajo se hizo más ágil y ya de 20 o 30 tablas diarias se pasó a 180 – 250 en una jornada de trabajo, y el trabajo de la madera cogió un nuevo auge.

Quiero con esto hacerle un pequeño homenaje a tan desprestigiada máquina en nuestro país, la cual los que vinimos con la misión de transformar un trozo de madera en una obra de arte llamado MUEBLE, le damos tan noble uso.

¡QUE VIVA EL MARTILLO, EL SERRUCHO, LA GARLOPA, LA SIN FIN, LA CANTEADORA, LA SIERRA Y LA GRAN Y ÁGIL “MOTOSIERRA”!

Argiro Castaño
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Carpintero de profesión, campesino de corazón, enamorado de mi negra y más Uribista que un putas