La Necesidad de «El Mariscal»

Juan Camilo Vargas

@JuanCVargas98

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«Eras lo que se llama “un hombre” Palabra empeñada y sin regreso».

Eduardo Cote Lamus.

Recientemente el hablar del conservatismo en Colombia se ha convertido en un tema casi espeluznante que suscita preocupación e inquietud. Por un lado, se preocupan aquellos enemigos de la tradición que confunden las ideas metaliberales del fascismo con el conservatismo, creyendo que todos los que abogan por los programas neoliberales del gobierno son «fachos». Un poco más «centristas» se preocupan los neoconservadores, neoliberales, liberales clásicos y demás interpretes que ven las ideas políticas como otro canal más de la economía. Por último, están los verdaderos conservadores, defensores de una verdad objetiva, de la tradición, de los principios, de la dignidad humana y del orden, a quienes asalta la duda que la vacilación. Como un río que se mueve sin hallar desembocadura alguna, fecundo de ideas y proyectos, este grupo no halla en nuestro País una figura que pueda personificar el conservatismo. 

En este artículo, al referirme a los conservadores, hago referencia este último grupo que he descrito, no a un partido ni movimiento. 

Un punto en común que he logrado encontrar con los conservadores a lo largo y ancho del territorio nacional es que con la muerte del mártir Álvaro Gómez Hurtado también se hirió de gravedad, pero no de muerte, al conservatismo nacional. El último gran conservador que personificaba las doctrinas e ideas que predicaba se fue al sepulcro con la bandera del Movimiento de Salvación Nacional, pero también, con las esperanzas de una generación que entendía que no todo es politiquería y elecciones superfluas. Con Álvaro Gómez murió un legado de conservadores de diferentes épocas y matices, quizá enemigos entre ellos, pero al final siempre luchando en pro de la Patria. 

Con Álvaro Gómez murió un legado de conservadores de diferentes épocas y matices, quizá enemigos entre ellos, pero al final siempre luchando en pro de la Patria. Clic para tuitear

Mi propósito no es reivindicar el ideal «Alvarista» que aún hoy es vigente y sigue tomando fuerza, dando esperanza a tantos de nosotros los conservadores. Los tiempos de hoy requieren la emulación de uno de esos grandes exponentes del conservatismo nacional que siempre mostró disciplina, orden, estética y gallardía, al que no le tembló la voz cuando fue indagado en Manizales por su responsabilidad en la huelga de choferes ni para enfrentar a los liberales del País. Un hombre cuya virilidad era explícita y al que seguramente Nietzsche hubiese laureado: «el Mariscal» Gilberto Alzate Avendaño.


Como no pretendo aquí ser su biógrafo y explicar su vida, me limitaré a argumentar el porqué su figura es necesaria y vigente ahora que estamos a la merced de la decadencia, recurriendo a sus frases y pensamientos para confirmar este postulado.

Alzate Avendaño vivió una coyuntura histórica única, pero con matices similares a la nuestra: la decadencia del conservatismo, particularmente el fin de la hegemonía del Partido Conservador en Colombia. A la edad de 20 años y terminando sus estudios universitarios ya era un prominente miembro de los movimientos juveniles en defensa de las ideas conservadoras en el País. Su voz no temblaba cuando ponía el pie en la tribuna y se dirigía con acertada vehemencia a las masas que allí iban a escucharlo. Su lenguaje era claro, sus palabras precisas, sus gestos admirables y su oratoria impecable. Si el conservatismo es la representación del orden, Álzate era el más conservador. Su figura imponía respeto y admiración, junto a un juego de palabras que lograba, como una serpiente, emitir los comentarios más certeros y tocantes con la elegancia propia de un caballero: era un hombre pródigo, un titán que, como él solía decir, la naturaleza no producía en serie.

En aquellos tiempos convulsos logró oponerse con disciplina al orden liberal que gobernaba en el País, desde el Congreso fue crítico de liberales y conservadores que él no consideraba verdaderos, hombre probo y astuto cuya cabeza maquinaba a mil revoluciones por minuto, su rápida partida nos quitó la posibilidad de tenerle más tiempo para aprender de él. Durante la famosa indagatoria de 1943, al ser preguntado por su patrimonio respondió inteligentemente:

Mi capital productivo lo llevo conmigo a todas partes: es esta cabeza que ve el señor investigador, de la que se han caído el pelo y las ilusiones. Se trata de una máquina de hacer pensamientos, unos que se cambian por dinero, otros que no tienen precio.

Alzate veía lo que otros no, Silvio Villegas y Fernando Londoño fueron muy cercanos a él y comprendieron que lo de «el Mariscal» era algo del otro mundo. Los liberales le temían en el Congreso, los conservadores le respetaban, Laureano Gómez le tenía en alto estima y su figura era de importancia nacional. Si viviera hoy no podría convivir con el bochinche y la chabacanería de los pasillos del Capitolio, ni con la ineficiencia de los funcionarios que sólo van a cobrar un salario. Sería intolerante de la estupidez política y le importaría un bledo buscar votos a costa de comprometer principios, pues varias elecciones perdió y con valentía asumió esas derrotas.

Para el conservatismo nacional es fundamental rescatar la figura de este titán manizaleño del que hay bustos y estatuas a lo largo y ancho de la geografía colombiana. Una figura de gran valía como lo fue Alzate merece ser leída y comprendida a la luz de nuevas interpretaciones, buscando respuestas a las cuestiones políticas que hoy tanto nos abaten. 

Que nuestro mejor homenaje sea recordar a este gran hombre que Cote Lamus despidió diciendo:

«Adiós potro valiente, brazo alerta,

mariscal rampante, Gilberto compañero.

Eras como si el aire fuese una campana.

Eras una suprema voluntad de espacio.

Y un silencio desierto de las cosas

me hace decirte que tus huesos

no tengan nunca paz sino batalla».

Una figura de gran valía como lo fue Alzate merece ser leída y comprendida a la luz de nuevas interpretaciones, buscando respuestas a las cuestiones políticas que hoy tanto nos abaten. Clic para tuitear

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Acerca de Juan Camilo Vargas 46 Articles
Joven santandereano de nacimiento, Huilense por adopción. Estudiante de Política e Historia en Hillsdale College, ubicado en Michigan, Estados Unidos. Ganador de las becas “Hillsdale Merit Scholarship”, “Weber International Private Enterprise Scholarship” y “Gogel Scholarship, Werner J & Mar”. Caballero Andante, poeta inquieto, enemigo de la corrección política y defensor de la tradición moral y las buenas costumbres. Haciendo Patria