La muerte está ligada a la vida desde la concepción de un ser y en nosotros los humanos tiene mucho que ver con la crianza y la parte sociocultural la forma de afrontarla. A quienes apenas tienen su descendencia y comienzan la etapa del conocimiento y la formación, aún tienen tiempo de educarles y prepararles para evitar un sufrimiento más allá de lo conocido, un sentimiento indescriptible y que va más allá de la angustia, la tristeza, la agonía, el desasosiego o el vacío, es algo que no tiene definición y ninguna palabra en la Real Academia de la lengua Española – RAE – logrará definir nunca la emoción, el sentimiento, netamente individual que se manifiesta en tu organismo, tu cerebro, tu mente, tu corazón, tu alma y/o tu espíritu, cuando te enfrentas a una pérdida de tal magnitud. Respetando cualquier creencia, la tarea para todos es comenzar a ver la muerte desde otras ópticas para mitigar a futuro el inmenso dolor por el que vamos a pasar.

Aprendí que la muerte no hace parte de un cálculo matemático y en ninguna parte (más allá de lo sociocultural), dice que es “la ley de la vida” o que deben morir primero los más viejos. La parca llega por quien debe llegar sin importar edad, belleza, riqueza, género o cualquier otra razón, ella no escoge. No sobra decir que el envejecimiento va deteriorando notablemente el funcionamiento del cuerpo y que después de los 30 años el deterioro fisiológico de los órganos comienza; sin embargo, ni siquiera así se tiene garantía ni conocimiento del último día terrenal.

Es excepcional tener la oportunidad de compartir el proceso hacia la muerte y casi nunca habrá un momento para despedirse o para el acompañamiento de los seres que amamos en su lecho de muerte. La mayoría de las muertes pueden ser repentinas, ya sea por las enfermedades silentes que no dan espera o tal vez por la sociedad en la que estamos inmersos donde los homicidios o los accidentes de tránsito toman la vida de las personas en un abrir y cerrar de ojos. Es mejor estar en paz y en armonía con la gente que nos rodea, no siempre habrá tiempo para pedir perdón, para despedirse y poderles decir lo mucho que nuestros seres queridos significan, aunque obviamente tampoco se trata de vivir con miedo así “todos los días puedan ser el último” para cualquiera de nosotros.

Cuando haya una enfermedad en las personas cercanas debemos evitar la llamada “muerte social”, aquella en la que se aísla al enfermo de la sociedad por temor o tal vez por impotencia de no poder hacer nada más. Desde que la enfermedad o el motivo no lo ameriten y no haya que evitar el contacto cercano con la persona porque una visita pueda ser contra prudencial, la persona sigue VIVA y así mismo tiene derecho a ser tratada, tiene derecho a ser visitada. Nunca olvidar la CALIDAD DE VIDA hasta el final en todos los aspectos, procurando que se tenga integridad física, mental y espiritual, sin menospreciar sus pensamientos y respetando sus creencias de cualquier índole así sean o no compartidas. Todos tenemos también derecho a un BUEN  MORIR y a saber lo que va sucediendo sin ocultar detalles, la vida es de cada uno y así mismo debe ser tratada.

Saquen un ratico en algún momento con sus seres más cercanos y así sean temas muy difíciles de hablar no teman preguntar “si quieren ser enterrados o cremados”, “qué se hará con los restos o las cenizas”, “qué se hará con las pertenencias, ropas, zapatos, etcétera”; puede que broten varias lágrimas de los ojos, se quebrante la voz, pero son menos cosas por pensar y preocuparse cuando la persona ya no está en este mundo, además del derecho de manifestar en vida sus deseos, incluso hasta en este tipo de temas tan malucos de hablar. Hagan testamento, mantengan su vida en orden y sus deudas aseguradas, las deudas también se heredan y ya hay muchas cosas en que pensar al momento de un fallecimiento como para quedar con problemas por resolver y que perfectamente puede quitarles la poca tranquilidad que se tiene en dicho momento.

El duelo es diferente para cada persona y así se haya o no experimentado la pérdida de un ser querido de igual o similar importancia, nunca será lo mismo y de ninguna manera se podrá equiparar para las demás personas, sin importar el grado de consanguinidad, afinidad, hermandad o de aprecio que se tenga porque son sentimientos incomparables y dependen de muchas cosas desconocidas por los demás tales como el grado de apego, los vínculos establecidos, de respeto, de convivencia, de entrega, de relación interpersonal, entre otros.

También hay que tener presente la asincronía de la elaboración del mismo, donde puede irse sobrellevando la perdida en momentos diferentes sin que esto implique que la persona fuese más o menos importante para unos que para otros. “No siempre el que más llora es quien está más afligido, ni el que más tranquilo parece es a quien menos le afecta”, todos manifestamos las emociones de formas completamente diferentes y más allá de las frases de cajón, porque en este tipo de situaciones “no hay nada por decir”, lo único que se necesita es un beso, un fuerte abrazo y un hombro para que sea uno quien decida si es momento o no de llorar, o si se deja llevar por el sentimiento del momento.

La vida y la muerte son una realidad”, lo demás debemos construirlo con esmero y disfrutar cada momento que tengamos, viviendo la vida, segundo a segundo. No debemos temerle a la muerte, ella siempre está allí presente como la sombra cuando se interceptan los rayos de luz. Que duro aprendizaje por el que hay que pasar para entender lo que les comparto en este escrito, mas espero que sea una razón para seguir, para continuar, para replantear, renovar y, de ser de su agrado, que lo pongan en práctica.

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Bondadosa, noble y servicial. Excelente persona, excelente hija, excelente vecina, excelente esposa, excelente hermana, excelente amiga, excelente estudiante, excelente trabajadora, excelente profesional… Y, sobre todo: ¡LA MEJOR MAMÁ DEL MUNDO Y UN SER INCONDICIONAL DONDE NO ME ALCANZAN LAS PALABRAS PARA AGRADECERLE A LA VIDA POR ESTE SER TAN MARAVILLOSO! Con resiliencia y fortaleza, hay que seguir: “¡pa’delante, pa’DELANTE, PA’DELANTE siempre!”, como fue su último deseo. Mami: ¡siempre con nosotros!, puro AMOR hasta el infinito y más allá…
Gloria Cecilia Fonnegra Vélez, 18/03/1957 – 22/01/2015

Un abrazo fraternal para todos quienes la conocieron: amigos, compañeros, familia; y especialmente, a mi hermosa abuela, quien perdió una hija; a mi amado padre, quien perdió a su esposa; a mi hermanita, quien también perdió a su mamá. Snif!

La vida y la muerte son una realidad, lo demás debemos construirlo con esmero y disfrutar cada momento que tengamos, viviendo la vida, segundo a segundo. Clic para tuitear

Nota: “Vive” de Napoleón, la tonada que acompaña perfectamente este escrito, era su himno de vida, y así lo fue hasta su deceso.

https://youtu.be/MgZrWSUwMWM

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