La República

Luis Martínez García

Luis Martínez G.
La República con vicios y distanciamiento de la dimensión de los derechos, le da al populismo el discurso perfecto, nada sirve y plantea que hay que derrumbar la institucionalidad. Clic para tuitear
Luis Martínez G.

No hay duda, enfrentamos los mayores retos planteados a una democracia, no solo en nuestro territorio si no en los próximos meses en buena parte de Latinoamérica. Una democracia herida en el tiempo por gobiernos descuidados y como si esto no fuera suficiente, lacerada continuamente por el populismo. Para completar la cereza del helado, una pandemia mundial que amplio las brechas, mutilo economías y por supuesto se llevo a cientos de miles de personas.

El terreno mas apropiado para el populismo sin duda es la necesidad, la mala educación y las ilusiones, siempre será mas fácil vender a quien nada tiene y nada pierde y los discursos tienen la virtud de venderse con facilidad en una sociedad dolida. Todos somos culpables, pero no es el tiempo del juicio, es el tiempo de construir, de luchar y de salvar ya no la democracia herida si no la república, una palabra que vale la pena examinar en detalle en esta nueva etapa de los países latinoamericanos.

La república implica un modelo de instituciones, por lo tanto, implica corregir, mejorar y cambiar, pero mantener la institucionalidad del estado, sus orígenes griegos, la muestran como una solución a los problemas que crecieron con la democracia. En la dimensión de los derechos de la vida, la libertad y la propiedad privada. Como lo menciona Gloria Álvarez Politóloga Guatemalteca, a los anteriores derechos se le suman los derechos a la salud, la educación, una vivienda digna y un trabajo, la lógica nos muestra que para que todos los ciudadanos tengan esos derechos es necesario identificar el modelo para lograrlo y en eso Latinoamérica ha fallado y mientras que eso no cambie, el populismo seguirá ilusionando con promesas imposibles a muchas personas.

Los tres errores encontrados por los griegos a la democracia están claramente definidos, la Monarquía una persona gobierna a todos, la oligarquía un grupo gobierna a todos y la demagogia todos gobiernan a todos, estos errores en su máxima degeneración han parido a los peores gobernantes sobre la humanidad a través de los tiempos, dejando millones de muertos y devastando las intenciones de desarrollo de los países latinoamericanos. Solo la Republica que limita estos errores a través de un modelo donde el monarca se convierte en el poder ejecutivo, la aristocracia que se desenvuelve en el poder legislativo o los parlamentos y la democracia como canal de comunicación entre el estado y quienes lo componen. Este modelo bien desarrollado puede de manera inequívoca garantizar los derechos a los ciudadanos.

La república con vicios y distanciamiento de la dimensión de los derechos, le da al populismo el discurso perfecto, nada sirve, hay que derrumbar la institucionalidad. Frente a este discurso las personas que nunca han tenido lo que necesitan por derecho, depositan de manera ciega su confianza y se prestan para el juego sucio de caer en las promesas imposibles, hasta el punto de pensar en que todo lo que esta no sirve y solo sirven las falacias que se mueven como encantadoras de serpientes con música de alivio y esperanza. Dicho de otra manera, no se trata de la lucha entre la izquierda y la derecha se trata de la guerra entre el populismo y la república.

Sin duda, teniendo claro esto, debemos empezar a trabajar, primero reconociendo nuestros errores del pasado y corrigiéndolos, segundo defendiendo con ahínco las instituciones de la republica y debatiendo la necesidad imperante de proveer de los derechos a los mas necesitados. Este trabajo no solo debe estar en manos del estado, la sociedad entre comillas privilegiada debe salir a las calles a procurar acciones que demuestren la férrea decisión de cambio y el fortalecimiento de la republica y con ella, la vida, la libertad y la propiedad privada como los pilares para una cascada de derechos negados en el tiempo y que hoy se hacen mas visibles después de una pandemia.

Es el tiempo de los colectivos ciudadanos, para rodear la institucionalidad de la república, es el momento del nacimiento de cientos de fundaciones ciudadanas para transferir de manera inmediata las ayudas a los mas necesitados, es el momento para que la sociedad civil procure el acceso a la educación a través de medios tecnológicos que antes eran privilegios de las clases pudientes de los territorios, a los niños, niñas y jóvenes, es el momento de salvar empresarios para que generen empleo, es el momento para dar la mano y mostrar las bondades de la república con una consciencia ciudadana al servicio de los demás.

En el terreno del populismo el discurso es de odio de clases y de promesas imposibles, el terreno de la república es el de las ideas, el de los argumentos, es el terreno de la acción transformadora, no habrá cabida a discursos soñadores y populistas, si los ciudadanos actúan en virtud de la solidaridad y el cambio social. No habrá tierra fértil para el populismo si las instituciones de la república se volcán al desarrollo sostenible. Solo la acción conjunta y cohesionada de la sociedad y la república podrán hacer que este momento nefasto de mentiras, vandalismo, incitación y falsas promesas populistas, pase a la historia como una noche oscura y lamentable. Dando paso a un amanecer repleto de progreso, prosperidad y oportunidades. Colombia vale la pena salvarla, es nuestro país, es nuestra República.

LUIS MARTINEZ GARCIA
Acerca de LUIS MARTINEZ GARCIA 34 Articles
Administrador de empresas, especialista en Gerencia de Mercadeo, Magister en Sistemas de Gestion, Docente universitario y consultor corporativo en la areas de Planeacion Estrategica, Prospectiva, Desarrollo de Productos, Conferencista Nacional e Internacional