La soledad de Hollman

Fabian Mendoza A.

@Fabianmendoza 

La soledad de Hollman Columna de Fabian Mendoza A. Clic para tuitear

En menos de 3 semanas Hollman Morris pasó de ser el pre candidato único por esa utopía sin personería jurídica, denominada «Colombia Humana», a ser el paria de ese raro movimiento político, con votos pero sin formalidad. Ya sabemos la gravedad de los últimos acontecimientos, pero empecemos por algo que tal vez pocos notaron, en su momento.

Todo empezó el pasado domingo 20 de enero, en la marcha de rechazo al terrorismo, convocada por la sociedad civil y el gobierno de Iván Duque.

Como una tromba, con arengas, dando «cátedra de moral» ya cuando todo había terminado, llegaron Mockus, Angélica Lozano, Sergio Fajardo, Robledo (la y el), Claudia López y otros, básicamente haciendo el oso.

Todos los que ya iban de salida en la Plaza, los miraban como bichos raros, pues la marcha absolutamente tranquila y sin presunciones de nadie, se llevó en total orden, pero ellos llegaron irrumpiendo, como abriéndose paso, en donde no había nadie que les impidiera avanzar, para «imponerse».

Me pareció hilarante esa actitud. Allá quedaron tal vez unos 50, aupándose mutuamente. Pero había otra escena  que contrastaba con esa y que llamó mi atención. En el extremo de la plaza por el lado de la Catedral Primada, estaba Hollman Morris, con un grupo pequeño, sosteniendo una pancarta que decía #NoAlTerrorismo. El lema digamos, oficial de la marcha.

Me causó extrañeza, que mientras el «gran combo» de progresistas se encontraba en la mitad de la plaza, megáfono en mano, tratando de ser protagonistas de algo que no tenía protagonismos, en una esquina estaba Morris, casi solo con su pancarta.

Me pareció, como se dice, medio paila; no estaba su mentor, el «gran Lord» que mueve e inspira multitudes de jóvenes, incluidos pareciera, jóvenes vándalos. Ahí estaba el candidato de la «Colombia Humana» en plena Plaza de Bolívar, con otros 4, uniéndose a la marcha, lo cual personalmente valoré.

Pero quienes parecieron no valorarlo fueron sus amigos de cercanía ideológica y menos su mentor, que pudo, con un chasquido de sus dedos, como el archivillano de los cómics de Marvel, Thanos, no destruír, sino enviar una avanzada de jóvenes a respaldar su candidato a la Alcaldía de Bogotá.

A Hollman lo abandonaron. Lo castigaron. Y me parece que la razón fue clara.

A Morris, sus amigos y su líder, no le perdonaron la foto que se tomó con Samuel Hoyos, pre candidato a la Alcaldía de Bogotá por el Centro Democrático, buscando dar un ejemplo de unidad contra el terrorismo, por encima de las diferencias políticas.

Lo castigaron relegándolo, por hacer lo que todo el mundo pedía hacer: olvidarse de los colores y rodear a los familiares de los cadetes cobardemente asesinados.

Lo castigaron relegándolo, por hacer lo que todo el mundo pedía hacer: olvidarse de los colores y rodear a los familiares de los cadetes cobardemente asesinados. Clic para tuitear

Triste y patético me pareció, y eso dejó en evidencia la soberbia enfermiza y virulenta que transpira Petro. Al tomarse la foto con Hoyos, Morris a los ojos de «Lord Pretrosky», como le dicen sus seguidores, Hollman le daba ventaja a su contradictor y por eso lo castigó quitándole su respaldo en esa marcha; de hecho, como es sabido, el Gaitán de Zipa tampoco marchó.

Si Petro marchaba era como si le diera un respaldo a Iván Duque. Claro, en su mente donde prima el resentimiento, no podía pensar en las víctimas. Solo tenía cabeza para sus cálculos políticos.

Así funciona el cerebro del presidente alternativo. Lástima, pensaba yo, con Morris, que hizo lo debido y le costó ser abandonado por los suyos.

Ahora, todo lo que pasó después, solo deja ver la clase de líderes que al final son los, esos sí autoproclamados (como ciertos periodistas le dicen al presidente interino Guaidó) «decentes». El accionar de Morris solo es el ejemplo de cómo es en su interior, esa ideología de izquierda: hipocresía rampante. De a poco se van destapando. De hecho recientemente una de esas figuras progres dijo 3 veces que era «anti-ética». Y yo le creo. Aunque bueno, se puede dejar un pequeño espacio al error que induce la ignorancia.

Las diferentes denuncias que se han venido conociendo de otras mujeres, sólo llegan a respaldar las afirmaciones de su propia ex esposa.

Drogas, sexo, prostitución y maltrato familiar psicológico, a su cónyuge y sus hijos, sería la historia clínica de un desadaptado que deberían estar tratando en un centro de rehabilitación. Pero no, es lo que se conoce del que, a estas alturas, sigue siendo el ventiúnico candidato a la Alcaldía de Bogotá por ese estrambótico grupo político, liderado por Gustavo Petro.

Les toca. No tienen más candidatos. Ya el reemplazo vendría siendo un Pernía o un Bruno Díaz (no se rían), o adherir a Navarro o la López, y esto último, para un egocentrista como Petro, es muchísimo peor.

Para cerrar, por supuesto, me pareció bien chimbo eso de la, vamos a decirlo como es, «puteada» que le metieron a Morris en la marcha que de hecho, afortunadamente se dio antes de sus últimas perlas. Maluco, bien maluco eso, absolutamente innecesario pero bueno, hay que recordar que del otro lado no insultan. Ellos ni siquiera hablan, se van de una vez, contra el que no piensa como ellos, con bomba molotov, sin asco.

Ellos ni siquiera hablan, se van de una vez, contra el que no piensa como ellos, con bomba molotov, sin asco. Clic para tuitear

Y digo cerrar y dejar ahí, porque entonces tendría que hablar de la humillación que vivió el señor Palencia (el apellido real de Morris), cuando le dio por ir a limpiar su nombre, a explicar las cosas y a defenderse de las graves acusaciones de su ex esposa, en el programa de Vicky Dávila. Francamente, a veces, los políticos más mañosos pueden también pecar por inocentes.

Fabian Mendoza Alzate
Acerca de Fabian Mendoza Alzate 10 Articles
Publicista, Máster en Marketing Digital y Comercio Electrónico de la Universidad de Barcelona y la EAE Business School Apasionado por la transformación digital. Escribe en diferentes portales y blogs sobre temas como tecnología, redes sociales o educación, y cuando la ocasión lo amerita, de política.