La vileza del poder mediático y la persecución del pensamiento

Martin Eduardo Botero

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Tres días después del asalto al Capitolio, Twitter bloqueó permanentemente la cuenta privada de Donald Trump en un intento por evitar que el presidente incitara a más violencia. Concordamos en que algunos de los tuits recientes de Trump eran inaceptables. Sin embargo, las opiniones difieren ampliamente en cuanto a si bloquear su cuenta fue sensato y legal. Creemos que se trata de una gran injusticia nunca antes vista. Pues bien, esta situación acarrea desviaciones en el ámbito de aplicación y el alcance de los derechos humanos y de las obligaciones bajo el derecho internacional, especialmente cuando están en juego las libertades fundamentales y la reputación enunciadas en la Constitución. La Constitución de los Estados Unidos provee el derecho de libertad de prensa y la libertad de expresión que representan los pilares fundamentales de una sociedad plural, democrática y libre. Nadie puede negar que en las medidas tomadas exista un problema de censura una restricción o una injerencia de la libertad de expresión que, como poco, no hace honor a nuestras libertades fundamentales y que pasará a los anales de la historia como un ejemplo de persecución del pensamiento político o de cualquier otro perjuicio injustificado grave a la libertad de opinión (transmisión de ideas) como el derecho a la libertad de información (transmisión de datos) en sus dos vertientes, la de informar y la de ser informado, que viola los principios de libertad y pluralismo. Se trata de una situación sin precedentes, peligrosa, carente de sentido e insostenible que podría servir de laboratorio de pruebas para nuevas iniciativas, que coloca un interrogante sobre la propia libertad de expresión y opinión de estas redes sociales y comunidades virtuales y, en cualquier caso, reduce drásticamente los valores de la democracia en el mundo entero, con el consiguiente perjuicio para el funcionamiento de las instituciones y para la gobernanza.  Nos enfrentamos a un claro conflicto de intereses disonante con una democracia importante, moderna, estamos ante un inmenso poder mediático y los medios de comunicación como instrumentos principales de participación, control, tutoría, activismo en las democracias y de gran alcance. La libertad de expresión y el pluralismo informativo no solo pueden ser amenazadas de la política, es decir, del autoritarismo y del populismo, o de la regresión o la negación de la libertad y el pluralismo en el ámbito de la política, sino también del mercado, de su concentración, sus distorsiones, sus abusos. El alcance del poder mediático se ha potenciado de un modo que los juicios mediáticos pueden determinar más el destino de una persona que la decisión de un juez. Dicho sistema de control del libre pensamiento, la libertad y las ideas no es compatible con el debate democrático fundamental. Si dichos medios no emiten todas las opiniones y posiciones, entonces los ciudadanos no tendrán la posibilidad de tomar sus propias decisiones, un aspecto fundamental para la democracia.  Tratar de suprimir la libertad de expresión de un presidente americano, tratar de decir que se trata de una cuestión publica para impedir la violencia y proteger a la población es algo hipócrita que debería avergonzar, no todos los medios son aceptables y apropiados, ya que existe una conciencia pública del valor y la importancia de los derechos democráticos. Me gustaría que mostráramos el mismo respeto por libertad de expresión que por la libertad de prensa, así como lo deberíamos tener a nuestras instituciones democráticas; los derechos fundamentales son fundamentales. Debe garantizarse el derecho a la libertad de expresión, sin presiones ni condiciones por parte de las autoridades gubernamentales, y esto es un bien público que tienen que defenderse, un bien de todos que debemos proteger, en todos los países. Estoy totalmente en contra y por eso protesto “Me gustaría comparar esto con un virus; no tan peligroso como para matar al portador, pero sí para debilitarlo y con capacidad de infectar a otros”.  ¿Qué fuerzas están interviniendo?  ¿Cómo llegan Facebook y Twitter a bloquear a un político que acaba de recibir 74 millones de votos? No se trata sólo de un problema americano, sino también de un grave problema mundial, tendremos ahora que superar las formidables barreras de una nueva proyección global del poder mediático actual que se halla en el ojo del huracán. ¿Por qué lo digo? Pues porque las lejanísimas instancias de Su Majestad el poder mediático y tecnológico al que se le otorga un dominio tan poderoso y férreo del mundo de la información y de la propia democracia, que tiene atemorizada a buena parte de la humanidad, no puede ir censurando a todos aquellos que se le oponen dejan patente que no se toleran las críticas a su sagrado Corán es un gran error y un acto de populismo de forma vertical, prejuicio y falta de honestidad (pongan en práctica dicha valentía en Pekín, Cuba y Teherán). El poder mediático actual y los medios tecnológicos no pueden convertirse en un instrumento político, es decir, en un adversario político directo del presidente para ejercer influencia y presión, pasando por encima de los ciudadanos. Tampoco pueden ser una especie de tribunal de apelación que se encargue de tomar las decisiones que competen a los parlamentos o gobiernos nacionales, o de la conducta de los políticos nacionales, y muchos menos convertirse en una especie de cámara destinada a resolver las diferencias existentes entre los rivales políticos nacionales o el lugar adecuado para intentar dañar la credibilidad de un gobierno que es responsable a nivel político para con sus propios ciudadanos. Uno sospecha que cuando un determinado poder mediático se muestra censurador, pretende convertirse en poder político. Abogar por lo contrario significa desconocer la realidad; que nadie se equivoque. Es nuestro deber intervenir, la necesidad de contar con autoridades de medios de comunicación independientes a escala internacional y nacional, que deberían velar por el respeto del principio de la separación de poderes entre el poder político y el poder de los medios de comunicación, contrarrestar la acumulación de poder económico y de los medios de comunicación y las concentración en manos de unas pocas personas o de algunos mega grupos, que se convierte en poder mediático y, finalmente, en poder político. Todos tenemos que adherirnos a dichos criterios. Sin embargo, sabemos que incluso los grandes países pueden desviarse, que pueden darse confusiones entre los bienes públicos y los intereses privados. Este acalorado debate demuestra que algo está pasando. “Los ciudadanos están alzando su voz, son sensibles a esta cuestión —algo positivo—, porque la libertad de expresión y la existencia de pluralismo en las redes digitales son la clave de nuestra democracia”. Somos personas formadas. Todos tenemos que aprender a enfrentarnos a las diferentes realidades y a crear nuestra propia realidad a partir de todo eso, y la sociedad americana tiene el derecho a hacerlo, y yo defiendo dicho derecho. Lo que está sucediendo en América hace que la democracia del país sea muy vulnerable. Hagamos algo al respecto, algo por la concentración de los medios y las medidas internas destinadas a asegurar el pluralismo de éstos, sería una forma de mantener viva la democracia. No podemos permitir que los Estados Unidos se debiliten. Amen

Nota

El artículo 20 de la Constitución garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios de comunicación masiva. Estos son libres y tienen responsabilidad social. No habrá censura. El artículo 11 la Carta de los derechos humanos fundamentales de la Unión Europea, establece que: «Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo».

Martín Eduardo Botero
Acerca de Martín Eduardo Botero 88 Articles
Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia y España. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor y Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (España). PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de Exteriores italiano y la Unión Europea. Colabora con universidades, institutos de investigación especializados y organismos de la sociedad civil en los programas de cooperación jurídica y judicial internacional. Consultor Jurídico independiente especializado en anticorrupción. Su último libro lleva por título “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.