Las Farc y sus aliados perdieron la vergüenza

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero
No es ni siquiera noticia, cada comparecencia ante la inocua JEP, es una confirmación que se burlan del país ante la anuencia de una justicia desacreditada y salpicada por escandalosos hechos de corrupción. Clic para tuitear
Robert Posada Rosero

Una verdadera polvareda en el campo político y jurídico generó en el país el anuncio de la narcoguerrilla de las Farc de reconocer su presunta autoría en el magnicidio del político conservador y exconstituyente Álvaro Gómez Hurtado, crimen que hasta ahora había sido endilgado a agentes del Estado y miembros del cartel del norte del Valle, que actuarían al servicio del expresidente Ernesto Samper. 

Y no podría ser otra la reacción, pues aunque desde algunos sectores políticos, sociales y hasta periodísticos se celebre con euforia cualquier manifestación pública de las “disidencias” de las Farc en el congreso, lo cierto e irrefutable es que más de seis mil hombres continúan en armas sembrando el terror en su zonas de influencia, que paradójicamente, son las mismas zonas de influencia de cultivos y laboratorios de procesamiento de coca.

Tampoco se puede ignorar que los miembros de este grupo terrorista que hasta ahora han comparecido a la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, se han burlado del país, incumpliendo de paso los generosos acuerdos logrados en La Habana, negando crímenes como el reclutamiento y violación sistemático de menores y utilizando eufemismos como ‘retenciones’ para referirse al abominable crimen del secuestro, revictimizando una y otras vez, a las miles de víctimas.

El otrora jefe de esa guerrilla, Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’ sentenció sin ruborizarse en entrevista al diario El Espectador, “Somos los únicos responsables de su muerte, por favor, que dejen de buscar el ahogado aguas arriba”, abogándose además la tarea de la justicia, sin aportar elementos convincentes de sus afirmaciones. 

Acto seguido, ‘Timo’, quien ahora disfruta de una onerosa pensión de más de 30 millones de pesos como congresista, después de años de matar, secuestrar, extorsionar, despojar tierras y todo tipo de crímenes de lesa humanidad, le pide en tono cariñoso a Álvaro Leyva un doble perdón, “…Por ser los responsables de la muerte del político que tanta devoción le despertó en la vida, y por ese silencio de lustros que, pese a la confianza que siempre nos demostró usted, mantuvimos durante tanto tiempo, primero por conveniencia y finalmente por una paralizante vergüenza”.

Esta afirmación, a uno de los históricos amigos de su causa, es una verdadera vergüenza y una afrenta a la familia de Gómez Hurtado, sus seguidores y al país en general, ya que mentirosamente dice que hoy condenan cualquier acción violenta, mientras brillan por su ausencia las manifestaciones de repudio ante cada asesinato a sangres fría de nuestros policías y soldados.

Sus puestas en escena y sus shows mediáticos pueden calar en una población joven y adoctrinada que desconozca el proceder criminal de quienes hoy se quieren erigir como conciencia ética y moral del país, sin pagar por uno solo de sus crímenes, en un carnaval de impunidad impensable e inamisible en ningún otro rincón del planeta.

No basta con que las disidencias de las Farc en el congreso reconozcan su presunta responsabilidad en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado y los asesinatos de los exguerrilleros Hernando Pizarro Leongómez y José Fedor Rey, el economista Jesús Antonio Bejarano, el general Fernando Landazábal Reyes -exministro de Defensa- y el representante a la Cámara Pablo Emilio Guarín, debe haber un trabajo riguroso de la justicia que permita corroborar o desechar este tardío reconocimiento y lo fines reales que persigue su autoincriminación.

Que alias ‘Timochenko’ y lo demás criminales de las Farc hayan perdido la vergüenza no es ni siquiera noticia, cada comparecencia ante la inocua JEP, es una confirmación que se burlan del país ante la anuencia de una justicia desacreditada y salpicada por escandalosos hechos de corrupción de los magistrados que integran los diferentes altos tribunales.

Cada bochornoso hecho de impunidad auspiciado por la claudicación del tartufo Juan Manuel Santos es una nueva afrenta contra el país, condenándonos a continuar sufriendo el rigor de un conflicto armado que está lejos de solucionarse, como lo demuestra la terrible situación de orden público que se registra en Colombia.  

La tal paz, cacareada por el expresidente Santos y sus cortesanos en la política y lo medios de comunicación, solo está en sus obtusas cabezas, incapaces de salir de la comodidad de sus casas y oficinas en la capital del país, para verificar por sus propios medios cómo las regiones arden en medio de la guerra por el control del narcotráfico y las otras economías ilegales.

De manera que ‘Timo’ puede seguir ordenando desde su cómoda posición en el Congreso y desde los medios, como si aún tuvieran un fusil en su mano, “… que dejen de buscar el ahogado aguas arriba”, pero muchos colombianos seguiremos exigiendo verdadera justicia, verdad, reparación y compromiso real de no repetición, sin aceptar que nos impongan todas la formas de lucha.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 24 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.