Las peligrosas disidencias de Santos

Robert Posada Rosero

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La mermelada que por ocho años sirvió para comprar reconocidos periodistas, también se usó para alinear políticos sin escrúpulos hasta convertirlos en grandes electores, quienes curiosamente hoy también abandonan sus… Clic para tuitear

Robert Posada Rosero

El verdadero y único legado del tartufo de Juan Manuel Santos son las disidencias, una estrategia ideada para atacar la unidad de la sociedad colombiana y fraccionar a la nación con un interés común, llevar a la izquierda radical al poder, el sueño frustrado de Gabriel García Márquez, Orlando Fals Borda, Enrique Santos Calderón, Alfredo Molano, Daniel Samper Pizano, Antonio Caballero, León Valencia, entre otros, y desde el monte las Farc, ELN, EPL, M-19 y demás grupos subversivos.

Por más de cinco décadas utilizaron todas las formas de lucha, con resultados infructuosos, pues cuando más cerca estuvieron apareció en el panorama nacional una muralla de contención que ha sido infranqueable para el avance del Socialismo del siglo XXI, Álvaro Uribe Vélez, un líder que aglutinó el sentir del pueblo colombiano, logrando romper el cerco que se estaba cerrando al punto de convertir a Colombia en una nación fallida.

Los viejos sueños revolucionarios no se resignaron, pese a las bajas de importantes alfiles en la selva, se las ingeniaron para pasar al siguiente nivel, infiltrar en el Corazón del uribismo a un ‘Caballo de Troya’, quien debía romper la resistencia desde adentro, propiciando los escenarios para una narrativa de desprestigio de la institucionalidad, que a su vez permitiera invertir los valores de los colombianos, convirtiendo a los malos en buenos y los buenos en malos.

Mientras Juan Manuel Santos Calderón estuvo al frente del Ministerio de Defensa, con una amplia difusión mediática nacieron los falsos positivos, un supuesto exterminio de jóvenes de barriadas populares sacados de sus hogares para ser presentados como bajas de guerrilleros, escándalo que empezó a socavar la imagen de las Fuerzas Militares, pero que extrañamente nunca lo tocó a él como cabeza de la cartera de Defensa, eso sí le puso freno al ímpetu de la tropa que temerosa se resguardó en los cuarteles ante la nueva amenaza, esta vez judicial y mediática.

El oxígeno que recibieron unas Farc, prácticamente derrotadas, se convirtió en una bocanada de aire fresco con los acuerdos de La Habana; quienes los idearon supieron desde siempre que el oneroso pacto de impunidad terminaría mal, por lo que se aseguraron de dejar unas disidencias, sólo que las mismas estarían en el Congreso y demás instituciones del Estado cogobernando, con ropaje de legalidad.

Para cumplir el objetivo de aniquilar judicialmente a quienes se le opusieron debían crear además una disidencia judicial, la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, tribunal de bolsillo que sería elevado al Olimpo Judicial por la prensa bien pagada con recursos del propio Estado, en contraposición con las demás cortes desprestigiadas en un contubernio de favores ideados desde el propio gobierno de quien firmó el llamado pomposamente, fin del conflicto.

El desprestigio necesario para alentar el caos, la desesperanza y la aparición del mesías de izquierda, el Hugo Chávez colombiano, debía incluir a los grandes medios, a quienes compraron con contratos y pautas millonarias, que, al quedar descubiertos, acabó con la poca credibilidad que tenían; al terminar “revolcándose en el mismo fango de los políticos” y con la llegada de las redes, su influencia ya es cosa del pasado. Solo quedaba crear la disidencia para continuar la labor de construcción de su narrativa, tarea que están haciendo con los Danieles y decenas de portales que replican entre sí las mismas ideas, denuncias y teorías por medio de los nuevos canales virtuales.

La mermelada que por ocho años sirvió para comprar reconocidos periodistas, también se usó para alinear políticos sin escrúpulos hasta convertirlos en grandes electores, quienes curiosamente hoy también abandonan sus huestes para como disidentes llegar al mismo barco de la izquierda radical, con un ingrediente adicional, la creación de la narrativa del asesinato sistemático de líderes sociales, el caballito de batalla que llegó para remplazar los llamados falsos positivos, que dio tan buenos frutos.

Su narrativa se ha impuesto ante la pasividad de una derecha vergonzante que apenas está despertando de un letargo de años, durante los cuales dejó que intelectuales de izquierda asumieran la vocería de lo ‘políticamente correcto’, sumado a la ignorancia e incultura de una sociedad, y particularmente una juventud, que no conoce la historia y no lee, adoctrina por Fecode, portales de dudosa trayectoria y más recientemente por miles de memes mentirosos.

Todos estos grupos, aparentemente independientes, dan la sensación de representar a diferentes franjas del país, cuando en realidad sólo son disidencias estratégicamente creadas para generar caos, confusión y rechazo a todo lo que representa institucionalidad, “una crisis inevitable que ofreciera la posibilidad de llegar al poder”, ese viejo anhelo socialista de los verdaderos ideólogos de las Farc, ELN, EPL, M-19 y demás grupos guerrilleros de Colombia, quienes sueñan con lograr por fin su cometido en el 2022.

 

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 31 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.